Los aficionados a Juego de Tronos recordarán que las mayores amenazas nunca llegaban cuando los personajes estaban preparados para ellas. Mientras los nobles discutían por el Trono de Hierro, celebraban torneos o competían por poder e influencia, al norte del Muro una amenaza mucho mayor avanzaba lentamente. Los caminantes blancos no necesitaban hacer campaña, no necesitaban discursos y tampoco pedían permiso. Simplemente llegaban.
La famosa advertencia de la Casa Stark nunca fue un eslogan pesimista. Winter is Coming era una filosofía de gobierno. Significaba que un buen líder debía prepararse para lo inevitable antes de que ocurriera.
En Galicia podríamos adoptar una versión propia del mensaje: Summer is Coming.
Porque todos sabemos lo que trae consigo. Días de fiesta, romerías, conciertos, turismo y actividad cultural. Pero también monte seco, altas temperaturas y el riesgo constante de incendios forestales. Y aquí aparece una ironía digna de los guionistas de Poniente. Somos extraordinariamente buenos organizando la celebración del verano. Programamos eventos con meses de antelación, contratamos infraestructuras temporales, coordinamos actividades y movilizamos recursos para que todo salga bien.
Pero la pregunta que deberíamos hacernos es sencilla: ¿ponemos el mismo empeño en preparar a quienes tendrán que protegernos cuando las cosas se compliquen?
Jon Snow comprendió algo que muchos de los grandes señores tardaron demasiado en aceptar: las amenazas reales no desaparecen porque decidamos ignorarlas. La naturaleza no negocia.
Por eso la preparación importa. Importan los medios humanos, los vehículos, las infraestructuras y las condiciones laborales de quienes forman parte de los servicios de emergencias.
Pero también importan los voluntarios que limpian senderos, vigilan montes, colaboran en tareas preventivas o dedican horas de su tiempo libre a cuidar aquello que es de todos. Personas que rara vez aparecen en los titulares, pero que representan una de las mayores fortalezas de Galicia: el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Una expresión de amor por el lugar donde vivimos.
Ese es precisamente uno de los valores que durante años se ha intentado promover desde el centro juvenil La Estación: entender que una comunidad no es algo que simplemente utilizamos, sino algo que también debemos cuidar. Que ser vecino implica algo más que compartir un código postal. Implica asumir una pequeña parte de responsabilidad sobre el bienestar común.
Lo curioso de la prevención es que rara vez recibe reconocimiento. Nadie celebra el incendio que no ocurrió. Nadie aplaude el monte que no ardió. Nadie organiza homenajes para la catástrofe que fue evitada gracias a años de trabajo silencioso.
Sin embargo, cuando llegan los problemas, esperamos que nuestros equipos respondan como la Guardia de la Noche en la Batalla de Invernalia: preparados, coordinados y capaces de enfrentarse a cualquier situación.
Por eso, antes de que empiece la época más complicada del año, conviene recordar a bomberos, brigadistas, agentes forestales, voluntarios y servicios de emergencias su labor diaria. Son ellos quienes vigilan nuestro particular Muro mientras el resto disfrutamos del verano.
Porque en Galicia, igual que en Poniente, las amenazas más peligrosas suelen ser las que todos saben que llegarán.
Y como dirían los Stark: Summer is Coming.
Porque la preocupación no es si llegará, es si habremos demostrado, como comunidad, que estamos preparados para defender aquello que amamos.