Carlos Viqueira: «Acumular lo material no tiene sentido. Cuando nos vayamos, se quedará aquí»

El gerente del grupo Madonu dirige una firma que ejecuta a nivel internacional grandes puentes y túneles


redacción / la voz

Carlos Viqueira Nouche, gerente del grupo Madonu, es ingeniero. Estudió en Burgos porque en aquellos momentos no se podía cursar esta carrera en Galicia. Se la pagó con una beca y con lo que sacaba durante las vacaciones de verano trabajando en la empresa de construcción de su tío. Fue un niño feliz, aunque su padre falleció con 47 años y su madre tuvo que tirar para adelante con cuatro hijos. Le apasiona la bicicleta y a sus cincuentaytantos (Ordes, 29 de abril del 66) compite en pruebas de «raid de orientación». La última fue en Extremadura, internacional: «Quedamos de primeros». 

-Se mueve por todo el mundo y con obras de gran envergadura: interminables viaductos, túneles. ¿A ustedes no les da miedo ninguna obra?

-No, nos da miedo porque llevamos muchos años en la construcción. Siempre intentamos mejorar en todos los sistemas constructivos, en la I+D y, fundamental, en el ámbito de la seguridad. Que las obras se localicen en España o en otro lugar del mundo nos da igual. Estamos haciendo obras en Filipinas y con las comunicaciones que hay hoy, en 30 horas estamos allí.

-¿Cómo nació Madonu?

-En el 2004, y de una manera especial. Madonu la conforman dos socios, que eran dos grandes encargados de obra a los que conocía y les sugerí que montasen la empresa. A su vez, trabajaban para la empresa que yo tenía. Hasta el 2015, que decidimos unirnos los tres y tirar para adelante. Mis socios son Nuno Filipe Rodrigues y Manuel Baptista Barbosa. Portugueses, donde tenemos empresa, como en Noruega, Rumanía, Panamá y Filipinas. Hay un holding que las agrupa a todas (unas 10), Universal Madonu. Ellos están en la sede portuguesa, y yo estoy en la española, que está en Ordes.

-Me parece increíble que alguien tenga una empresa dedicada a montar unas grúas gigantescas en el aire y a excavar túneles... ¿tiene vértigo o claustrofobia?

-No, no. Vamos a ver, piensa que yo acabé la carrera en el 89, la mili la hice en el 90 y comencé a trabajar en el 91 en una empresa que era José Castro Martelo, que está en Sigüeiro (grupo Puentes). Son muchos años haciendo distintos tipos de puentes. Después entramos en el mundo de los túneles. Hacer una pila que tenga 40 metros o 125, no tiene más; simplemente es tirar un poco más para arriba. El vértigo lo tienes cuando subes de repente 125 metros. Si vas subiendo poco a poco, no tienes vértigo. Tampoco tengo claustrofobia. Hemos hecho un túnel de ocho kilómetros; otros sin salida, una reparación de un túnel importante en Panamá para un aprovechamiento hidroeléctrico en unas condiciones de trabajo durísimas (estábamos a 35 grados, un 98 % de humedad, metimos ventilación, tuvimos que tener mucho cuidado con la hidratación de los trabajadores)… Hacemos todo lo necesario para tener un ambiente en el que se pueda trabajar y con grandes profesionales, abordamos los hitos que nos marcan..

-Hablando con usted todo parece fácil. ¿Un viaducto se construye empezando en cada uno de los extremos o se va avanzando en el mismo sentido, poco a poco?

-Hay varios tipos de tablero (tablero es la parte superior del viaducto). Tú empiezas haciendo lo que son las cimentaciones, después los pilares y después el tablero. Entonces, si se trata de un sistema constructivo con elementos prefabricados o con autocimbra, empiezas en un extremo y acabas en el otro. Eso normalmente se hace con luces (distancia entre dos pilares) hasta 70 metros. Pero hay viaductos que tenemos luces superiores porque tienes que salvar un río, porque tienes que salvar un valle y te puedes ir a 130, 140 o 150 metros. En estos casos se construyen con un sistema que se llama de voladizos sucesivos. Consiste en lo siguiente: se hace un pilar y sobre él se va construyendo una T. De manera simétrica avanzas hacia la derecha y hacia la izquierda como si fueses construyendo esa T hasta que llegas a la mitad del vano. En el otro pilar haces lo mismo y en la mitad unes los dos tableros que estás ejecutando. Lo normal es comenzar en un estribo (así se llama a la entrada en el viaducto, luego están las zapatas y los pilares) y terminar en el otro.

[Sigue explicándose y recordando una de sus grandes experiencias]

En cuanto a grandes luces, hicimos un puente en Gambia... Fue el primero que se hizo en el país. Tenía un kilómetro de largo y grandes luces para atravesar el río. Este puente ha sido el que más nos ha marcado. No creo que fuese el más difícil, pero sí uno de los más importantes por lo que supuso para la comunidad. Cuando llegamos allí había veces que los ciudadanos tardaban una semana en cruzar el río. Cuando acabamos de ejecutarlo lo cruzaban en cinco minutos. Fue un año y medio de construcción, y veíamos a toda la gente pasar de un lado a otro en ferri. Vimos cómo familias que llevaban un fallecido tenían que esperar una semana al otro lado del río para poder dar reposo a los restos.

-Ustedes cuando van a hacer una obra, ¿llevan a trabajadores de aquí para allí o los contratan allí?

-Ingeniería, encargados, capataces... los llevamos nosotros. Luego siempre intentamos dar trabajo a la gente del país. En Gambia empezamos con el 100 % de personal expatriado y acabamos con un 60 % de trabajadores locales. Intentamos dejar en cada sitio al que vamos parte de los recursos que se generan. Nosotros no creamos una empresa para hacernos millonarios, sino porque nos gusta muchísimo este trabajo. En el caso de África también hemos dado ayudas para hacer huertos, construir depósitos de agua, enviamos medicamentos… Dejar impronta en la vida local lo consideramos básico.

-¿Es filosofía de empresa?

-Sí. Poder ayudar a un niño a tener un futuro mejor es importante para los tres.

-¿Usted ha tenido alguna experiencia que le haya provocado esa necesidad de ayudar a los niños? ¿Pasó una mala infancia?

-Fui un niño superfeliz. Nunca me faltó de nada, pero creo que yo no hice ningún mérito para nacer en esta parte del mundo, y ellos no hicieron nada malo para nacer en esa otra parte. Y si podemos colaborar, para igualarnos un poco... Acumular cosas materiales no tiene ningún sentido. Cuando nuestro paso por este mundo termine, lo material se quedará aquí.

Madonu trabaja hoy en el País Vasco, en Portugal (continuación del Ave de Extremadura a Lisboa) y en el gran puente atirantado de Filipinas, con una longitud de 625 metros y una estructura especialmente complicada.

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