Lo que no se puede llevar a la selectividad

Ni pelo suelto, ni calculadoras programables o gráficas ni relojes inteligentes: la CIUG advierte que los estudiantes que incumplan las normas se arriesgan al cero

Al examen de selectividad hay que acudir con el pelo recogido para comprobar que no se llevan dispositivos en los oídos
Al examen de selectividad hay que acudir con el pelo recogido para comprobar que no se llevan dispositivos en los oídos

Redacción / La Voz

La lista no es muy larga pero sí muy importante: a la selectividad no se puede ir con el pelo largo suelto, ni con relojes inteligentes, ni con teléfonos móviles (ni siquiera apagados), y tampoco se pueden llevar calculadoras programables o gráficas, ningún dispositivo electrónico o los apéndices literarios de los diccionarios de Latín (el diccionario sí está permitido).

Por supuesto, no se pueden llevar escritos, y no solo chuletas, sino papeles pegados a la carcasa de la calculadora o anotaciones en las hojas del diccionario. El objetivo es el mismo: garantizar la igualdad de condiciones en los 11.000 jóvenes que los días 12, 13 y 14 de junio se enfrentarán a la ABAU, el nombre oficial de la selectividad en Galicia.

La CIUG, la comisión interuniversitaria que organiza la prueba y el acceso a la universidad en Galicia, publicó las instrucciones para el examen, que no ofrecen novedades con respecto a otros años: los alumnos deben estar a las nueve en las comisiones delegadas (sedes de las pruebas) que les correspondan según el centro desde el que gestionasen su acceso al examen. En caso de presentarse solo a la fase específica (y siempre que no haya errores en su matrícula) podrán acudir directamente al examen elegido. En cualquier caso, los estudiantes deben llevar su DNI (o un documento de validez similar) y un bolígrafo imborrable (de tinta azul o negra). A partir de ahí pueden añadir cosas como un reloj (analógico) o un botellín de agua, aunque deben saber que los vocales de las comisiones delegadas tienen potestad para exigirles que dejen un material que pueda parecerles sospechoso y que si no lo hacen se arriesgan a ser expulsados y tener un cero en esa prueba. Claro que esto no suele ocurrir, porque los jóvenes llevan demasiados años haciendo exámenes como para no saber su dinámica. 

En lo que hay cambios importantes con respecto a lo habitual es que, una vez comienza cada prueba, nadie puede salir del aula (ni siquiera los profesores de apoyo de los centros)  durante los siguientes treinta minutos. Y que todos los alumnos deben entregar su examen a los responsables de la comisión delegada, incluso aunque lo dejen en blanco: no pueden salir con él en ningún caso ni dejarlo encima de la mesa.

Galicia presume de tener un sistema de seguridad envidiable en la selectividad, ya que la cadena de custodia de los exámenes (antes y después de realizarse) se diseña con mucho cuidado y realmente solo tres personas saben exactamente qué preguntas caerán en la selectividad.

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tamara montero

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No es en el momento en el que uno oye su nombre y se acerca a la puerta del aula con el carné en las manos. Ni cuando nota el tacto de las pegatinas entre sus dedos. Ni al sentarse por primera vez en un aula universitaria. El instante en el que casi 11.500 estudiantes gallegos sabrán hoy que es verdad, que ha llegado el momento, que ya no hay marcha atrás, que por fin arranca la prueba de acceso a la universidad será al escuchar cómo se rasga el precinto de las cajas en las que se guardan los exámenes. Folios que han estado custodiados durante semanas. Todas las medidas de seguridad parecen pocas para evitar pesadillas como la que están viviendo los estudiantes de Extremadura, obligados a repetir las pruebas por una posible filtración.

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