La CIUG prohíbe ir a la selectividad con gorro o el pelo largo y suelto

Los alumnos deberán «manter os pavillóns auditivos despexados» en los exámenes


redacción / la voz

En la selectividad, las orejas, a la vista. Esta es la nueva consigna que los jefes de estudio están dando a los alumnos de segundo de bachillerato y sus familias por toda Galicia. El motivo es que por primera vez el Tribunal Único de la CIUG, el organismo interuniversitario gallego encargado de realizar y corregir la prueba de acceso a la universidad, ha decidido evitar situaciones embarazosas en las aulas y ha seguido la política de otras comunidades autónomas: «Todos os alumnos e alumnas -se puede leer en la circular remitida a los centros- deberán manter os pavillóns auditivos despexados [visibles] para a verificación de que non usan dispositivos auditivos non permitidos». Y es que, aunque parezca mentira, eso de llevar un pinganillo conectado con otra persona que en el exterior va chivando el examen sigue haciéndose.

El vicepresidente de la CIUG y representante de la Universidade da Coruña, Pedro Armas, explicaba ayer que se trata de una medida preventiva para evitar escenas molestas en las aulas: «Si un profesor sospechaba que un alumno determinado estaba siendo ayudado desde el exterior gracias a unos auriculares, tenía que acercarse al joven y pedirle que se retirase el pelo o se quitase el gorro. Esto podía generar cierta tensión en el aula, o molestar al estudiante». Un pelo largo y rizado puede ocultar perfectamente un aparato de escucha, pero teniendo en cuenta que los nervios están a flor de piel, se ha optado por lo que hacen otras comunidades autónomas desde hace años: exigir las orejas despejadas; así será menos invasivo comprobar que nadie copia.

Alguno acabó en el hospital

La precaución que toma este año Galicia para evitar que se copie en selectividad es muy eficaz, pero incluso en otras comunidades autónomas ha habido sorpresas. Estos días en la CIUG se comentaba el caso de algún estudiante que se colocó tan en el interior el auricular que tuvo que acabar en el hospital para que se lo extrajesen. Obviamente, eso no ocurrió en Galicia y Armas espera que no ocurra: «Hay que avisar a los estudiantes de que puede ser peligroso para ellos».

La circular, a centros y familias

Otra de las novedades de este año es que la circular de la CIUG se ha repartido a los colegios y estos se la pueden enviar a las familias. Las instrucciones, hasta ahora, se entregaban a los alumnos el primer día de la prueba, pero normalmente ya en el instituto les alertaban de los principales asuntos que recoge el texto.

El más importante es la prohibición de llevar teléfonos móviles, relojes inteligentes o aparatos electrónicos de cualquier tipo, incluso apagados. Tampoco se pueden usar calculadoras programables, y en la circular de la CIUG se incluyen unas fotos de los modelos permitidos y los que no, aunque aclarando que son ejemplos, y que si un estudiante lleva un modelo diferente pero programable también se le retirará y entonces no se le dejará usar ninguna otra calculadora, ni siquiera las permitidas.

Solo hay tres cosas obligatorias que debe llevar el estudiante al examen: las etiquetas con su identificación para pegar en cada prueba, un carné (DNI, pasaporte, permiso de residencia...) y un bolígrafo o pluma imborrable (solo en azul o negro). Sí está permitido un reloj analógico y una botella de agua.

La segunda lengua extranjera pondera 0,2 en los títulos de Artes, Sociais y Humanidades

Otra de las novedades de este año para la selectividad es la inclusión de la segunda lengua extranjera como materia de ponderación. En ese sentido, destaca que la asignatura valdrá 0,2 en todas las carreras de Humanidades y Artes (menos Belas Artes) y en todas las de Ciencias Sociais y Xurídicas. En cambio, no tendrá ningún valor para las carreras de ciencias, Ciencias da Saúde, Enxeñarías y Arquitectura.

De esta manera se ha resuelto un problema creado con la ABAU, la nueva selectividad nacida de la Lomce, sobre el segundo idioma extranjero. Hasta el curso pasado, un alumno podía elegir cualquiera de los dos idiomas foráneos para examinarse en selectividad. Muchos, por ejemplo, optaban por el segundo porque el refuerzo lo tenían en una academia fuera del centro o en la propia casa, y aunque era su segundo idioma tenían un nivel mayor de comprensión y expresión. Con la Lomce y la ABAU cambiaron las normas y el alumno solo podía examinarse, y de forma obligatoria además, del primer idioma extranjero. El segundo desaparecía de la selectividad.

Debido al malestar que generaba esta decisión, al final se ha permitido el examen del segundo idioma y, como no puede ser en la parte obligatoria, se ha optado por esta solución algo peculiar: vale lo máximo de las asignaturas ponderadas pero solo en las carreras de letras, y eso aunque sea una asignatura específica y no troncal, como el resto.

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