Unas vienen, otras se van

Antonio Sandoval

ESCUELA

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Los movimientos migratorios de las aves traerán, con el próximo cambio de estación, una renovación de las especies que se pueden contemplar en Galicia. Vuelven las golondrinas, se van los petirrojos

07 mar 2012 . Actualizado a las 13:02 h.

Los campos que sobrevuela están demasiado secos. No recuerda una primavera así, de prados tan pardos y ríos tan poco cantarines, sin charcos en vaguadas y caminos que brillen al sol que reina esta mañana. Sabe que está en la última etapa de su largo viaje, a punto de llegar a su verdadero hogar, del que ha estado ausente muchos meses. Tras pasar entre los redondeados montes de una sierra alta, en algunas de cuyas laderas ya comienza a amarillear la flor del tojo, desciende a un amplio valle. Al divisar de lejos una explotación ganadera, se dirige sin dudarlo a ella. Es una golondrina y viene de muy lejos.

Su origen es algún lugar del corazón de África, quizás Nigeria, Camerún, o la República Centroafricana? Busca esos países en un atlas. Verás que están justo al sur del enorme desierto del Sáhara, y que es en ellos donde las sabanas comienzan a dejar sitio a oscuras e impenetrables selvas. Ese parece ser uno de los destinos favoritos en invierno de muchas golondrinas ibéricas. Aunque, ¿quién sabe?, a lo mejor las gallegas vuelan aún más lejos. Por ejemplo, hasta Sudáfrica, que es adonde acuden, por ejemplo, las británicas.

Llegó allí el otoño pasado, primero en un pequeño grupo que incluía a sus hijos y algunas familias de su vecindad y más tarde, a medida que cubría etapas hacia el sur, en bandadas cada vez más grandes. Atravesó el estrecho de Gibraltar con multitud de otras aves migratorias, voló sobre las montañas del Atlas marroquí y, bajo un insoportable calor, atravesó el desierto en unas cuantas jornadas. Tuvo suerte. No se cruzó en su camino ninguna tormenta de arena, que allí llaman simún. Algunos años decenas de miles de pájaros son fatalmente sorprendidos por ese fenómeno meteorológico. Al sur del Sáhara está una amplia región denominada Sahel. En su centro está el lago Chad, tan extenso como poco profundo, y lleno de vida. Es lugar de parada y fonda para muchas de las aves que dejan tras de sí la más extensa aridez africana. Repuestas sus fuerzas, continuó hacia el sur y, como en un safari aéreo, fue observando leones, búfalos, hipopótamos, jirafas, elefantes?

Hoy lo que ve son vacas. Su dueño las ha sacado del establo a que estiren las patas y coman algo de pasto. Las moscas giran y giran en torno a ellas como minúsculos satélites. A su manera, la golondrina es un león con alas. Una infalible cazadora. Se arroja sobre sus presas con decisión. A las moscas no les da tiempo ni a comprender qué ha pasado. ¿Se habrán enterado las vacas de que ella es la primera golondrina que pasa por ese lugar esta primavera? Quien sí se da cuenta es una de las hijas del propietario de la explotación. Está desayunando. Es un sábado, así que ha podido remolonear un poco más en la cama. Contempla a la golondrina unos instantes antes de darse cuenta de que su presencia es toda una noticia. Deja la tostada a medio comer y va a avisar a sus padres: «¡Llegaron las golondrinas!». Toda la familia sale a ver al oscuro y ágil pájaro, que sigue a lo suyo, dando cuenta de más y más moscas. «¡A ver si traen algo de lluvia!», exclama el padre. «¿Es de las nuestras?», pregunta la niña. Todos los años una pareja de estas aves hace su nido en una esquina del interior del establo.

No lo es. Esta es una viajera que todavía tiene unas horas más de vuelo por delante. Un rato más tarde ya se ha marchado.

Las que cada año crían aquí están a punto de llegar. Justo en este momento están pasando sobre el río Guadalquivir. Se han entretenido sobre una orilla a comer mosquitos, pero ya continúan hacia el norte.