Neurociencia y física se unen al abrir paquetes
21 ene 2026 . Actualizado a las 10:52 h.Ahora que ya se ha terminado la Navidad y con ella la apertura de regalos de Papá Noel o los Reyes, es el momento perfecto para recuperar un estudio efectuado por investigadores de psicología y neurociencias de la Universidad John Hopkins publicado en el 2023 por estas mismas fechas y para el que, en palabras de sus autores, «los regalos de Navidad son el perfecto ejemplo en la vida real de nuestro experimento».
¿De qué investigación hablan? De una que demuestra experimentalmente nuestra capacidad para entender o interpretar las acciones epistémicas de otros al verlas. ¿Las acciones qué? Epistémicas. Aquellas que realizamos con el objetivo de averiguar algo que desconocemos. Un esclarecedor ejemplo: introducir la punta del pie en la piscina para averiguar si el agua está fría o no.
Pues bien, los investigadores comprobaron mediante una serie de experimentos que las personas tenemos gran habilidad para inferir lo que pretende averiguar —qué información pretende obtener— otra persona al observarla ejecutar una acción de esa naturaleza durante unos segundos.
Y aquí es donde entran en juego los presentes navideños y la tan extendida práctica de andar por casa buscando a hurtadillas tus regalos y, una vez encontrados, intentar averiguar su contenido sopesándolos y sacudiéndolos —reconoce que tú también lo has hecho en alguna ocasión—. En concreto el estudio se ha centrado en la capacidad que un observador tiene para reconocer dos acciones epistémicas de lo más navideñas: menear un paquete para intentar averiguar la forma y tamaño del contenido. Y agitarlo para determinar cuántos objetos hay dentro —uno, pocos o muchos—. Más aún, el estudio ha constatado que la mayoría de los observadores son capaces de distinguir con notable éxito si el «tramposo» está meneando la caja para conocer la forma del regalo o para conocer el número de objetos que lo integran.
Un talento, el de entender las acciones realizadas por otros al observarlas, que en gran medida se basa en nuestra capacidad para interpretar el contexto de la situación y en nuestros conocimientos y experiencia previa.
Neurociencia y física
Pero tanto o más llamativo es que igualmente somos muy hábiles a la hora de acertar el contenido de un paquete con solo cogerlo y moverlo. Y aquí es donde la neurociencia deja paso a la física.
¿Cómo lo hacemos? Básicamente, a partir de la percepción del peso del objeto, el sonido que produce el contenido al mover la caja y el esfuerzo muscular que requiere moverla de una forma u otra. Al levantar una caja podemos hacernos una idea aproximada de su masa y de su distribución. Explicado de una forma muy simplificada: si la distribución de la masa es uniforme, el esfuerzo que demandará de ambos brazos será el mismo. Si, por el contrario, un extremo concentra más masa que el otro, la caja se desequilibrará y exigirá más esfuerzo de uno de los brazos.
Indicios gracias al sonido
Al mover la caja, el sonido que produce el contenido al impactar con los laterales (y entre sí) nos ofrece indicios sobre el número de objetos y si son más o menos iguales o distintos en tamaño, forma y masa. Y también sobre su textura, solidez y naturaleza (el sonido del cristal al chocar entre sí es de lo más revelador).
Finamente, al mover la caja en uno u otro sentido, de una forma o de otra, podemos estimar la resistencia que ofrece a cambiar de posición, moverse en un sentido y en otro, tumbarse y girar (o, en magnitudes físicas, su masa inercial, momento estático y momento de inercia). Una información que el cerebro integra y procesa para acertar que este año nos toca otra vez un libro o, peor todavía, un pijama y no el smartphone que habíamos pedido.