La Voz recoge hoy las palabras de una iraní que tuvo que huir de su país. La presenta con el nombre ficticio (para que no la reconozcan) de Sara Nazari. Sara nació en la región iraní del Kurdistán. Lleva siete años en Santiago, donde trabaja como investigadora en nanomedicina: es doctora en Química. Tiene 37 años y un hijo de 5, y lleva sin saber nada de su familia desde que empezó la guerra porque el Gobierno iraní cortó internet para impedir que se sepa la verdad sobre lo que allí pasa.
De lo primero que habla es de cómo vivía en su país: «Durante 30 años me dijeron cómo tenía que vestirme, con quién podía hablar, qué podía leer. Las mujeres tenemos que ir siempre tapadas, con miedo, siempre con nuestras vidas vigiladas con la sombra de la represalia. Es un horror, porque ellos te dicen que cumplen un mandato divino». Sara habla con desprecio de la policía moral, porque se inmiscuye en lo más recóndito de la vida de las personas, y no las deja respirar.
Aunque reconoce que Estados Unidos e Israel no tenían legitimidad para empezar la guerra, Sara se pregunta cuál es la solución para liberar al pueblo iraní, sometido por «una clase dirigente despiadada que desprecia y humilla a las mujeres». «¿Qué quieres que te diga de mi país? A mi madre la casaron con 10 años y tuvo un hijo con 13, el primero de siete», recuerda.