Margarita Robles, la ministra leal con la dureza de un carballo

Carlos Peralta
C. Peralta REDACCIÓN / LA VOZ

ESPAÑA

La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una reunión con personal ucraniano que recibe formación en el Toledo Training Coordination Centre.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, en una reunión con personal ucraniano que recibe formación en el Toledo Training Coordination Centre. Ángeles Visdómine | EFE

La leonesa es una de los pocos nombres que se mantiene al frente de un departamento, desde que Sánchez es presidente, en el 2018

20 nov 2023 . Actualizado a las 17:33 h.

Solo 15 diputados del PSOE decidieron romper la disciplina de voto en la investidura exitosa de Mariano Rajoy en el 2016. Uno de ellos fue Margarita Robles (León, 1956), que solo dos años después se convirtió en la tercera mujer que dirigía el Ministerio de Defensa. Lo hará en una nueva legislatura. Está por ver si dejará su acta de diputada, tal como hizo anteriormente para centrarse en su labor al frente de Defensa. La ministra con mejor valoración de los ciudadanos —el CIS la situó en lo alto de este podio en noviembre, con 5,16 puntos— sobrevive a un nuevo cambio de nombres de el Consejo de Ministros. Solo resisten 12 políticos desde el primer Ejecutivo de Pedro Sánchez.

«Mi lealtad está fuera de toda duda», dijo a El Mundo en el 2020. Ese año, el presidente del Gobierno la incluyó en el Comité de Gestión Técnica del coronavirus y también apostó por ella como ministra provisional de Exteriores, cuando Josep Borrell pasó a ser el jefe de la diplomacia de la Unión Europea.

Margarita Robles fue una pionera en la carrera judicial. Fue la primera mujer que presidió una Audiencia Provincial (Barcelona) y, hasta que decidió volver a la política, era magistrada del Tribunal Supremo. Antes de escalar a esta instancia, fue primero subsecretaria de Justicia y después secretaria de Estado del Interior en el último Gobierno de Felipe González, en el llamado macroministerio de Interior y Justicia que encabezaba Juan Alberto Belloch. Años «intensos, duros y difíciles», tal como reconoció Robles al término de esta etapa, en la que lidió con la profunda huella de los GAL.

De su etapa en la Audiencia Provincial afloró una polémica en junio de este año. El Tribunal Supremo anuló, 30 años después, la pena a Ahmed Tommouhi, que pasó 15 años en prisión tras ser condenado por violación. Robles estaba al frente de este juicio, que se basó en una rueda de reconocimiento y no esperó a conocer el resultado de unos análisis del semen que encontraron en la ropa de la víctima y que, a la postre, demostraron la inocencia de Tommouhi.

El eco de este error no tuvo la resonancia de la gran crisis que atajó la ministra de Defensa con el caso Pegasus, todavía en los tribunales. De hecho, el julio el juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional, confirmó que a través de este sistema de espionaje (Pegasus) se extrajeron dos gigas y medio del móvil del presidente del Gobierno y de tres de sus ministros, entre ellos el de la política leonesa.

Esta aplicación, de origen israelí, también fue utilizada presuntamente por el Centro Nacional de Inteligencia para espiar a políticos independentistas, según desveló una investigación de The New Yorker. La trama provocó una de las grandes grietas de la pasada legislatura entre el Gobierno de coalición y ERC. La abstención de los republicanos fue esencial para investir a Pedro Sánchez en el 2020. En octubre, El Juzgado de Instrucción 29 de Barcelona reabrió este caso e imputó a la exdirectora general del CNI, Paz Esteban.

Roces con los independentistas

«Robles representa a una parte del PSOE; el PSOE más conservador y más rancio y caoba», remarcó Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso. Días antes, Margarita Robles defendió —en una respuesta a la CUP en el Congreso— la gestión del CNI, que volvió a depender de su departamento en el 2018, cuando Robles asumió el cargo de ministra: «¿Qué tiene que hacer un Estado cuando alguien declara la independencia?». Entre la defensa de Margarita Robles y las acusaciones de Rufián, la ministra cesó a Paz Esteban, primera mujer al frente d este organismo y que fue nombrada por la propia Robles, y situó a Esperanza Casteleiro al frente del CNI. Una persona de su máxima confianza, ya que anteriormente era secretaria de Estado de Defensa, y con 35 años de trayectoria en el servicio secreto español.

La titular de Defensa también vivió desencuentros con los socios del Gobierno de coalición, de Unidas Podemos, que criticaron con vehemencia el aumento en el presupuesto de su ministerio —aumentó un 26 % en este ejercicio, lo que supone un 1,2 % del PIB nacional, en previsión de llegar a l2 % en 2029 que exige la OTAN— o su decidido apoyo a Ucrania. De hecho, Robles recibió en agosto la distinción de honor del Ministerio de Defensa ucraniano.

Su gestión también implicó al ministerio en otros asuntos, como la cesión de suelo pertenecientes a Defensa para la construcción de 20.000 viviendas públicas y puso a disposición de las comunidades autónomas a cerca de 11.000 militares, según anunció el Ejecutivo, para apoyar los dispositivos de vacunación contra el covid 19. Otros 1.500 efectivos ayudaron a paliar los efectos de la borrasca Filomena y más de mil acudieron a La Palma tras la erupción volcánica del 2021.

Ley de Información Clasificada

De cara a esta nueva etapa, Margarita Robles tendrá que encallar definitivamente la reforma de la ley de Información Clasificada. La tramitación quedó en suspenso, ya que para cuando el Consejo General del Poder Judicial validó el informe de anteproyecto ya era 30 de marzo. Es decir, un día después de que Pedro Sánchez convocara elecciones generales. También seguirá siendo una voz relevante en lo referido al conflicto entre Israel y Palestina. En octubre remarcó que la respuesta israelí debe ser «dentro del derecho constitucional».