Fàtima Ofkir, la joven liberada en Omán, siente que la vida le ha brindado una «segunda oportunidad»

Cristian Reino BARCELONA / COLPISA

ESPAÑA

EUROPA PRESS

La catalana asegura que ha aprendido la lección y se conjura para que el «infierno» que ha vivido le sirva para ayudar a los demás

01 abr 2025 . Actualizado a las 15:26 h.

La catalana Fàtima Ofkir tiene 25 años. Ha estado siete en una prisión de Omán, condenada a cadena perpetua. Se ha beneficiado de la amnistía que concede el sultán de Omán con motivo del Ramadán. El domingo regresó a Hospitalet de Llobregat, la ciudad barcelonesa donde ha vivido siempre. Ofkir siente que la vida le ha brindado una «segunda oportunidad», que no está dispuesta a dejar pasar. «He aprendido la lección y aprovecharé esta segunda oportunidad», ha afirmado este martes entre lágrimas en la sede del Colegio de abogados de Barcelona.

En el 2018, viajó a Omán, alentada por un grupo de amigos. Tenía que hacer una entrega, una mochila: «Dinero fácil», según ha admitido. En una redada, la policía omaní le aprehendió siete kilos de morfina en la habitación del hotel. Fue juzgada y condenada a cadena perpetua por tráfico de drogas, «un error de juventud», según ha descrito, por creer en «promesas vacías de los que se hacían llamar amigos». «Dedicaré toda mi vida a explicar a los jóvenes que no se fíen de los falsos amigos», ha señalado.

Una abogada de Barcelona, Mónica Santiago, del despacho Vosseler, asumió su caso de forma gratuita. Le han ayudado también con gestiones diplomáticas el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y los exministros de Exteriores, José Manuel García Margallo y Miguel Ángel Moratinos, entre otros. También el empresario Antonio Sagnier o el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón.

«No desaprovecharé esta segunda oportunidad de vivir y con ella haré un servicio a la sociedad», ha asegurado este martes en rueda de prensa. Sus primeras palabras, ya libre y en España, han sido para agradecer a todos los que de alguna manera han aportado su «grano de arena» para que pudiera abandonar la prisión de mujeres. Su planes pasan por estudiar Derecho, como la abogada que tanto la ha ayudado, y empezar una nueva vida, ya que se siente una persona distinta, totalmente «transformada».

La experiencia en prisión ha sido muy dura, un auténtico «infierno», según ha descrito. La «soledad» y el «miedo» eran sus compañeros de celda. Pero cree que todo el mundo merece la posibilidad de rehacer su vida. «He comprendido el daño que me he causado y no desaprovecharé esta segunda oportunidad», ha reiterado. Ha aprendido la lección y quiere servir de ejemplo y ayudar a jóvenes que se encuentren perdidos, como considera que estaba ella antes de viajar a Omán. Estaba «en una situación muy complicada», rodeada de «malas influencias», ha reconocido. «Quería comerme el mundo y solo he comido pan de Omán», ha rematado.

Tenía que entregar una mochila. En el hotel la abrió y pensó que eran explosivos. Se asustó. Llamó a quien la había implicado para decirle que no quería seguir adelante. Pero ya estaba metida de lleno. La policía la detuvo en la habitación.