














En el patrimonio coruñés brillan con luz propia los enclaves que lo unen a la mejor literatura
14 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En una ocasión, Torrente Ballester, salió a dar un paseo con Ángel Basanta, cuando inesperadamente los rodeó la niebla. Todo cuanto los envolvía, desapareció. Y entonces dijo Torrente: «Los gallegos, como no vemos el mundo, tenemos que inventarlo». Basanta, gallego también y vicepresidente de la Asociación Internacional de Críticos Literarios, recuerda ahora aquella anécdota y hace suyas esas palabras. Y al tiempo que reivindica la capacidad de la literatura para adivinar, o al menos intuir, la esencia del mundo, afirma que «nunha conversa, o máis intelixente é o que escoita, porque é o único que aprende, pois o que máis fala, todo canto dixo, xa o sabía».
A Coruña es una provincia repleta de paisajes literarios, y en su patrimonio brillan los enclaves que la unen a la mejor literatura. Cosa que quizás importe tener especialmente en cuenta estos días de verano, que tanto invitan al paseo, quizás con un libro en la mano. Los ejemplos, bien lo sabe Dios, podrían ser innumerables. Pero vayan ahora siete, número que se corresponde con el de los días de la semana: el valle de Serantes, en el que Torrente pasó las horas de infancia que después le inspirarían obras como Dafne y ensueños; la Compostela de tantas caminatas de Valle; la Costa da Morte, escenario de largas estancias de Juan Benet; la Cidade Vella coruñesa, siempre unida a la memoria de la condesa de Pardo Bazán; el Padrón de Camilo José Cela; la Ortigueira a la que tan unida estuvo Elena Quiroga; y, cómo no, San Andrés de Teixido, a donde Otero Pedrayo peregrinó, caminando, desde Ourense.