


















El pequeño ayuntamiento celebró la séptima edición de una feria escaparate de productos artesanos: la asistencia fue multitudinaria
31 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Pilar Lago nació en Lamas (San Sadurniño), pero tuvo que emigrar a Suiza para trabajar. Como tantos y tantos gallegos... Ahora, ya jubilada, está de vuelta en su tierra, aunque viaja constantemente al pequeño país alpino pues allí siguen sus hijos. De su vida en el extranjero echa de menos el gruyer, un queso suizo que le sigue encantando y que este domingo pudo comprar en la Feira do Queixo de Moeche. «Está riquísimo», confiesa sonriente. A su lado, Isabel Bolaño, una bilbaína que lleva medio siglo viviendo en Narón: «Yo compré pan de centeno con pasas y nueces, el queso me encanta, pero no lo puedo comer». Las amigas confiesan que no se pierden ni una feria de Moeche: «Venimos siempre, un poco por pasear y siempre se compra algo».
No son ni las doce del mediodía y Pilar e Isabel abandonan el recinto ferial: «Ya no se puede ni andar» de la gente que hay. Así es. No cabe un alfiler en las dos carpas enormes habilitadas por el Concello para albergar los puestos de queso y de otros productos artesanos y resulta complicado pararse a fisgar.
Hay una tercera carpa donde se desarrollan los talleres infantiles para aprender a hacer queso. Allí se encuentra una expedición de quince naroneses que han viajado a Moeche en el Tren do Queixo, un servicio especial desde Ferrol fletado para la ocasión que llegó a su destino en 35 minutos (sin paradas). «Venía gente de pie» relata Rosalía Piñeiro. Esta vecina de O Val explica que «es la primera vez que venimos, tenemos niños pequeños y nos dijeron que había un tren especial». Y allí se plantaron, con la intención de comprar algún producto artesano y pasar el día en la feria: «Inscribimos a los niños en los talleres para hacer queso, daremos una vuelta, comeremos por aquí y tenemos el regreso programado en tren también».
En la carpa que acoge el producto protagonista de la feria hay 37 puestos, pero tres son de panaderías. En la de Santa Cruz de Moeche no dan abasto, las empanadas, las bollas y el pan vuelan. Hay hambre. También están las maravillas artesanas de Lolas da Cascarilla (bisutería incluida) elaboradas con hojas de maíz en San Sadurniño.
Seis queserías de Moeche, As Pontes, San Sadurniño y A Capela dejan bien alto el pabellón de la comarca. Comparten feria con otras fábricas gallegas, también de Asturias, Cantabria, León o Badajoz y hasta una de Francia.
Nada más entrar en la carpa, los visitantes se topan de frente con un puesto enorme con los quesos de Moeche. Presentación no necesitan. «É unha marca moi coñecida, levamos moitos anos nas feiras e esta é unha das máis importantes, e véndese moi ben porque moita xente vai máis polo coñecido que por sabores novos», explica la dependienta. «Temos semicurado, ecolóxico e un novo moi cremoso que se está vendendo moi ben», añade.
Al lado de Lolas da Cascarilla están Luis Sanjurjo y su familia, que elaboran queso fresco y requesón de Bardaos (San Sadurniño) con la leche cruda de sus propias vacas desde hace quince años. Mientras atiende a los numerosos compradores, Luis explica que han decidido bajar el ritmo de producción y venta desde hace unos meses. Antes repartían en más de cuarenta tiendas por toda la comarca, ahora se han quedado con cinco (entre ellas, la Tienda de Erika en la calle Magdalena y algunos puestos de la plaza de abastos de Ferrol). Sanjurjo aclara que no es que les vaya mal el negocio. Todo empezó cuando una trabajadora enfermó y, a partir de ahí, decidieron replegar. «Falta xente e vamos cansados, tampouco temos a necesidade que tivemos e o noso son as feiras e os mercados, vamos os martes a Ares, os xoves a Mugardos, os venres a Cariño, os sábados aquí, ao mercado de Moeche, así fabricamos tres ou catro días á semana dende principios de ano», aclara.
El queso gruyer que le recuerda a Pilar Lago sus tiempos como emigrante en Suiza lo pudo comprar en el puesto de un centro de maduración de quesos de Vigo: «Los traemos de los Alpes y los Pirineos franceses, italianos y suizos que seleccionamos en origen bajo criterios de agrosostenibilidad, es decir, la leche es propia y el ganado pasta en libertad». Esta empresa acude a la feria desde la primera edición: «Nos encanta venir a Moeche».
El queso es el protagonista, pero el certamen es escaparate para otros productos artesanos, muchos de ellos elaborados en la comarca. Como las galletas Maruxas de Nata, fabricadas en San Sadurniño. O las conservas vegetales Ay Carmen, de tomate confitado o delicia de pimiento cultivado en Pantín (Valdoviño). Las elabora Carmen Caínzos con sus manos y con los productos que ella misma cultiva. Forma parte del centro de transformación A Fusquenlla, de Moeche, «un centro colaborativo en el que hay distintos grupos de autoconsumo y otros que hacemos para venta» promovido por los concellos de Moeche, San Sadurniño, Cerdido y Valdoviño, a los que se han sumado ahora Narón y Cedeira, explica. Son 42 pequeños productores. Además de Ay Carmen, A Fusquenlla ha alumbrado otras dos marcas: Lúa de Dexo y Bieiteiras de As Pontes.
En Moeche también se promociona la miel Abella Amiga, elaborada en San Sadurniño por Roberto Muíño. «La vendemos en casa y en algunas tiendas de la zona», aclara.
Sidra artesanal de la bodega Don Pedro Leivas de Riotorto, zumos de arándanos y setas de Vegadeo... Moeche es una caja de sorpresas...