El suministro de la fortuna

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M.MORALEJO

Antonina González abrió hace 45 años en un portal de Urzaiz la administración en la que la relevó su hija. En el 2007 repartieron más de 9 millones en el barrio de O Calvario

08 jun 2014 . Actualizado a las 11:28 h.

Antiguamente, en la concesión de despachos de Loterías y Apuestas del Estado tenían prioridad las viudas. A los 20 años, y con un hijo de 3, María Antonina González Sanjurjo alcanzó ese estado civil cuando su marido, militar, falleció en un accidente. Así llegó a regentar la administración número 10 de Vigo, que tuvo su primera ubicación en un minúsculo portal en el número 160 de Urzaiz. Eran aún tiempos en los que el proceso era más artesanal, requería de sellado, las copias eran en papel de calco y la lotería y las quinielas eran todo lo que se sorteaba. La viguesa se casó de nuevo y la segunda de sus cuatro hijos, Raquel, fue la que finalmente la relevó para seguir manteniendo el negocio familiar. Quizás fueron los astros, ya que el despacho fue bautizado como sagitario y ambas lo son.

En 1992 se trasladaron a la calle Cruz Blanca y al poco tiempo se sumó a la empresa ocupándose de las mismas tareas que su progenitora, dedicada sobre todo a la contabilidad, reservas y gestión en general. «Yo no suelo estar cara al público y ella tampoco lo estaba, por eso mucha gente de quien se acuerda es de una tía suya, María Jesús Sanjurjo, que era la que despachaba», cuenta. Ahora ocurre lo mismo y las empleadas Susana y Mariví son las que están detrás del mostrador que pronto volverá a darse un garbeo por la zona, ya que se trasladan al lado del Mercado de O Calvario en cuanto finalicen las obras de reforma del local que ocupaba La Ganga.

Raquel estudió Bellas Artes y parecía que seguiría los pasos de su padre, el escultor Xuxo Vázquez, que tiene obra pública en medio mundo, de China a Estados Unidos. Pero al final ella decidió dedicarse al reparto de suerte, en vista de la precariedad laboral de un sector en el que se especializó en diseño audiovisual y llegó a hacer decorados para varias series de la TVG. «La tarea estaba difícil, porque estando mi madre tocaron muchos premios», pero le dejó uno excelente antes de pasar el testigo, ya que en el 2007 cayó allí el quinto premio de la Lotería de Navidad y una lluvia de más de nueve millones de euros inundó todo O Calvario. Exactamente fueron 9.250.000 euros. «Es que lo vendimos todo y además se repartió por todo el barrio en participaciones que tenía la sucursal de Caixanova», recuerda. «ya sé que eso de que nos encanta repartir alegría es un tópico, pero es verdad. Cuando pasa algo así todo el mundo está contento. Parece un musical y se crea un momento muy especial», asegura.

La magia de repartir suerte cambió mucho desde los tiempos de su madre, con la llegada de la informatización del sistema y la diversificación de los productos del azar, pero hay cosas que permanecen inmutables.

Por ejemplo, los números que la clientela prefiere, que siguen siendo el 13, el 15 y el 69. O que los aficionados a las quinielas sigan siendo los más «profesionales», los que prefieren cubrirlas a mano y se fían más del instinto que de la ventura. O que los abonos a ciertos números pasen de generación en generación. O que la muerte no impida seguir creyendo en la fortuna y haya gente que siga jugando a la loto con los números favoritos de sus parientes fallecidos. Otros se llevan las manos a la cabeza cuando llegan con la papeleta destrozada por la lavadora o la plancha. «A veces se salvan. Se envían a Madrid a analizar un departamento que es como el CSI», cuenta.

Raquel tiene un hijo de año y medio y es un poco pronto para saber si encarnará a la tercera generación. pero bueno, el niño es es escorpio...