PortAmérica traslada a la pantalla «esa maldita felicidad»

Un documental recupera en una «road movie» la historia de los artistas y los chefs que han acudido al festival a lo largo de los años


Desvela el chef mexicano Roberto Ruiz de dónde viene la frase «esa maldita felicidad» que el festival Portamérica ha venido utilizando como eslogan en los últimos años. Figura en la etiqueta de una botella de mezcal, con la que el propio Ruiz agasaja a sus compañeros de fogones en una suerte de ritual con el que los chefs cierran cada jornada del showrocking portamericano.

Es solo una de las muchas curiosidades que se revelan con desbordante pasión en el recién estrenado documental PortAmérica. Esa maldita felicidad, en el que su director, Alberto Baamonde, y la productora Esmerarte han empleado más de dos años de rodaje en más de una decena de localizaciones de España y Latinoamérica.

El documental ha sido atinadamente definido como una «road movie de cocineros y músicos con destino final en un paraje único: la carballeira de Caldas de Reis».

Una road movie narrada a modo de historia coral protagonizada por los artistas y chefs que a lo largo de todos estos años han acudido al festival, así como por las personas que lo crearon y modelaron. El documental es, al tiempo, un recorrido por la propia historia de PortAmérica. Una historia de superación y resiliencia. Desde la planificación de este viaje iniciado en Nigrán en plena crisis (2012) hasta la consecución de un evento sostenible y adelantado a su tiempo. «Los inicios en Nigrán, la evolución y dificultades de los primeros años o el traslado a Caldas de Reis muestran que no ha sido un camino fácil hasta la ansiada y 'maldita' felicidad'», apuntan desde Esmerarte.

Es una idea en la que incide otro de los participantes en el documental. «Cuando nació PortAmérica programar música alternativa latinoamericana en Galicia era poco menos que una locura y lo más digno que podías aspirar a comer en un festival de música era un buen kebab».

Entre quienes prestan apasionado y vibrante testimonio sobre sus vivencias en el festival figuran ilustres nombres de la cocina de los dos lados del Atlántico, como Andoni Luis Aduriz, Diego Guerrero, Maca de Castro, Begoña Rodrigo o el chileno Christian Bravo. Amén, por supuesto, de Pepe Solla, el visionario a quien un buen día se le ocurrió la «descabellada» idea de que la cocina creativa y de autor podría tener cabida en un festival musical.

No menos apasionados resultan los testimonios recogidos entre los músicos. Por la pantalla van asomando Pucho (Vetusta Morla), Xoel López, Amaral, Iván Ferreiro, Amaia, Carlos Sadness, Miss Bolivia o el ganador de 21 Grammys, Eduardo Cabra (Calle 13). Todos ellos subyugados por las singularidades del festival caldense, perfectamente recogidas y plasmadas en los 60 minutos de película. Y es que Esa maldita felicidad no se limita a narrar o a testimoniar, sino que se sumerge de lleno en el ambiente del festival, provocando que el espectador participe intensamente de su esencia hasta el punto de tener la sensación de estar viviéndolo o reviviéndolo.

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