Dani Fernández, el artista revelación del 2025: «Me cambió la vida el 'Más' de Alejandro Sanz»
FUGAS

Arrasa allí donde va. Agotó en minutos las entradas para A Coruña, donde actúa este sábado. Este año volverá a actuar en Galicia en cuatro grandes festivales
21 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Da igual el Coliseum de A Coruña (donde actúa mañana) que el Wizink de Madrid o el Palau Sant Jordi, en Barcelona. El nombre de Dani Fernández (Alcázar de San Juan, 33 años) va indeleblemente asociado a la etiqueta de sold out. Y no es fácil en este país sobreponerse a un pasado como el suyo, en una boy band de éxito. Pero ahí está. A base de honestidad y empatía se ha convertido en un fenómeno transversal que incluso trasciende géneros. Ha sido precisamente su tercer álbum, La jauría, en el que endurece las guitarras y afila las emociones, el que lo ha catapultado a lo más alto. «No deja de ser curioso lo que me está pasando con este disco, sobre todo porque ha sido el que más me costó escribir. Seguramente por presión propia. Porque yo me metí en la cabeza que era el disco más importante de mi carrera y que era ahora cuando tenía que demostrar las cosas. Así que ver el recibimiento de la gente y en lo que se ha convertido, me hace muy feliz».
—Sin embargo he leído una entrevista en la que decías: «Soy un poco menos feliz de lo que era con menos fama».
—No es que sea menos feliz. No sé muy bien cómo explicarlo... A medida que pasa el tiempo y vas viviendo cosas por segunda vez, como que no te hacen tanta ilusión. Y eso es una mierda, pero es la realidad. En este punto de mi carrera todo el mundo siente que yo debería estar superfeliz porque «¡buah! todo esto que te está pasando es increíble». Y yo digo: «Sí, es una locura, pero no soy más feliz ahora que tengo más éxito, que vendo más discos y me escucha más gente». A mí no me hace más feliz meter ahora a 8.000 personas en A Coruña que cuando actué en la sala Inn, me subí a la barra y me puse a cantar. Es que a mí encantaba mi vida. A veces incluso pienso que me gustaría montar una banda con mis amigos en la que no aparezca mi nombre. Porque me molaría volver otra vez a sentir cosas por primera vez. Volver a tener un primer disco o volver a hacer recintos de 100 o 200 personas.
—¿Has tenido que hacer las paces con tu pasado?
—Sí, sí. Cuando yo dejé Auryn estaba en un punto en el que me estaba arruinando. A nivel económico y a nivel personal. Así que en aquel momento yo rechazaba totalmente mi pasado. No quería oír hablar del grupo, ni hacer entrevistas en las que me preguntaran sobre eso. Yo tuve que pasar mi duelo, por supuesto. Tuve que hacer las paces conmigo y convencerme de que, vale, igual hice cosas de las que me arrepiento o que debía haber hecho de otra manera, pero es que tenía que encontrarme a mí mismo. Luego, cuando empecé a hacer mi disco, salió, empecé a hacer conciertos y vi que que la gente venía a verme, asumí que es que yo no maté a nadie por estar en Auryn y me perdoné a mí mismo. Dije: «Aquello que fuiste, también fuiste tú y no tienes que tener miedo a contarlo porque ahora estás en otro punto y vas a hacer otras cosas porque en este momento ves la vida y la música de otra forma».
—Y decidiste cambiar de estilo y de registro, ¿por qué?
—No es que decidiera cambiar de estilo. Yo siempre he escuchado rock e indie. Cuando estaba con Auryn ya hablaba, por ejemplo, de Supersubmarina o de Leiva. Pero cuando tenía 18 años mi principal ambición era dedicarme a la música y cuando me llegó la oportunidad de estar en Auryn no la quise desaprovechar. Luego me fui dando cuenta de que aquel no era mi sitio. Y es ahora cuando he encontrado mi estilo y mi lugar. Pero, como todo en la vida, ha sido resultado de una búsqueda. Vas pasando por diferentes etapas y te vas buscando hasta que das con tus gustos y con tu espacio. Entonces, no es que yo cambiara de estilo como tal, sino que fui evolucionando y encontrando el sitio donde quería estar. Por eso ahora cuando me preguntan que si volvería a Auryn, siempre digo que eso no va a pasar nunca porque tengo muy claro donde quiero estar y me gusta estar donde estoy ahora.
—En todo caso, tus dos primeros discos se orientaban al pop y en este tercero has basculado más hacia el rock.
—Yo siempre he defendido que pop y rock son compatibles. Y me siento cómodo en ambos. Yo sé que mucha gente que va a verme a festivales tira más hacia el indie y el rock, pero yo tengo que ser honesto con lo que me gusta escribir. Y cuando algunas canciones me salen más hacia la radio, tampoco quiero desaprovechar ese punto.

—Aunque lo más escuchado en «streaming» sigue siendo lo urbano, hay una nueva generación que está revitalizando la escena rock española.
—Es muy importante saber distinguir la música en directo y la música consumible en casa. El rock nunca morirá porque siempre quedará gente a la que le guste tocar un instrumento y ver a alguien disfrutando cuando toca un instrumento. A mí me flipan bandas como Carolina Durante o Sexy Zebras y para mí son referentes. Y sé que mucha gente pensará: «Pero si Dani está en otro punto, Dani hace el Wizink». Pero yo sigo yendo a conciertos de grupos de guitarras. El lunes, sin ir más lejos, estuve viendo a Franz Ferdinand en la Riviera. En la música urbana, aunque también hagan conciertos, es totalmente distinto. El otro día vi vídeos de Quevedo en el Wizink y ya la puesta en escena es totalmente diferente. Sin ningún músico en el escenario. Yo creo que hay que diferenciar la música en la que una banda está haciendo cosas en directo y ese otro tipo de músicas que lo petan en las listas y que suenan en las discotecas. Sin menospreciarlas, pero es otro rollo.
—«Ponerse intensito ahora es lo más fácil», te he escuchado decir.
—Más que intensito, yo le llamo ponerse auténtico. Para mí, las canciones más difíciles de hacer son las de radio, las aparentemente más sencillas. Sin embargo, cuando me ponía auténtico y hacía las melodías más extrañas, me salían rápido. Lo que ocurre es que cuando te pones tan personal, te estás cerrando al público. Recuerdo que mi productor, Tato Latorre, me decía: «Dani, es que te empeñas en hacer canciones para escuchar tú solo. Y las canciones no son para ti, son para la gente».
—Hace unos días, Santi Carrillo, director de Rockdelux, calificó de «pseudoindie» y «grupos horrorosos» a bandas como Viva Suecia o Arde Bogotá. Tú que has colaborado con ambas, ¿qué tienes que decir sobre la cuestión?
—Nunca me ha gustado ir de sabelotodo, así que yo no soy quién para decir qué es horroroso y qué no lo es. Me da pena que una persona tan influyente en el mundo de la música sea capaz de catalogar como horrorosos a grupos que llegan tanto a la gente, como Viva Suecia y Arde Bogotá. A mí nunca me ha gustado la gente que se olvida de que la música es para todo el público y no para un determinado sector en concreto. En fin, si él opina eso, está en su derecho pero mí me parece fuera de lugar.
—¿Eres o has sido mitómano?
—Me considero más melómano que mitómano. Nunca he sido muy de tener mitos. La música me enamoró como tal. Recuerdo que la primera vez que yo sentí que la música me cambiaba la vida fue, quizá te sorprenda, con el disco Más de Alejandro Sanz. Por aquel entonces me gustaba una chavallilla y de repente empecé a escuchar una canción de ese disco que me recordaba exactamente lo que a mí me estaba pasando. Y dije «¡uy!, ¿qué es esto?».
—¿Supersubmarina ha sido quizá para ti lo que más se ha acercado al mito?
—Yo solo pude ver a Supersubmarina una vez, en Cartagena. Y después, cada vez que escuchaba una canción suya decía: «Es que esto no voy a volver a escucharlo en directo». Sí, Supersubmarina es una de las pocas bandas de las que me sigo poniendo los discos y me siguen gustando como la primera vez. Con el paso del tiempo hay bandas y artistas que vas dejando atrás porque van saliendo cosas nuevas. Pero Supersubmarina para mí son recurrentes. Igual que Leiva o Iván Ferreiro.
—¿Te ha costado mucho aprender a desenvolverte en «la jauría» que es la industria musical?
—A todo el mundo nos cuesta. Pero porque en la música no hay un guion que seguir. Todo el mundo persigue el éxito. Como si se pudiera perseguir... No, el éxito te llega a partir de decisiones que tomas, pero nunca sabes de antemano si son las correctas. Yo nunca he tomado las decisiones pensando en el éxito o en los números. De hecho, en mi compañía, Warner, a mí me llaman el antiartista, porque les propongo cosas que dicen que no se las pide nadie. Pero yo quiero transparencia absoluta. Quiero que me cuenten cuánto perdemos, cuánto ganamos, quiero saberlo absolutamente todo para a partir de ahí tomar decisiones. Y eso es verdad que en la industria de la música no es muy común.
—En tus letras no introduces cuestiones sociales o políticas, pero sí que en las entrevistas manifiestas sensibilidad hacia esos temas. ¿Cómo estás viviendo estos tiempos de tanta crispación?
—Bueno, el concepto del disco La jauría habla un poco de eso. Lo titulé así por cómo me sentía yo respecto a la vida actual, dominada por la tecnología. No me quiero poner abuelo cebolleta pero es verdad que tenemos que tener cuidado con la tecnología, las redes y todo eso. Para mí, la educación, los valores, la calle, los bares, el poder vivir cosas físicas es muy importante porque yo me crie así. Yo soy millennial y fuimos la última generación que hemos podido vivir la adolescencia sin la presión de las redes sociales y los móviles.