Luis Solano, el olfato gallego del éxito literario sin preaviso: «Cada libro debe ser un flechazo, hoy te desesperas por sentirlo»

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Luis Solano ha cumplido 20 años como editor (contra un fondo de sus obras de colores) en Libros del Asteroide.
Luis Solano ha cumplido 20 años como editor (contra un fondo de sus obras de colores) en Libros del Asteroide. Dani Cantó

Editor gallego de grandes minorías, Solano deslumbró con «Hamnet» y con el debut que está hoy en boca de todos, «Comerás flores», de Lucía Solla Sobral. «Me da la impresión de que España hay más gente escribiendo que leyendo», bromea con gravedad el «Principito» de Libros del Asteroide

01 feb 2026 . Actualizado a las 21:36 h.

La madre de Luis Solano (Santiago de Compostela, 1972), editor de Libros del Asteroide, es también un asteroide. O esa licencia nos permitimos al considerar que tomó una decisión que la emparenta con El Principito en su B-612, un mundo pequeño, puro, radicalmente original. La madre de este gallego que deslumbra desde su sello ya veinteañero, dando hogar, desde Barcelona, a grandes obras contemporáneas, como Hamnet, fue a dar a luz a Santiago, para poder hacer la vida en paz en Vigo. «Mi madre estaba empeñada en que naciera en Santiago», revela este lector apasionado que se hizo editor en un giro de guion como los de Nora Ephron.

Este otoño e invierno ha batido récords con Comerás flores (70.000 ejemplares en tres meses), el libro de la gallega debutante del que todo el mundo habla. Con la revelación histórica de Maggie O'Farrell, Hamnet (ahora en cines) llegó, desde febrero del 2021, a los 200.000 ejemplares. Y con A sangre y fuego, para muchos lo mejor que se ha escrito en España sobre la guerra civil, los relatos de Chaves Nogales llegaron a 100.000 personas. El pasado no muere, solo hay que desenterrarlo bien. Los clásicos reviven de la mano de Asteroide y los debuts, algunos debuts, viven quizá por encima de las expectativas de una editorial independiente.

—Hay olfato gallego para la edición. Enriquel Redel (Impedimenta) y Silvia Bardelás (DeConatus) son buenos ejemplos. Pero hoy es usted el que más acierta en contentar a la vez a crítica y público. ¿El don de un editor independiente?

—No lo sé... ¿Qué es un editor independiente? Aquel para el que el éxito depende del rendimiento económico (el rendimiento económico del editor es también el de autor), es decir, que el libro se venda. Pero no solo... El otro aspecto importante es potenciar que coincidan el éxito comercial con la calidad de lo que publica. El editor está pendiente de la calidad del libro y de que el libro se venda.

—¿Lo cumplen hoy pocos libros y autores?

—Sí, en ese equilibrio que busco. Buscamos libros que pensamos que pueden tener suficientes lectores y de un nivel literario. Si pensamos que pueden tener muchos lectores, pero no nivel literario, no los publicamos.

—¿Qué es «nivel literario»?

—Que el libro esté bien escrito. Bien escrito [recalca]. Hay un lector más educado, más formado, que requiere un texto que tenga complejidad. ¿Por qué es distinto un texto de Dan Brown que uno de Vargas Llosa? Los dos pueden funcionar relativamente bien con un lector educado. Con uno ineducado, el de Vargas Llosa no va a funcionar bien. La calidad tiene que ver con la complejidad de la escritura, con que el texto tenga vocación artística. Hay libros que tienen una vocación funcional.

«Comerás flores me parece un libro complejo. Hay una complejidad que permite que se lea de una manera tan natural como si una persona te hiciera una confidencia al oído» 

—¿Se refiere a una complejidad formal? «Comerás flores», de Lucía Solla, no es formalmente complejo. ¿Es quizá una complejidad de fondo?

Comerás flores me parece un libro complejo. Es aparentemente sencillo, pero cuando lo lees percibes que hay una complejidad que permite que se lea de una manera tan natural como si una persona te hiciera una confidencia al oído. Eso consigue la buena literatura. Eso consigue Lucía Solla. No buscamos libros complejamente formales. Hay muy buena literatura que es muy fácil de leer. Y lo que más nos interesa en la editorial son, precisamente, esas cosas de mucha calidad que pueden llegar a mucha gente. ¿Por qué? Porque están presentadas de una manera que cualquiera puede abrazar esa obra de arte, hacerla la suya.

—«Comerás flores» es un acierto en un debut, pero no es editor habitual de debutantes. ¿Es una elección excepcional?

—La editorial ha ido evolucionando con los años, sin cambiar el criterio, que siempre ha sido publicar libros capaces de aguantar el paso del tiempo, y sacarle, por supuesto, un rendimiento en lectores. Al principio, lo hacíamos con autores clásicos, porque no nos parecía que hubiera otra manera de encontrar talento. Con eso nació la editorial. Luego nos han ido llegando cosas más interesantes de escritores españoles. Ahí va creciendo el número de debuts... Pero hace diez o doce años estábamos publicando ya primeras novelas de autores norteamericanos. Si no eran de españoles es porque no nos habían llegado obras de españoles que nos interesaran.

«Hay libros como Hamnet, nuestra obra más vendida, que atrajo a un lector que no conocía la marca. Llegar a nuevos lectores es lo que más nos interesa»

—¿Cuántos libros leen al día, y al año?

—Quizá cribamos unas mil propuestas al año. Tres o cuatro al día... De esas mil pueden leerse unos 250 o 300 libros, y de esos, elegimos 24 o 25, los que publicamos. Cuando digo que cribamos mil propuestas es porque leemos esas mil, algunas en el primer párrafo caen... Mil propuestas es leerte 20, 25, 30 páginas para saber si vale la pena o no... A veces tienes la impresión (y suelo decirlo de broma) de que en España hay más gente escribiendo que leyendo. A mucha gente en España le gusta escribir y mucha gente se cree que sabe hacerlo. ¡Por ser capaz de rellenar cien páginas, no tienes un libro! Hay que leer mucho. La gente que está empezando a escribir debe saber que no es una tarea fácil. Como no es fácil pintar un buen cuadro.

—¿Ve mucho ego desatado en los autores, son gente especial o gente corriente?

—Creo que para ser escritor hay que tener cierto ego. Está esa frase tan bonita de Robertson Davies que dice que el ego de los actores es la maldición que pagamos los mortales por verlos encarnarse en Dios o en otra persona. Los autores tienen que creerse que lo que escriben merece la pena. La pulsión creativa, creo, nace del ego de sentir que lo que tienes que decir es más importante que lo que tienen que decir los demás. Esto en cuanto a la literatura. En ego en cuanto a creerse mejores que otros en otras facetas de la vida, hay de todo, hay autores que lo tienen grande y autores que no, que son humildes, que no opinan que ellos son mejores personas que los demás.

—¿Con qué autor o autora pensó: «¡No he visto nada igual!»?

—Cada libro es un flechazo. Debe ser un flechazo. Sobre todo, los primeros libros de un autor que publicas. Para incorporar a un autor al catálogo, buscamos ese flechazo. Ahora, estoy leyendo libros de autores que ya publicamos, y no tienes eso muy de entraña que a veces sientes con un autor que no has publicado nunca antes. Hay un enamoramiento, es algo muy visceral. Lo que me desespera es no encontrar flechazos.

—¿Es tiempo de desesperación? No parce. Asoman apuestas interesantes, como «Punto de araña», de la lucense Nerea Pallares.

—Vamos muy bien, pero nosotros trabajamos a 18 meses vista. Ahora estoy desesperado, o preocupado, por encontrar los libros que tienen que salir en mayo del 2027. El trabajo editorial tarda en verse. Hay libros como Hamnet, nuestra obra más vendida, que atrajo a un lector que no conocía la marca. Llegar a nuevos lectores es lo que más nos interesa.

—«Hamnet», «el superventas inesperado del año». ¿Vio venir el éxito?

—Nos dio un poco de miedo al principio... Luego no, cuando la autora nos mandó el libro, pero lo que no esperábamos es que tuviera tanto éxito en los lectores. Hubo un poco de sorpresa. Y es lo bonito del trabajo, que los libros te sorprendan. Los buenos editores manejamos razonablemente bien las expectativas. Pero algunos libros venden mucho más de lo esperado.

«Hoy hay pocos Kafkas, diría. Ahora la información circula bien, es fácil para alguien que escribe tener acceso a una editorial. En general se detecta el talento»

—Pero habrá Kafkas, genios invisibles, ignorados por la época...

—Pocos, diría. Ahora la información circula bien, es fácil para alguien que escribe tener acceso a una editorial. Puede haber alguno, pero en general se detecta el talento. Otra cosa es que un autor con talento tenga mala suerte.

—Asombroso el éxito de Nora Ephron también entre los jóvenes de 25 y 30. «No me acuerdo de nada» fue uno de los «hits» de hace dos veranos. ¿Hay una discriminación positiva hacia las mujeres en Libros del Asteroide?

—No, no la hay, o no es consciente. Al principio fuimos a visitar el canon en otros países y ese canon era bastante masculino, por razones históricas. Cuando lo abandonamos y nos atrevimos fuera de ese canon, hemos encontrado autoras importantes. Sale algo paritario. Yo busco libros buenos... Hoy cuesta tanto encontrar un libro bueno que da igual si es hombre o mujer. Quizá lo que está pasando en los últimos años es que hay determinadas temáticas y experiencias femeninas que se habían contado menos, y a lo mejor en eso piensas de repente «¡esto es interesante!». Estoy pensando, por ejemplo, en Rachel Cusk, en Despojos o su libro sobre la maternidad, Un trabajo para toda la vida. Ahora hay mucho libro sobre esa experiencia, cuando lo publicamos había mucho menos. Y Nora Ephron fue para nosotros otra sorpresa... Los suyos son libros ligeros, ¡ligeros en el buen sentido! No tienen una gran profundidad, pero sí mucha gracia, apelan a una parte de la experiencia humana menos grandilocuente, a cosas si quieres menos elevadas, más cotidianas, pero que para el lector son igualmente importantes, y está bien encontrar tiempo para estas lecturas. La sorpresa fue que Ephron conectara tanto con los lectores de hoy. Sobre todo, con las generaciones jóvenes. 

—No abundan los gallegos en Asteroide...

—No, por desgracia. Pero ahora hay dos gallegas, Lucía Solla, que publicamos en septiembre, y Nerea Pallares, que publicamos a mediados de febrero y que es un descubrimiento extraordinario. Un libro potentísimo, y muy distinto al de Lucía Solla. Me gusta que sean las dos gallegas y que sean tan distintas.

—¿Libro Asteroide de este año? ¿Cuál será el libro del 2026?

Mi vida con liebre, de Chloe Dalton (sale en mayo). Y Punto de araña, de Nerea Pallares (febrero). No creo que se publiquen 20 libros en España con el nivel de este de Nerea Pallares. Y no solo hablo de debuts... Es lo más alejado del realismo mágico que puedas imaginar, pero sí tiene un componente mágico que ficciona Pallares y que hace que veas el mundo con esos elementos mágicos con más intensidad. La de Nerea es una novela muy distinta a la de Lucía, que está, en cambio, muy anclada en la realidad de la vida de una persona, en la mente de esa mujer protagonista.

—¿Define Galicia ese olfato de editor independiente, con «xeito»?

—El lugar en el que naces y creces marca tu manera de ver el mundo, tu percepción de la realidad y un oído para la lengua. Haber crecido entre dos lenguas hace que tengas un oído distinto. Seguro que sí.

—¿Es un lector temprano?, ¿cayó pronto en la pasión por la historias?

—Sí. Estuvo siempre. Profesionalizarme como lector lo hice más tarde, cuando monté la editorial, pero había leído mucho. De niño, libros ilustrados y lo que había por casa. Y luego cuando vas viendo que la literatura infantil y juvenil ya no te llena, vas asomándote a obras de adulto. Mi padre era buen lector, tenía una biblioteca buena, en la que ibas encontrando cosas. Recuerdo un deslumbramiento con los autores latinoamericanos del boom, sobre todo con Vargas Llosa. Quizá fue para mí el primer deslumbramiento con la literatura adulta.

—¿Hay muchos puñales por la espalda en el mundo de la edición?

—Hay alguno, pero menos que en otros mercados. Al menos en España, la relación entre los colegas editores es relativamente buena. Nos ha ayudado mucha gente del sector que no tenía por qué habernos ayudado. Y, como en todos lados, hay humanos a los que no les gusta tanto que vayan las cosas bien.

—¿Cuál es la importancia para un editor independiente de libreras y libreros que también lo son?

—Son fundamentales. Ha habido mucho cambio en el mercado. Cuando empezamos la mitad del mercado estaba en grandes cadenas, ahora la otra mitad está en pequeñas librerías. Y esto es porque hay una nueva generación de libreros esforzados, vocacionales, literarios, que han decidido dedicar su vida a un oficio precioso. Ellos, en nuestro caso, son los primeros lectores. A ellos es a los que hay que convencer de que un libro está bien. Ellos son los que abren la puerta a los lectores. La sorpresa para mi durante este tiempo ha sido esa fortaleza... Sigue siendo una situación precaria, la de los libreros, no lo tienen fácil, pero que la mitad de lo que se vende se siga vendiendo en librerías independientes 20 años después de que nosotros empezáramos, cuando los augurios eran que iban a desaparecer, es un pequeño triunfo del que debemos estar orgullosos. Las librerías son, muchas veces, el centro cultural del pueblo, o del barrio. Y no siempre se valora públicamente la labor que realizan, que es extraordinaria. Hay sitios en los que no hay otra actividad cultural que no sean las presentaciones literarias y los clubes de lectura. 

 

  • Hamnet. Esta obra de Maggie O'Farrell (Coleraine, 1972) es la más vendida de los veinte años de vida de la editorial, que ya había publicado otras de la irlandesa. Hamnet reventó las expectativas y fue el superventas inesperado del 2021. Marca: 200.000 ejemplares vendidos.
  • A sangre y fuego. Con una marca de 100.000 ejemplares, sobresale en el sello Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-1944) con este testimonio de la guerra civil de una lucidez aún pionera hoy, adelantada a su tiempo.
  • Comerás flores. Lucía Solla (Marín, 1989) es el acierto al pleno de la editorial en un debut. Más de 70.000 ejemplares circulan ya de esta ópera prima sobre el maltrato que tiene los premios Cálamo y El Ojo Crítico 2025. No pierde fuelle desde que salió, en septiembre.

Y los Asteroides del año serán...

El sello repite «flechazo» con una primera novela de autora gallega. Punto de araña, Premio de Novela García Barros 2025, este debut en la novela de Nerea Pallares combina realismo social, memoria colectiva y mitología para relatar una gran rebelión femenina en la Costa da Morte. En gallego, en el sello Galaxia. 

Mi vida con liebre es, con Punto de araña, la gran apuesta de Asteroide para este año. La novela de Chloe Dalton llegará en mayo a las librerías. Interesante convivencia entre liebre y persona avalada por varios premios de prestigio.