La mística de la facultad de «Tesis»: «El edificio es un personaje en sí mismo. Inhóspito y magnético a partes iguales»

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Un mural en homenaje a la película «Tesis» en los pasillos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.
Un mural en homenaje a la película «Tesis» en los pasillos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Gabri Solera

La profesora Cristina Manzano, con décadas de trabajo en el centro universitario donde se desarrolla esta película, desgrana los secretos de un lugar que considera idóneo para este rodaje

24 abr 2026 . Actualizado a las 16:20 h.

No hay productora audiovisual, agencia de publicidad o medio de comunicación que se precie sin un estudiante de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense en sus plantillas. Es normal. En el 2023, este centro anunció que eran ya 100.000 los alumnos que habían pasado por sus paredes grises.

La lista de ilustres, en una institución viva desde 1972, es incontable. Muchos tardaron décadas en recoger su título, y otros, como el director de cine Alejandro Amenábar, ni se han hecho con él.

El cineasta no tiene su diploma. Reconoce sin tapujos que era un mal alumno. Pero sí cuenta con un mural en la primera planta. La obra de Mario Figueiras y Paco Reyes muestra a Ángela (Ana Torrent) en el plano de una cotizada Sony V500. La frase descansa en el hormigón: «Soy Ángela y me van a matar». Todo es un homenaje a Tesis, la exitosa ópera prima del director.

Un escenario misterioso

Cristina Manzano presentó su tesis en junio, justo antes de que empezaran las cinco semanas y media de rodaje, ya con los alumnos de vacaciones. Doctora en Comunicación Audiovisual por la Complutense y profesora de la facultad, ha pasado casi toda su carrera ligada a este icónico edificio de corte brutalista. «El aspecto de la facultad era como la suma de un teatro y sus bambalinas. Ahora tiene un aspecto mucho más pulido; entonces era más misteriosa o a mí me lo parecía. Durante años seguí encontrando rincones de la facultad donde no había estado antes porque sí, había (y hay) lugares más accesibles y rincones más ocultos», cuenta Manzano, que recuerda con cariño sus años en el pupitre, antes de pasar al estrado. «En la facultad encontré a mis mejores amigos. En esa sala azul donde Figueroa ve la cinta, en primero de carrera veíamos nosotros una película todos los viernes, de ocho a diez de la noche».

Amenábar, que volvió recientemente a este centro con motivo de los 30 años de Tesis, lamentó la ausencia de una toma del exterior del edifico. La cinta tiene tintes autobiográficos. El propio director presenció también una muerte trágica, con un cadáver desmembrado, en el metro de Madrid. Y el apellido Castro es por un profesor de Realización que detestaba, y al que pidió perdón posteriormente.

«El edificio de la Facultad de Ciencias de la Información es un personaje en sí mismo. Inhóspito y magnético a partes iguales». El espacio convive con el rumor falso e intergeneracional de que fue, o se pretendía que fuera, una cárcel femenina. Su vestíbulo principal, con un espacio abierto en forma cuadrangular que desvela los pisos superiores; sus pasillos y largas escaleras y hasta su patio interior, ajardinado y también en forma de cuadrado, hicieron crecer la leyenda.

«Rodar allí fue un acierto, claro. No sé si Amenábar se planteó algún otro lugar antes de elegir este, pero si conoces la facultad por dentro, te vienen a la cabeza varias películas. Hay espacios y rincones muy interesantes y prometedores para rodar un Thriller. Esto era aún más evidente en la época del rodaje», comenta Manzano.

Muchos alumnos tienen más memoria de la cafetería que de las aulas. La escena donde se conocen Ángela y Chema (Fele Martínez) es emblemática. Tanto que incluso obligó a recular al concienzudo José Luis Cuerda, productor de la película y un segundo padre para Amenábar.

El bocadillo lomoqueso, el café barato y laxante y los banquitos en el exterior poblados de latas son el paisaje de distintas generaciones. Chema escuchaba Nada normal, del grupo de metal Ingresó Cadáver; y Ángela, La obertura del oratorio El Mesías, del compositor clásico Georg Friedrich Händel. Dos estilos distintos para dos caracteres diferentes, pero con inquietudes comunes. Y todo, en el escenario donde degustó aquel café mejorable hasta la reina Letizia y donde urdieron un cortometraje Fernando Trueba, Antonio Resines y Carlos Boyero.