Recuerdos para olvidar

J. CAPEÁNS / M. CEDRÓN SANTIAGO

GALICIA

SANDRA ALONSO

La mayoría de los turistas que llegan a Galicia siguen optando por el regalo barato, hortera y anacrónico Producto indiscutible del «tráeme algo», la industria del «recuerdo de...» se consolida como un valor en alza en Galicia. La estrella es el botafumeiro de doscientas, pero la maleta del turista se llena también cada verano con mini-gaitas a la española, pulseritas de conchas de A Toxa, casetes de la tuna, camisetas, gaiteiros, toreros, folclóricas y con los democráticos productos del «Todo a cien» que, además, se adaptan a cada población. Aunque muchos los califican de horrorosos y confiesan que nunca se los comprarían, los índices de ventas han hecho que muchos de estos objetos lleven ya más de medio siglo en el mercado.

28 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Pedro Almodóvar visitó el año pasado Santiago y no se pudo resistir. Tampoco consiguió huir de la tentación su intimísima Marisa Paredes. Ambos, iconólatras confesos, se hartaron de comprar rosarios a las vendedoras de la praza do Obradoiro. Ellos, aunque famosos, sólo fueron unos de los muchos turistas y visitantes que cada verano no quieren abandonar Santiago sin un recuerdo material. Lo mismo ocurre con los que van a la isla de A Toxa, Lugo, A Coruña, Pontevedra o, incluso, a los que se pasan una semana de relax en una aldea de O Caurel y desean hacerse con una buena pieza destinada a hacer bulto en la estantería propia o en la ajena para luego poder decir eso de «yo estuve allí». La industria del recuerdo de... lo sabe, igual que es consciente de que el compromiso con fulano o citano suele ser otro de los condicionantes principales que llevan al turista a llenar sus maletas con objetos alusivos a los lugares por los que pasa. Por eso, los recuerdos materiales son baratos, asequibles a todos los bolsillos. La mayoría no pasan de mil pesetas y una buena parte ni siquiera llegan a las quinientas. Además, siempre queda el socorrido Todo a cien. Entre sus existencias pueden encontrarse llaveros, mecheros o ceniceros alusivos a la ciudad o pueblo en cuestión. Siempre quedará la gaita También ahí es posible encontrar las pequeñas mini-gaitas, culpables de que luego las calles se inunden con la clásica estampa de niño nórdico, andaluz o madrileño ejerciendo, sin saberlo, de Avelino Cachafeiro, recientemente homenajeado en su pueblo natal, Soutelo de Montes. Pero no es gallego todo lo que reluce. Muchos extranjeros, aunque se enfundan camisetas del Pelegrín o de la Capitalidad Cultural de última generación, también aprovechan para hacerse con algún torero o floclórica de la Feria de Abril. Eso sí, siempre podrán decir que se marcaron unas sevillanas luciendo unas pulseras de A Toxa.