El arquitecto de la Cidade da Cultura desvincula su trabajo de las decisiones políticas, defiende las modificaciones en el programa y minimiza el coste del proyecto
15 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Patriarca del pliegue y la desterritorialización en arquitectura, Peter Eisenman (Newark, 1932) participó esta semana en la Fundación Luis Seoane, en A Coruña, en un curso de la UIMP sobre Empresa, humanismo y gestión cultural . El autor de la Cidade da Cultura no rehúye la polémica que ha generado su proyecto, más bien disfruta con ella. Eisenman visitó las obras y asegura que se quedó «maravillado». -Cuando diseñas desde el ordenador no aprecias la escala, pero cuando contemplé desde abajo los trabajos percibí por primera vez la sensación que produce la Cidade da Cultura en conjunción con la montaña y me quedé impresionado. Viendo desde la parte este cómo se curvan los edificios sobre el monte me he dado cuenta de que era el edificio que yo había proyectado. -La Xunta ha vuelto a contar con usted para replantear el complejo. -He hablado con el actual Gobierno igual que con el anterior; se ha colaborado de forma ininterrumpida con respecto al rediseño de los usos y está claro que tanto los antiguos como los nuevos responsables siempre han querido mantener el espíritu del edificio. Independientemente de los cambios que se puedan realizar, el espíritu del edificio se mantiene. -¿Qué nuevos usos cree que podrían funcionar? -Para responder a esa pregunta tendría que contar un poco la historia de la arquitectura: la mayoría de los grandes edificios culturales del mundo, como el Louvre, la galería de los Uficci, el Metropolitan de Nueva York..., no fueron diseñados originalmente como museos, sino que a lo largo del tiempo se fue estableciendo su función. Es totalmente normal que se cambie con el tiempo el uso de los edificios. Con respecto a la Cidade da Cultura, la Casa do Mundo estaba pensada para albergar nuevas tecnologías y a lo largo del desarrollo del proyecto se fue cambiando la actividad del edificio. Ahora se está trabajando con un programa más fijo y se están haciendo pequeños cambios en el Museo da Historia. Y creo que todas las modificaciones son para mejorar. -Las propuestas que se han presentado hasta ahora son variopintas: sucursal del MOMA, sede de la Administración, campus universitario... -Soy un arquitecto y por tanto no soy un buen político, así que no quiero entrar en ninguna consideración. Lo que sí quiero recalcar es que el espíritu de la Cidade da Cultura proviene del espíritu del monte Gaiás y de Galicia. El edificio es un símbolo para Galicia y para la cultura gallega, independientemente de las consideraciones políticas de uno u otro Gobierno. -Un símbolo un poco caro. ¿Cómo influirá el cambio del programa en el coste final de las obras? -Comparemos este proyecto con otros: la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, de Calatrava, fue muchísimo más caro, igual que la nueva terminal T4 de Barajas, que además funciona muy mal; o el Parlamento de Escocia, de Miralles, cuyo presupuesto superó en un 400% el original. Frank Gehry tiene un proyecto en Connecticut que se suponía que iba a costar 30 millones de euros, luego subió a 50 y finalmente va a salir por 120 millones. En la Cidade da Cultura, el presupuesto está aprobado y el coste fijado, los cambios respecto al original no son tan grandes, porque hacer un auditorio para 500-600 personas no va a variar enormemente las cifras. Y si hay cambios no son a causa de la arquitectura, salvo que la Xunta decida ampliar el proyecto. -¿Es cierto que usted propuso hacer viviendas en el monte Gaiás? -El arquitecto que difundió eso fue uno de los perdedores en el concurso. No me interesa escuchar a los que no saben admitir su derrota.