El club de jubilados de Cangas se resiste a abandonar su sede en la Casa del Mar, apuntalada desde el fin de semana, mientras no se les dé una alternativa
06 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.«Non está tan mal. Total, isto non vai vir abaixo», dice Juan Santos, presidente del club de jubilados Santiago de Cangas, mirando un tanto sorprendido cómo dejaron el local el pasado sábado los obreros que apuntalaron las vigas para evitar posibles desprendimientos. El club ha sido rebautizado por sus usuarios como «a mezquita», por la profusión de pilares. Alrededor de Juan Santos, unos sesenta mayores jugaban ayer tarde tranquilamente a las cartas, concentrados en la labor y ajenos a las docenas de puntales que sortea con habilidad una camarera que repartía cafés por las mesas. La recomendación de desalojo es de octubre del año pasado. El antiguo edificio de la Casa del Mar, inaugurado por los Reyes el 26 de julio de 1976, estaba bastante deteriorado. Un informe del Instituto Social de la Marina (ISM), que no se plantea derribar el edificio, dictaminó que la construcción necesita un refuerzo estructural general y obras que afectan a todas las instalaciones. El documento invitaba a las instituciones que ocupan el edificio a abandonarlo inmediatamente. El ISM, Capitanía Marítima y el organismo de Turismo abandonaron hace meses el complejo, pero el club se mantiene firme en el bajo y está decidido a seguir hasta tener otro a su disposición. En esa tarea andan, enfrentados, el delegado de Vicepresidencia, el cangués Fran Verea (BNG), y el alcalde, José Enrique Sotelo (PP). Los dos ofrecen locales alternativos a los jubilados y, de paso, también bailes los domingos (el alcalde, sólo para los cangueses, y el delegado, para toda la comarca). El regidor concertó un bajo en el paseo marítimo, pero todavía es necesario acondicionarlo. Vicepresidencia anunció, por su parte, su intención de alquilar otro en la cercana calle Baiona. Pero el nuevo local hay que habilitarlo y el tiempo se echa encima. La guerra de los bailes Todo indica que en esta carrera por hacerse con el favor de los jubilados el alcalde está mejor situado, ya que les ofrece un local provisional mientras se acondiciona el del paseo marítimo. Los mayores, mientras, disponen prácticamente en exclusiva de otro edificio en el centro de la localidad, la denominada casa da Bola, frente al mercado, pero por lo que se ve no les convence. Y hace sólo un par de semanas el alcalde popular contrató por unas horas una discoteca y un servicio de buses para que los veteranos bailasen las tardes de los domingos. Resultó todo un éxito. Al igual que los bailes de Vicepresidencia, también los domingos, en este caso en un céntrico hotel.