Síntoma y aviso

GALICIA

La historia del Alfonsetti corre pareja a la del séptimo arte. Inaugurado en 1882, albergó proyecciones de sombras chinescas, películas mudas acompañadas al piano -se cuenta que un empleado aprendió a leer gracias a los rótulos-, estrenos de Hitchcock y la modernización digital, que no impidió que languideciese hasta su cierre. Al menos su destino, vinculado a la cultura, no pasaba por el de otros cines históricos, reconvertidos en viviendas -el caso de su vecino Capitol- o en comercios.

A pesar de que en los cines habitaba material altamente inflamable -estructuras de madera, telones y tapizados o el propio celuloide- ha sido ahora que el Alfonsetti ha comprobado que no hay peor suerte que el abandono. Es posible que el incendio permita afrontar sin graves problemas su conversión en espacio cultural, pero si el fuego hubiese llegado al museo, biblioteca y el valiosísimo archivo, estaríamos hablando de una tragedia. Con todo, se trata de un síntoma y a la vez de una advertencia de que el patrimonio requiere una premura que no casa con la lentitud burocrática.

En octubre del 2008 el propietario de una casa gótica del siglo XV, la más antigua de Betanzos, tiró la fachada protegida del inmueble. Más de un año después, el vacío que preside el inmueble es la prueba elocuente de que es más fácil derribar que reconstruir. A pesar de las alarmas que se encendieron, y de rehabilitaciones como la del matadero o la escuela García Naveira, en el casco histórico apenas se ha avanzado y siguen sucediéndose caídas de piedras que, inexplicablemente, dejan calles cortadas varios días. De poco vale lamentarse del tiempo perdido: o se actúa pronto o el Betanzos secular del que nos sentimos tan orgullosos será una película en nuestra memoria. Una como tantas vimos en el Alfonsetti.