Ni Fomento ni el ministro me tienen catalogado como adulador. Ya tienen bastantes. Pero tras la presentación del plan de impulso al transporte de mercancías por ferrocarril, cuando nuestros dirigentes avanzan en la buena dirección, no hay por qué callarse las felicitaciones. Este plan era una necesidad desde hace 10 años. No lo digo yo, lo reconoce el documento dado a conocer por Fomento. Se ha tardado demasiado en reaccionar, pero, una vez más, vuelve a ser este ministro quien se atreve a hincarle el diente al problema.
Y lo presenta bien: coordinando a las comunidades y al sector del transporte para que, por no estar en la foto, se vayan de rositas. Este error -hacer para los administrados pero sin los administrados- ha sido muy típico en algunos gobernantes que pecaban de caducos absolutistas.
Trenes más largos, centros y áreas logísticas con acceso al ferrocarril, maquinistas más productivos, líneas específicas y electrificadas para mercancías, eliminación de cuellos de botella? Todas estas medidas significan más competitividad para el ferrocarril, que estará en las mismas condiciones que la carretera, aunque esta siga sin asumir los costes que seguimos subvencionándoles todos los contribuyentes.
Bueno para Galicia
¿Qué significa este plan para Galicia? Por fin se reconocen dos reivindicaciones largamente demoradas: que el eje atlántico necesita una comunicación específica de mercancías para un cordón que une los cinco grandes puertos de nuestra comunidad, que deberán coordinarse y trabajar juntos contra los competidores del Cantábrico y el Mediterráneo, y dejar de hacerse la guerra entre sí peleándose por pocos y magros huesos.
Y también se redescubre que Galicia tiene una línea ferroviaria de diseño reciente, la del directo por Zamora, para acceder a los mercados y áreas económicas del centro y del Mediterráneo que, aunque mal mantenida hoy, permite ganar competitividad frente a los puertos del Cantábrico.
Espero que, al igual que se empleó el ministro para mejorar el AVE a Galicia, no se deje cimbrear por las muchas presiones de intereses económicos que, también aquí, van a ponerle los verdaderos palos en las ruedas a su lógico y racional plan.