Su continuidad ante la sucesión de casos de clientelismo representa un mal augurio para esa supresión de duplicidades que no acaba de llegar
19 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Las diputaciones llevan lustros en el centro del debate sobre la racionalización de las Administraciones públicas. Pero resisten. Su continuidad ante la sucesión de casos de clientelismo representa un mal augurio para esa supresión de duplicidades que no acaba de llegar. Aunque hay otro peor: la volatilidad de los discursos de los partidos políticos sobre su utilidad. La máxima de que las diputaciones malas son las que gestionan los otros solo tiene una excepción, la de quienes no las gobiernan.
Esta regla volvió a quedar ayer de manifiesto en el Parlamento, con motivo de la comparecencia en la Comisión de Economía de los presidentes de las diputaciones de A Coruña, el popular Diego Calvo, y de Lugo, el socialista José Ramón Gómez Besteiro. El único grupo que mantuvo la misma contundencia en su argumentario ante ambos fue el de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), que no está en el gobierno de ninguna diputación. Defendió su supresión por «anacrónicas, caciquís, ineficientes e despilfarradoras». El BNG reiteró que son «obsoletas» y «deben desaparecer». Denunció su uso para crear «redes caciquís», aunque matizó que por parte del PP. Pero en la comparecencia del presidente de la Diputación de Lugo, de cuyo gobierno forma parte, el Bloque apostilló que, si bien rechaza los entes provinciales, «traballará neles».
Más comedido fue el PSOE. Ante Calvo (PP), que presentó unas cuentas de 157 millones que crecen un 14 %, el diputado Francisco Caamaño se refirió a las diputaciones como «decimonónicas». Pero ante Gómez Besteiro (PSOE), que desglosó un presupuesto de 89,5 millones que baja un 4,7 %, el socialista Juan Carlos González Santín se limitó a aplaudir su gestión. La misma mutación se dio en el discurso del PP. Tras ensalzar la actuación de Calvo en la Diputación coruñesa, denunció que el gobierno de la de Lugo cuesta tanto (557.000 euros al año) como Feijoo y sus ocho conselleiros (595.000). Los populares hurgaron así en los excesos de gastos de personal y asesores que caracterizan a estos entes.
Diego Calvo sostuvo ante las críticas que «non hai ningún alcalde dos 94 da provincia [de A Coruña], sexa do partido que sexa, que non considere á Deputación como a institución máis cercana aos seus concellos».