Dolor, un inabarcable dolor

GALICIA

25 jul 2013 . Actualizado a las 07:37 h.

La mayor tragedia ferroviaria de nuestra historia impactó ayer en el corazón de todos los gallegos para abrir un abismo de dolor, un inabarcable dolor. Justo cuando Compostela apuraba los últimos minutos antes de iniciar la celebración de su gran fiesta anual, que es la fiesta de toda Galicia. El Obradoiro ya estaba lleno de vecinos y turistas, expectantes ante el deslumbrante espectáculo de los Fuegos del Apóstol, cuando la noticia del siniestro, a escasos kilómetros de la estación de Santiago, conmovió desde Angrois a todo el mundo y descargó una avalancha de solidaridad.

En el mismo epicentro de la tragedia, los vecinos de ese barrio entre rural y urbano hicieron un denodado esfuerzo por ayudar, por buscar supervivientes, por hallar esperanza de vida entre la maraña de hierro de los vagones. La humanidad desesperada de Ricardo Martínez, tal vez el primer vecino de Angrois que acudió en auxilio de las víctimas, recorría los pasillos quebrados de los vagones en busca de supervivientes cuando todavía no habían conseguido llegar bomberos y policías. Humanidad en el centro de transfusión, colapsado por los donantes que se volcaron ante la llamada de socorro. Humanidad en cada hogar conmocionado.

Es lo único que importa en las primeras horas. Salvar vidas. Tiempo tendrán los expertos para esclarecer los motivos del siniestro. Descartado el atentado, que planeó en medio de la confusión de la inmediatez, queda el error humano, el fallo técnico. Queda, para siempre, imborrable, un inmenso dolor.