La magistrada logra dar coherencia a un sumario inconexo gracias a su gran habilidad al tomar declaraciones. SIGA AQUÍ TODA LA INFORMACIÓN DEL SUMARIO DE LA TRAMA
16 feb 2014 . Actualizado a las 18:59 h.La propia jueza enciende el dispositivo de grabación. Se acerca a su lugar en la sala y mira de nuevo a la cámara para comprobar por última vez que todo está correcto. Sobre la mesa ya está abierto un portátil blanco y cerca se encuentra, entre otros, Javier Reguera, el hombre que entregaba a Francisco Liñares el dinero que Vendex mandaba desde Madrid. Lee rutinariamente los cargos, como con prisa de pasar a la chicha, mientras se mueve levemente de un lado a otro en su asiento giratorio. Le dice a Reguera que tiene que hablar alto y despacio. Empieza el interrogatorio. El escenario donde quizás Pilar de Lara se siente más jueza.
Un abogado que salía de una de esas largas comparecencias respondió a una pregunta con trampa, de las que pretenden poner en bandeja la respuesta.
-¡Seis horas!, vaya rollo, ¿no?
El letrado, pese a ser defensor de uno de los políticos implicados, no tuvo empacho en reconocer todo lo contrario.
-En absoluto. Fue muy ameno. Lo tiene todo preparadísimo y conoce hasta al mínimo detalle. Por eso no se hizo largo.
Primero dejar hablar, después mostremos las pruebas
La percepción del abogado coincide con la de otros letrados en la causa. Y tras escuchar las declaraciones, es obvio que De Lara articula una maquinaria perfecta para preguntar, repreguntar, sugerir, matizar, dejar que el imputado hable para después evidenciar sus evasivas o las supuestas mentiras. Dejar que hable para luego estamparle las pruebas. Servirse de que la causa es secreta para dar una última estocada.
El alcalde de Lugo, José López Orozco, niega una y otra vez que recibiera dinero. También que se lo ofrecieran. Así que la jueza recurre a las pruebas materiales.
-Mire, lo cierto es que Gervasio [Rodríguez, presidente de Vendex] llevaba una agenda bastante detallada [la busca, se le oye decir: «Es que con tanto papel»]. Bien [se recompone]. Este señor anotaba los pagos que iba realizando y reconoce que todos los meses mandaba 3.500 euros para Lugo [largo silencio. Encuentran la agenda]. Este es un extracto de las distintas anotaciones de sus agendas. Ahí no aparece el nombre... Deje por favor que sea su cliente el que responda [riñe al abogado de Orozco].
-Jamás, señoría, jamás, responde Orozco.
Pero la jueza le muestra que hay una anotación que pone «ORO 3.000 euros». Y la jueza tiene, aparentemente, un lapsus.
-En particular el suyo, bueno el suyo, perdón, la anotación ORO 3.000 euros, la que se le imputa [...]
Orozco se ríe. «Jamás, jamás», vuelve a responder.
-Ni me lo dieron, ni me lo ofrecieron, ni había un trato.
-¿Y qué sentido puede tener que dos empresarios que no se conocen entre sí, uno vive en Asturias y es el socio de Cechalva y el otro, Gervasio, que vive en Madrid, tengan anotaciones en su poder donde le implican a usted en un delito de soborno?
-Pues no lo sé, no puedo encontrarle ninguna explicación.
-Porque, claro, estos señores no se iban a imaginar, son anotaciones del 2006, que íbamos a ir a sus casas y hacer un registro...
Buscando las pruebas de cargo a través de la declaración
Conversaciones aparentemente inconexas que se cuelan por las rendijas del sumario cobran su sentido cuando la jueza trenza los centenares de pinchazos en un hilo conductor que electrocuta al imputado. Hasta el punto que la supuesta ausencia de pruebas de cargo que algunos juristas recriminan a la instrucción cobran coherencia en los cruces de preguntas. Los principales ejes de la trama -Liñares en el lado político y Gervasio Rodríguez y José María Tutor en la parte empresarial- acabaron admitiendo parte de las entregas de dinero. Quizás porque los interrogatorios están construidos desde los cimientos de la investigación, minuciosamente preparados. Y tras largas horas de declaración, la paciencia de la jueza sigue intacta. La de los interrogados, se agrieta.
Dosificación de la información y efecto sorpresa
El cruce de datos es el recurso más utilizado, pero también la información dosificada. Solo al final del interrogatorio al teniente de alcalde de A Coruña, Julio Flores, se abre el melón de un regidor que de momento no ha sido tocado por la Pokémon. José Manuel Rey Varela, alcalde de Ferrol. La jueza infiere por las conversaciones que Flores arregla en mayo del 2011 el encuentro de Tutor supuestamente con el presidente de la Diputación de A Coruña, Diego Calvo, y el regidor ferrolano para entregar «unos papeles». Y le muestra una conversación en la que hablan Tutor y el alcalde, a la que la jueza identifica como Josman.
-¿Qué clase de papeles? ¿Era dinero quizás?
-Hasta ahí podíamos llegar.
-¿Documentación de algún contrato?
-No tengo la más remota idea.
Previamente, pregunta al segundo del Ayuntamiento coruñés si es normal que arregle este tipo de encuentros.
-¿Es habitual que usted concierte citas entre alcaldes y presidentes de Diputación para que un empresario les entregue papeles?
-No.
Una frialdad calculada y escasas concesiones a la empatía
La jueza es fría en el interrogatorio. Son escasísimas las concesiones a un acercamiento humano, a una broma. Al final de la declaración de Orozco, el alcalde confiesa: «Pensé que me iba a ir feliz de aquí, pero...». Después le pide a la jueza que le «ponga del revés» para comprobar que no cobró ese dinero.
-¿Desea decir algo más? [obvia el comentario del alcalde como si en realidad no hubiera dicho nada].
Y Orozco, al que en la trama presuntamente apodan como el Cura o el Sacerdote, dice:
-Cuanto más pronto pueda pasar de mí este cáliz, pues se lo agradezco, pero eso ya depende de sus tiempos.
Estrella Roca, la mujer de José María Tutor, tiene que tomar una medicación cada cierto tiempo. De Lara se muestra comprensiva con ella y, sin apenas acortar distancias, le dice: «Cuando tenga que hacer la parada nos lo dice y ya está».
Con Javier Reguera, el hombre de Vendex en Lugo, tras un interrogatorio implacable, tiene un momento para recrearse en los apodos.
-¿De quién eran los motes? Son muy ocurrentes. Nos hemos reído mucho.
-Bueno, curiosidades...
-Sobre todo con el de Tachenko [la jueza se ríe]. De quién era la idea, hombre.
-Tachenko creo que fue José María [Tutor].
Aquí es cuando Reguera le comenta que a Gervasio Rodríguez lo llamaban el Cura, como a Orozco, que lo apodan alternativamente el Cura, el Sacerdote, o el Uno. La «casa grande» es el Ayuntamiento de Lugo.
El violento encuentro con la propia voz en los pinchazos
Unas veces es la propia jueza la que recita los pinchazos, pero otras busca el corte de la conversación y el imputado lo escucha. Algunos, como Julio Flores, dicen que no reconocen su propia voz, que no recuerdan esas charlas. Estas exposiciones generan nerviosismo en los declarantes. Así, el alcalde de Boqueixón, Adolfo Gacio, dice que no tuvo acceso al pliego de condiciones de un contrato, pero hacia el final le muestra una conversación con Tutor en la que el regidor comenta que tiene el pliego delante.
-¿Alguna empresa más colaboró en la campaña electoral? [pregunta en relación con las donaciones que el propio Gacio ha reconocido].
-Supongo que sí.
-No me diga supongo, diga sí o no, le replica la jueza en otro alarde de carácter.
Buscando las grietas entre los miembros de la trama
El uso de otras declaraciones y algunas confesiones realizadas previamente es crucial. Al hombre de Doal en Lugo, Javier Reguera, cuando niega su implicación en el proceso de adjudicación de la grúa a la empresa Cechalba, la jueza le suelta que su compañero Manuel Santiso dijo que actuaba en todo momento asesorado por él. O que Tutor y Gervasio lo acusaban de quedarse con dinero.
A veces también, muy hábilmente, utiliza las divisiones del grupo para lograr información o por simple curiosidad.
-¿Por qué se llevaba tan mal con Pilar Tomé [su jefa en la ORA en Lugo]?
-Hombre, mal mal... Ni mal ni bien.
-Tiene usted que oír, ya tendrá ocasión, lo que ella dice de usted.
Los errores contados de la magistrada
Los propios declarantes están sorprendidos con la capacidad de la jueza, el control que tiene sobre la trama. Gervasio Rodríguez, con su fina ironía cubana, protagoniza muchos de los mejores momentos.
-¿Qué entiende usted por prensa deportiva? -le pregunta la jueza.
-Seguramente un envío de dinero. Yo no le miento nunca.
Gervasio bromea con que a su edad «le voy respondiendo a una velocidad razonable». La jueza le recuerda que se queja de los gastos de comidas en una conversación «con Gervasio... ¡Ah, no!, perdón, con Tutor [ríe]».
-Hombre, parece que usted se equivoca alguna vez. Estamos empatados.
-Sí. Ya estamos empatados.