Ocurrió en el último pleno. La concejala socialista Carmela Silva le echó en cara a la portavoz del Bloque que no se enteraba de lo que pasa en Vigo porque los fines de semana va «a unha cidade do norte». Y tras marcar la frontera localista, poniendo su particular mojón a la entrada del puente de Rande, la colaboradora más cercana a Abel Caballero se fue a Madrid sin esperar a que acabase la sesión porque tenía que enfundarse el traje de diputada nacional.
Ayer le tocó el turno al alcalde, que colocó otro mojón en Peinador. Del enemigo del norte (A Coruña) pasó al enemigo del sur (Oporto), anunciando multas para los autobuses de matrícula portuguesa que pretendan «robar» pasajeros en el aeropuerto vigués y llevárselos (¿a punta de pistola?) al Sá Carneiro.
Algún día, quién sabe, Caballero hará honor a su apellido y se sentará a dialogar. De momento solo está para marcar los límites de la república independiente de su casa. Lo malo es que también es la casa de todos los vigueses.