Más de 300 familias de Galicia participan en la acogida voluntaria de menores

Abren sus hogares a niños y adolescentes que no pueden convivir con sus propios parientes

Mar, Víctor y sus dos hijas ya van por su segundo acogimiento familiar
Mar, Víctor y sus dos hijas ya van por su segundo acogimiento familiar

REDACCIÓN / LA VOZ

Casi 3.000 menores en Galicia no pueden convivir con sus padres o familiares cercanos. De ellos, unos 1.400 residen en centros especializados. La otra opción con la que cuentan los servicios de protección de la Xunta es el acogimiento familiar. En la mayoría de los casos -algo más de 1.300- estos niños o adolescentes son atendidos por un miembro de lo que se conoce como familia extensa: parientes más o menos lejanos con los que el menor pasa a convivir. Existe, sin embargo, otra posibilidad: el acogimiento en familia ajena. En estos casos, los pequeños se integran en hogares que se ofrecen voluntarios para acoger a chavales que lo precisen.

Las realidades de esos hogares son diversas. Parejas con o sin hijos, núcleos familiares monoparentales, personas solas, abuelos... Los requisitos para ser acogedor no son materiales ni de estado civil. «O fundamental é que sexan persoas cunha estabilidade vital, de carácter flexible e respectuosas con outras formas de ver a vida», explica Mónica Castelao, coordinadora del programa de Familias Acogedoras de Cruz Roja, que funciona en Galicia desde 1995.

A día de hoy, el programa cuenta con 318 familias voluntarias. De ellas, el 62 % está ya acogiendo a algún menor. «Revísase a fondo cada caso para ver que fogar é o idóneo para cada neno. Hai circunstancias moi distintas, dende bebés cuxos pais estranxeiros teñen que volver un tempo ao seu país ata adolescentes que veñen de situacións tan difíciles como os abusos ou a violencia de xénero. Algúns van volver coas súas familias, outros non e outros agardan unha adopción», explica.

Os acolledores sempre teñen que ter moi claro que o menor non é o seu fillo»

Tan importante como conocer a los menores es conocer a los acogedores. Por eso los candidatos se entrevistan varias veces con los equipos de Cruz Roja y reciben una formación grupal junto con otras familias. Un proceso que también sirve para que los propios voluntarios reflexionen y decidan si serán capaces de llevar a cabo el acogimiento. Alrededor del 15 % de quienes se interesan por esta figura acaban integrados en el programa. «Sempre hai necesidade de máis familias», recuerda Cruz Roja, que pone a disposición de los interesados el teléfono 900 812 880 y el correo electrónico galicia@cruzroja.es.

El objetivo es exclusivamente, el bienestar de los menores. «É moi importante entender que o acollemento non está pensado para satisfacer o desexo dalguén de ser pai. Os acolledores teñen moi claro que o menor non é o seu fillo», recalca Castelao. De hecho, buena parte de los menores en acogida mantienen contacto con sus padres o reciben visitas de su familia biológica. El papel de los acogedores para conservar y reforzar los vínculos del pequeño con sus orígenes es fundamental.

En algunos casos, los chavales no cuentan con parientes o el retorno a sus hogares es imposible. Es entonces cuando la familia de acogida cobra aún más importancia. «Convértense nun referente para estes cativos, non só durante o tempo de convivencia. Moitas veces as familias contan que eses rapaces, xa adultos, volven por Nadal, ou están presentes en cumpreanos e outras celebracións».

Programa CONVIVE

Un caso particular de acogimiento es el de los menores conflictivos a los que se aplican medidas judiciales. Para ellos también existe la posibilidad de integrarse en un hogar a través del programa Convive de la Xunta.

Las familias participantes deben ser especialmente sensibles con los problemas de la adolescencia y se valora positivamente que el acogedor tenga formación en ramas como la educación social, la psicología o la pedagogía. En Galicia ya existen cuatro familias formadas y preparadas para este tipo de convivencias dictaminadas por los juzgados.

«Lo más duro no es despedirse de ellos, sino adaptarse a la llegada, pero querer es poder»

Mar Galego y su marido Víctor Gómez ya tenían dos hijas pequeñas cuando decidieron dar el paso de convertirse en familia acogedora. «Es simple, queríamos ayudar y para ser humanitario no hay que irse lejos, sabíamos que aquí había niños con necesidades», explica Mar. Realizaron las entrevistas y la formación necesarias pero su primera acogida tardó un tiempo en llegar. «Nos propusieron varios casos que no fueron idóneos hasta que un día nos llamaron para un acogimiento de urgencia. Una niña de dos años y medio. Nuestro mayor miedo era su reacción pero desde el momento en que fui a buscarla a la residencia se vino conmigo encantada», recuerda.

Toda la familia se volcó con la pequeña que en poco tiempo fue un miembro más del hogar. «En una acogida el momento de la llegada es el más complicado: adaptarse, escucharles contar sus experiencias... pero la clave es ponerse en la piel del niño. Y los equipos de Cruz Roja te ayudan mucho, en cualquier momento puedes consultarles, a veces la llamada te sirve para desahogarte, son un gran apoyo psicológico».

Esa primera experiencia duró nueve meses, hasta que la niña pudo volver con su familia biológica. «La gente siempre te pregunta sobre lo duro que debe de ser el momento de la despedida, pero no es en absoluto el peor. ¡Si se va con su familia biológica, se va feliz, es lo que todos queremos para ellos!», asegura rotunda Mar, que compara ese momento con el de la emancipación de cualquier hijo: «claro que lo echas en falta pero la satisfacción que sientes compensa». A día de hoy, la chiquilla les escribe y les visita con cierta frecuencia. Incluso se han convertido en una red de apoyo para los familiares con los que ahora convive, que saben que con Mar y los suyos, la cría está en su casa.

Para ayudar no hace falta irse lejos, aquí al lado hay niños que necesitan apoyo»

La mejor experiencia

Esta familia de Cerdido, en la comarca de Ortegal, define aquella acogida como «la mejor experiencia que pudimos vivir». Así que, tras la marcha de la pequeña, se mantuvieron como voluntarios en el programa que gestiona Cruz Roja y un tiempo después se presentó la oportunidad de abrir otra vez su casa a un menor en situación complicada. De nuevo una niña, que tenía tres años cuando se unió al hogar de los Gómez Galego. Hoy ya ha cumplido los siete y bromea con la posibilidad de convertirse en «hija única» ahora que las hijas de Mar y Víctor, de 20 y 18 años, comienzan a volar del nido.

En cuanto a las reacciones que despierta en los demás su papel de familia acogedora, Mar confiesa que «oyes de todo» pero resalta que «lo principal es que los que convivimos bajo el mismo techo estemos unidos en la idea de acoger». También apunta que mucha gente le dice que a ellos les gustaría hacer lo mismo «cuando puedan». «Pero no es cuestión de poder, es solo cuestión de querer», asegura. Por eso no duda en recomendar la experiencia a todo el mundo.

¿Y para los menores acogidos, qué significa la existencia de este programa de acogida? «Todo», dice vehemente Mar. «Significa estabilidad, significa tener cariño, apoyo, significa vivir en familia y tener un hogar. La diferencia es radical». Y pone un ejemplo para ilustrarlo. «¿Sabes qué dice la niña cuando le preguntan qué es lo que más le gusta? Los abrazos colectivos. No la comida, no los juguetes, sino los abrazos».

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