Unos 360.000 edificios de más de 50 años deberán pasar inspección en Galicia hasta el 2021

El nuevo decreto que tramita la Xunta extiende la obligación a toda la comunidad


Redacción / La Voz

En Galicia hay, según los datos del Instituto Galego de Estatística, 360.000 edificios construidos antes de 1970 y, por lo tanto, de más de cincuenta años o a punto de cumplirlos. Todos ellos, con la única excepción de aquellos que hayan sido declarados oficialmente en ruina, deben pasar una inspección obligatoria en los próximos meses. El motivo es el decreto de evaluación de edificios que tramita la Xunta y que se aprobará próximamente.

La norma

En tramitación. El anteproyecto de decreto acaba de finalizar el período de sugerencias y en las próximas semanas será aprobado para que inicie su tramitación parlamentaria. Una vez que entre en vigor, los edificios afectados tendrán un año de plazo para superar el Informe de Avaliación de Edificios (IAE). Por tanto, será en el año 2021 cuando todos los bloques de viviendas construidas antes de 1970 tengan que acreditar que cuentan con la inspección técnica obligatoria. Después, irán incorporándose los que vayan cumpliendo esa edad. 

El objeto

Edificios, no viviendas unifamiliares. El decreto afecta a los edificios de más de 50 años de uso residencial colectivo -por tanto, no a las viviendas unifamiliares- y su objetivo es, a través de las inspecciones, conocer el estado de conservación de esos inmuebles, sus condiciones de accesibilidad y su eficiencia energética. Eso permitirá tomar las medidas necesarias para conservar y rehabilitar el parque de viviendas y asegurar la seguridad y la accesibilidad. En el texto se recoge, además, que la información derivada de esos informes servirá como un instrumento fundamental para orientar las políticas de rehabilitación autonómicas y también municipales. 

Su ámbito

En toda Galicia. Este informe complementará la actual ITE (Inspección Técnica de Edificios), que ya estaba vigente en las ciudades y en los concellos de más de 25.000 habitantes. Cuando el nuevo decreto entre en vigor, las inspecciones se extenderán a toda Galicia, independientemente del tamaño del municipio. La competencia de velar por el cumplimiento de la norma recae en los concellos, que también podrán decidir si amplían las inspecciones a edificios de menos de cincuenta años. De hecho, en la actualidad algunos ayuntamientos gallegos ya están trabajando con límites inferiores. 

La elaboración

Por profesionales. El IAE debe ser realizado y firmado por personal técnico competente, debe hacerse utilizando una aplicación informática que el decreto también prevé. Ese técnico debe evaluar el estado general del edificio, de sus elementos estructurales y constructivos y de las instalaciones que no necesiten inspecciones específicas. En el caso de edificios catalogados como bienes de interés cultural, el informe debe analizar el estado de conservación de los elementos protegidos

Los resultados

Favorable o desfavorable. Las deficiencias que los técnicos detecten tras realizar la inspección pueden ser muy graves, graves o leves. Si se califica un determinado problema como muy grave significa que existe un peligro inminente para la estabilidad del edificio o de alguno de sus elementos. Las deficiencias graves son las que afectan de forma importante a la salubridad o a la funcionalidad del inmueble. Mientras, las leves indican que son necesarias obras de mantenimiento. En caso de problemas graves o muy graves, la inspección será desfavorable, y será el concello el responsable de velar por que se realicen las actuaciones necesarias para solucionarlas. En caso de que el informe sea favorable, su vigencia será de diez años. Cuando se inició la tramitación del decreto, la Xunta recordó que habilita cada año ayudas para acometer obras como las que pueden necesitar los edificios inspeccionados. Invertirá en esas líneas de subvención 12,7 millones de euros, según avanzó. Aunque el anteproyecto no recoge multas, estas sí están previstas en la Lei do Solo: saltarse la inspección puede suponer una sanción de entre 300 y 6.000 euros. 

Un registro

Adscrito al IGVS. La entrada en vigor del decreto supondrá la creación de Rexistro Galego de Informes de Avaliación dos Edificios, que estará adscrito al Instituto Galego de Vivenda e Solo y que se concibe como una herramienta para conocer la situación del parque de viviendas de Galicia y para diseñar las políticas públicas en materia de vivienda en la comunidad. 

Casi 97.000 construcciones anteriores a 1900 y 81.000 de los años setenta

De los 360.000 edificios de más de cincuenta años, más de una cuarta parte, concretamente 96.723, fueron construidos antes del año 1900. Más de 81.000 se levantaron en los primeros cuarenta años del siglo XX, 36.500 entre 1941 y 1950, 63.500 en los años sesenta, y 81.200 en los setenta. En Vigo tendrán que pasar inspección casi 19.000 edificios, un 53 % del parque de viviendas. En A Coruña tendrán que ser revisados 8.200, un 55 %; en Ourense, 6.700 (44 %); en Lugo, 6.500 (44 %); en Santiago, 7.100, un 41 %; en Pontevedra, 5.800 (49 %); y en Ferrol, 5.500, el 52 % del total de viviendas. Entre las cabeceras de comarca, la que tiene más porcentaje de edificios en el marco de la inspección es Viveiro, con el 68 % (2.900), y la que menos es Carballo, con un 37 % (2.700). 

El coste del informe

En cuanto al precio que las comunidades de vecinos o los propietarios tendrán que pagar por el informe, desde el Colexio de Arquitectos dicen que dependerá de muchos factores, como la superficie, el uso o el estado de conservación. Fuentes consultadas estiman que el coste medio puede oscilar entre los 1.500 y los 1.800 euros por edificio. A mayores, las obras que haya que realizar, si es el caso.

Carballo: muchas viviendas nuevas, pero un elevado porcentaje de ellas vacías

El actual Carballo nació alrededor de un balneario redescubierto hace 300 años de muy posible origen romano, y por aquí pasaba también una de las vías norteñas de aquellas legiones, recordada en algunos hitos o monolitos. Pero la carretera que le dio la expansión fue la comarcal AC-552, y no fue hasta principios del siglo pasado que la villa empezó a crecer y a crear una malla urbana importante. Por eso no hay muchos edificios antiguos. Por eso, y porque gran parte de los que había se tiraron durante la fiebre de los 70 y 80, sepultando algunos emblemas que solo resisten en las fotos sepia y en la cabeza de los mayores, a donde se echan las manos cuando recuerdan esos cambios. «Esa época fue bastante negativa, sí», señala el arquitecto municipal, Alfredo Garrote.

Ese nuevo Carballo no respetó unas reglas claras de armonía urbanística, que se están recuperando en los últimos tiempos con esfuerzo e inversión. En viviendas, el bum precrisis supuso la construcción de centenares de pisos, con estética más racional. «La evolución ha sido bastante buena», reconoce. Además, se han ido aplicando medidas de mejora, por ejemplo de ahorro energético, con nuevas fachadas. El buen camino se ha visto reflejado incluso sin PXOM, aprobado en febrero del 2016, tras la anulación judicial del de 2003. Durante un tiempo rigieron las normas subsidiarias de los 80, y se temía un caos, pero todo estuvo bajo control. Pero hay aspectos que se escapan a él, como una enorme bolsa de más de 8.000 viviendas vacías, nuevas y antiguas, la gran mayoría en el casco urbano, que aglutina 20.000 de los 31.343 habitantes del municipio.

El arquitecto carballés Fernando Añón, que trabaja en el municipio (y en otros), considera que la salud de las viviendas de Carballo no es mala: «Aquí non se fixeron barbaridades. Nunha houbo problemas de aluminose ou dese estilo. Os solos non son malos. Se hai que citar algún problema, as humidades, pero non hai ruínas nin riscos». Considera que sí podría haber algo más de mantenimiento, porque al final la comunidad actúa cuando algo falla, pero no tanto para prever el fallo, y de ese modo se podrían evitar gastos posteriores. «Fai falta máis conciencia de mantemento», apunta. 

Viveiro: el 90 % de las edificaciones del casco urbano superan el medio siglo

El 90 % de las edificaciones del casco histórico de Viveiro superan ampliamente el medio siglo. «El catastro de casi todas dice que fueron construidas en 1880, el año a partir del cual se tienen datos», explica Ana Coya Guerrero, arquitecta de la Oficina de Rehabilitación del Casco Histórico, que subraya que en la ciudad del Landro existen construcciones «que son joyas arquitectónicas». La especialista comenta que en los setenta se produjo en la zona «un bum urbanístico parecido al de los años 2000». «En el casco antiguo se hicieron muchas construcciones nuevas, que son las que se ven de hormigón, donde ya incluso los balcones y las galerías se hicieron también de hormigón. Arquitectónicamente fueron unos años muy malos», añade.

Desde que entró en funcionamiento en el año 2000, la oficina de rehabilitación viveirense ha tramitado infinidad de expedientes. «En estos años se han rehabilitado muchísimas, y muchas de forma integral. Edificaciones que estaban prácticamente en ruinas y que los propietarios decidieron arreglar para ponerlas en uso», explica Goya, que detalla que calles como Luis Trelles, que tenían el pavimento de tierra, «tuvieron un resurgimiento importante». Con todo, reconoce que hay otras que «necesitan un buen meneo». «Somos conscientes de que necesitan rehabilitaciones importantes», expone.

«Enamora a la gente de fuera»

La gente que vive todo el año en el casco es sobre todo gente mayor cuya vida transcurre en él «para ir a tomar café, ir a la farmacia, hacer compras...». «Pero es un casco histórico que enamora a la gente de fuera», abunda la arquitecta, que destaca que a principios de este siglo mucha gente, especialmente de Madrid, compró y rehabilitó edificaciones para destinarlas a segunda vivienda en verano, Navidades o Semana Santa. Hicieron rehabilitaciones integrales importantes. Quienes habitan el casco a diario, en cambio, hacen rehabilitaciones más pequeñas, de cambios de cubiertas, carpintería exterior... «Son actuaciones más de mantenimiento y conservación». Tras el parón por la crisis, Goya señala que vuelven a detectar interés y preguntas sobre subvenciones. «Pero ahora son más temerosos, van con más cuidado», dice.

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