Portugal inicia su descentralización

El Gobierno luso da más peso y democratiza sus incipientes órganos regionales. Alcaldes del Norte ven una oportunidad para estrechar las relaciones con Galicia

 El primer ministro portugués, Antonio Costa, en una sesión de la Asamblea de la República
El primer ministro portugués, Antonio Costa, en una sesión de la Asamblea de la República

vigo / la voz

«Un euro invertido por una cámara municipal vale tres o cuatro veces más que el destinado a proyectos para un municipio por el Gobierno central. Sin intermediarios, multiplicamos por tres su rentabilidad». Fernando Nogueira, alcalde de la fronteriza Vilanova de Cerveira, considera que ha llegado el momento de hacer valer esa mejor gestión de los fondos públicos y que para ello Portugal se descentralice, que dé poder de decisión y medios a los ayuntamientos, «la institución más cercana a los ciudadanos y que mejor conoce sus necesidades».

Y Portugal se ha puesto a ello. El Gobierno del socialista Antonio Costa acaba de impulsar un cambio histórico en un país enormemente centralizado. Lisboa dejará de nombrar a dedo a los responsables de los cinco burocratizados organismos regionales del país, sus Comisiones de Coordinación y Desarrollo Regional (CCDR), hasta ahora conglomerados de representación del Ejecutivo central y gestores de programas financiados por fondos de la Unión Europea. En septiembre, los presidentes de las comisiones del Norte, Centro, Alentejo, Lisboa y Algarve serán elegidos por los alcaldes de los municipios que integran cada una, y los concejales y presidentes de freguesías (equivalente a la parroquia) designarán al resto del pleno, en el que el Gobierno se reservará, eso sí, una vicepresidencia y la potestad de cesar a todos los cargos.

Así comenzará la descentralización que el primer ministro luso pretende cocinar a fuego lento, y en la que la elección directa por la ciudadanía de los responsables de las áreas metropolitanas constituirá el segundo paso hacia una regionalización que sus defensores tratan de alcanzar esta vez con el trabajo político avanzado para lograr después un respaldo social que aún no se ha formado en Portugal.

En 1998 los portugueses rechazaron en referendo la organización del país en cinco regiones, las que ahora se pretenden rearmar. No fue a votar ni el 50 % del censo, con lo que la propuesta decayó, además de tener un 65 % de votos en contra, pese a que la regionalización está contemplada en la Constitución.

Dado el primer paso

La nueva ley que hace que las comisiones de coordinación pasan de ser órganos del aparato de la administración estatal a organismos regionales, ha sido publicada el día 17 en el Diario de la República, con lo que el primer paso ya está dado. Alcaldes de la raia, como el de Vilanova de Cerveira o el de Viana do Castelo, José María Costa, consideran que el cambio entraña una oportunidad para reforzar los lazos de relación con Galicia y el resto de las comunidades españolas limítrofes. El alcalde de Viana, notable defensor de las relaciones con Galicia, advierte que el cambio debe ser aprovechado para dar pie a «un proyecto más profundo de cooperación transfronteriza, con más relación directa entre ayuntamientos, empresas e investigación» de ambos lados de la frontera. Llama a evitar el peligro que advierte puede convertir a los órganos regionales en un mero «sindicato de alcaldes» al que se trasladen las peleas partidarias de la política nacional.

El alcalde de Cerveira añade otro temor: que «el centralismo de Lisboa se cambie por el centralismo de Oporto», defendiendo una amplia descentralización, ya que tiene claro que los portugueses no quieren «añadir otro cazo más, otro gasto administrativo», como cree que la mayoría percibe en su país que han causado las autonomías españolas. «Hay que tender a fórmulas que reduzcan los costes, sean flexibles y productivas», define.

Fuentes de la representación internacional de Portugal señalan que el cambio en el liderazgo de las cinco regiones dará, especialmente a la del Norte, un mayor peso político y capacidad de decisión en sus conversaciones con la Xunta. «De un lado, en Galicia, hay un presidente electo y del otro, en el Norte, un mero interlocutor sin poder y dependiente de Lisboa. Eso cambiará».

Un país que recela del autonomismo español y que da peso político a los regidores locales

El alcalde de Oporto, Rui Moreira, es uno de los más fervientes defensores de la descentralización política de Portugal. Le enerva tener que depender de Lisboa para poder dar el visto bueno a proyectos de rehabilitación en el casco urbano de su ciudad, o que el metro de la segunda ciudad lusa sea dirigido prácticamente desde la capital. Moreira aboga por reflejar esa apuesta por el municipalismo con una reforma constitucional, pero los alcaldes de las ciudades medias y pequeñas temen que el refuerzo de las regiones acabe por traducirse en un mayor poder en favor de las grandes urbes. «Oporto, Gaia, Matosinhos van a ganar cota de poder con el nuevo esquema regional al ser elegido el presidente de cada una por los alcaldes de cada zona y el resto del pleno por las corporaciones», prevé el gallego Francisco Carballo, profesor de Economía en la Universidade do Miño (Braga) y presidente de la Asociación Portuguesa de Economía Regional.

Alcaldes con poder

Explica Carballo Cruz que en un país que carece de administración intermedia entre Gobierno y ayuntamientos se ha propiciado que los alcaldes tengan mucho peso político, «sobre todo los que físicamente están más lejos de Lisboa». Como analista y conocedor de la opinión pública portuguesa, reconoce que la mayoría recela de un sistema administrativo y político como el autonómico español, «no tiene buena prensa aquí, y situaciones como la del coronavirus con diferentes administraciones en disputa refuerza esa idea», añade.

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