Familias de las escuelas A Galiña Azul piden que la comida sea de proximidad

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Un niño comiendo en una escuela infantil en una imagen de archivo
Un niño comiendo en una escuela infantil en una imagen de archivo MARCOS MÍGUEZ

La normativa gallega exige que el proveedor sea local, pero no dice nada del producto, que ahora llega de Polonia o Valencia

29 jul 2024 . Actualizado a las 11:14 h.

Las familias de doce escuelas infantiles de A Galiña Azul, de la red del Consorcio Galego de Servizos de Igualdade e Benestar (Consellería de Política Social), quieren que sus hijos coman productos de proximidad. Es decir, frutas y verduras de temporada, pescado fresco y la mínima carne. Sin embargo, el menú que se les ofrece cumple todas las normas sanitarias y de seguridad, eso no lo dudan, pero no incluye esa cercanía: la carne llega de Polonia o, con suerte, de Valencia, y el pescado es congelado.

Desde la Consellería de Política Social se recalca que las empresas suministradoras cumplen con toda la normativa. En el 2019, la Xunta obligó a las empresas a optar por proveedores de proximidad después de un rosario de casos leves de alergia en diferentes comedores de A Galiña Azul. Y efectivamente, así hizo, pero esos proveedores locales, a su vez, traen los alimentos de diferentes partes del mundo, ya no de Galicia o España. Una familia solicitó la trazabilidad de los productos y se encontró con que la carne venía de Polonia y el pescado dejó de ser fresco para pasar a ser congelado. «Sabemos que é legal —dice una madre del colectivo que protesta— pero pensamos que non é lóxico que a carne percorra 3.000 quilómetros para chegar aos pratos dos nosos fillos».

Lo primero, la seguridad

El gerente de la empresa en cuestión, Xavier Freire, explica la situación: «No fondo, estamos absolutamente de acordo con estas familias, e na medida que nolo permite a forma de traballar, apostamos por iso [cita platos de pollo y de verduras]. Pero a nosa primeira preocupación é a seguridade alimentaria, e hoxe non hai un sistema de ningunha cadea de distribución que nos garanta a calidade e seguridade da carne para 82 escolas e 4.000 crianzas cada día». Según la normativa, la carne fresca debe servirse como máximo tres días después del sacrificio de la pieza o, en el caso de la congelada, ha de tratarse en ese período. La cadena es larga: productor, matadero, despiece y distribución a las escuelas de toda la comunidad.

En mal estado. Las AMPA se quejan de que en muchos centros hay un mal mantenimiento de las instalaciones, como en la escuela de Ferrol-Esteiro, donde hay numerosos desperfectos provocados por filtraciones del tejado. Algunas puertas ya no cierran y hay goteras. Desde la consellería se recuerda que la atención de los espacios educativos en tanto su mantenimiento es competencia municipal.
En mal estado. Las AMPA se quejan de que en muchos centros hay un mal mantenimiento de las instalaciones, como en la escuela de Ferrol-Esteiro, donde hay numerosos desperfectos provocados por filtraciones del tejado. Algunas puertas ya no cierran y hay goteras. Desde la consellería se recuerda que la atención de los espacios educativos en tanto su mantenimiento es competencia municipal.

Algo similar pasa con el pescado fresco, dice Freire: «Nós servimos 3 toneladas de peixe fresco á semana, non hai porto que garanta esa produción da mesma especie» para servir en todas las escuelas infantiles. Lamenta Freire que Galicia no tenga industria para atender la alimentación de grandes colectivos repartidos por el territorio, y cree que habría que abrir un debate sobre el asunto. Ante la pregunta de si él se ha planteado crear una empresa que englobe todo el proceso, no lo duda: «Encantaríame. Penseino moito, pero non teño musculatura financieira para facelo».

En el grupo de padres que se está movilizando hay familias de centros de tres provincias gallegas: son de escuelas de Ferrol, A Coruña, Cambre, Ourense, Pontevedra, Vigo y Vilagarcía.

Todos ellos reclaman «unha alimentación de calidade para o alumnado das nosas escolas» porque entienden que es fundamental que la escuela pública a edades tan tempranas sea un ejemplo de calidad y equilibrio en tanto la alimentación sienta las bases de la salud infantil. Quieren también «información por parte do Consorcio ás familias sobre o tipo de produtos que utiliza», y que el propio Consorcio dé «explicacións sobre a súa xestión», porque exigió proveedores locales para evitar la contaminación cruzada de los alimentos pero eso a día de hoy no está garantizado, explican los padres: «Que contaminación cruzada se evita se aínda que merquemos nun establecemento do lado da escola, o alimento segue tendo tantos procesos e recorre tanto quilometraxe?».

La protesta de las familias no es solo una queja, sino que aspiran «a realizar algún cambio en cuanto a comedores de cara al curso que viene», explica una de las madres afectadas. Y apunta en una dirección: la iniciativa de ecocomedores. Curiosamente, Xavier Freire explica que ellos han solicitado adscribirse a este programa.

Danay es la cocinera de la escuela A Caracola, en A Coruña
Danay es la cocinera de la escuela A Caracola, en A Coruña CESAR QUIAN

el proyecto de ecocomedores escuela infantil municipal a caracola

«Nuestros menús cuestan 1,5 euros por niño»

La pequeña cocina de la escuela infantil municipal A Caracola (A Coruña) huele de maravilla. Son las once de la mañana y dos bandejas de churrasco esperan para ser repartidas en una jornada muy especial, porque toca pícnic: ensaladilla, gazpacho de tomates de Vilasantar y churrasco hecho con cerdo de castañas. Este menú es una excepción propia del mes de julio, pero tiene tanto éxito como cualquier otro día. «Hay una tabla con las cantidades por niño, pero los nuestros comen bastante más», dice Danay, cocinera del centro. Y eso que sirven siempre 100 gramos de verdura por niño.

Por un menú como el de A Caracola es por lo que luchan las familias de A Galiña Azul. Los lunes hay huevo, los martes tocan legumbres, los jueves son para la carne y los miércoles y viernes, pescado. Todo de proximidad.

Beatriz Ferreira dirige la escuela, donde 82 niños de cero a tres años acuden cada día. Ella es una de las impulsoras de los ecocomedores, un colectivo de centros educativos que apuesta por alimentos de temporada y de cercanía que compran a productores locales.

Saben qué pueden esperar en cada temporada: «Los tomates se toman ahora, en septiembre y octubre, nada más». Cada semana reciben una lista de sus proveedores de verduras con lo que les ofrecerán la semana siguiente: en la última de julio tendrán acelgas, ajos, calabacines, cebollas, lechugas, pimientos de Padrón, rabanitos sin hoja, remolachas, repollos, tomates y berzas. Las opciones de pescado las conocen los martes y jueves, víspera del día de consumo, cuando llaman desde Pescados Loureda.

En la cercanía y temporalidad está la clave de que la compra sea sana, sabrosa, variada y barata. Ferreira explica: «El menú nos cuesta 1,5 euros de alimentos por niño, porque compensamos el día que toman legumbres con el que tienen pescado». Los menús los hace una nutricionista y cumplen una serie de requisitos: «Siempre tenemos 100 gramos de verdura por niño, sea en ensalada, cocinada o en crema. La carne está contada, no abusamos de los cereales [arroz, patata] y no tenemos nada con azúcar y sí mucha fruta». Todo es fresco, y la ternera llega del día pero se congela en la escuela para disponer de ella cuando interesa: «Es de Biocop, en Ourense, tiene el sello de Craega [Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia] y tenemos toda su trazabilidad».

¿Cómo puede ser más económico comprar en pequeños productores que en grandes superficies? «En enero —explica Ferreira— nos dan el listado de precios, y no oscila», y lo ilustra con un ejemplo: «Una vez tuvimos que pedir carne al mercado de Elviña, que es donde compramos la fruta, y nos salía a 16 euros el kilo, cuando nosotros la compramos a 10,55 y es ecológica».

El éxito de la cocina de la escuela ha exigido haber cambiado la filosofía del centro. Y para eso es fundamental aceptar la temporalidad de ciertos productos: «Nosotros no podemos decir que vamos a dar una crema de calabacín en diciembre, y en nuestros menús aparece muchas veces ‘‘crema de verduras'' porque hasta la semana anterior no sabemos qué verduras habrá». Los 74 euros mensuales que pagan las familias —y que incluye además de los alimentos los gastos de energía y personal— no generan beneficios pero tampoco pérdidas.

Hay mucho trabajo más allá de un menú de cercanía: se genera compost, se recicla todo lo que se puede, se fomenta la lactancia materna (guardando la leche de las madres) o se usa para el lavavajillas un jabón especial, el mismo que utilizan en Inditex.

Sobre la comida de otras guarderías, Ferreira no se pronuncia, aunque asegura que el modelo de A Galiña Azul, con cocina en el centro, no es malo, aunque «los cocineros no pueden elegir el menú».