Bruselas estalla por la falta de seriedad del Reino Unido para pactar el «brexit»

La UE advierte de que la postura de Londres «tendrá consecuencias terribles»

Corbyn y el secretario laborista para la UE, Kevin Starmer, salen de la reunión en Bruselas.
Corbyn y el secretario laborista para la UE, Kevin Starmer, salen de la reunión en Bruselas.

bruselas / corresponsal

Al Reino Unido le quedan 35 días para decir adiós a la Unión Europea y su gobierno sigue sin saber ni cómo lograr el apoyo de Westminster al acuerdo de salida ni cómo afrontar el divorcio. El caos en Londres es absoluto. El Partido Conservador y el Laborista se desintegran. Theresa May ha agotado el escaso capital político que le quedaba en Bruselas, pero ella sigue fingiendo que está cerca de conseguir nuevas concesiones de los Veintisiete.

La visión ilusoria del equipo británico contrasta con el sentimiento de enfado, decepción y hartazgo que manifiestan los líderes europeos. El negociador de la UE, Michel Barnier, lo dejó claro ayer: «No necesitamos más tiempo, lo que necesitamos son decisiones del Parlamento británico». Nada más que eso. Y mientras May no sea capaz de avanzar hacia un consenso con los laboristas, a los que necesita para sacar adelante el texto del divorcio, no habrá nada que hablar en Bruselas. «El proceso está en un momento de bloqueo. Estamos esperando a que nos diga cómo ve las cosas y qué quiere hacer», declaró el galo, quien recibió ayer en la capital comunitaria al líder laborista, Jeremy Corbyn, con quien comparte la idea de abrir la puerta a una unión aduanera entre el Reino Unido y la UE para evitar la frontera dura entre las dos Irlandas y proteger la integridad del mercado único.

El británico abandonó la ciudad con una sensación de vértigo difícil de sacudirse y advirtiendo a sus paisanos de que la situación se está poniendo «muy seria». ¿Podrán pedir tiempo muerto a la UE? Esa opción cada vez se aleja más: «Es una pregunta compleja y difícil de responder», deslizó con inquietud. También culpó a May de jugar con la amenaza de un brexit sin acuerdo para forzar la luz verde de Westminster.

Aunque la premier tendrá otra cita de primer nivel en Bruselas antes de que termine el mes, nadie confía ya en que la tory vuelva con un plan. Por eso la UE le está preparando las maletas al Reino Unido. «Mis esfuerzos se orientan a evitar que suceda lo peor, pero no soy muy optimista», aseguró ayer el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.

El luxemburgués aplaudió los esfuerzos de su equipo por lograr un brexit de forma «civilizada y bien pensada», pero el gallinero político en Londres ha echado por tierra todo el trabajo: «Siempre votan por una mayoría en contra de algo», les reprochó, sin esconder su indignación por la falta de responsabilidad y decencia de los partidos británicos. A ellos responsabilizó de las «terribles consecuencias» que puede acarrear una salida abrupta.

Ánimos por los suelos

Los ánimos están por los suelos. Los funcionarios comunitarios respiran hondo para contener la impotencia, a los negociadores ya les empieza a pasar factura el diálogo de sordos que mantienen con el Gobierno de May y los británicos empiezan a asomarse al abismo que tienen frente a sus narices.

Para Juncker, el proceso del brexit ha sido «un desastre», «es deconstrucción, no construcción, es el pasado, no el futuro». Un sentimiento compartido por las 27 cancillerías europeas. «Es absolutamente irracional», aseguran altas fuentes diplomáticas, que no ven ninguna luz al final del túnel a la que aferrarse. ¿Por qué? May sigue a la suya: «El camino más simple de lograr cambios jurídicamente legales en la solución de emergencia es reabrir el acuerdo de retirada», insistió ayer su equipo. Barnier pone los ojos en blanco, a estas alturas: «No lo reabriremos», zanja por enésima vez.

Grieve amenaza a May: si insiste en un divorcio sin acuerdo, él y su grupo se irán

Los partidos Laborista y Conservador del Reino Unido podrían enfrentarse a nuevas renuncias de diputados en los próximos días, de acuerdo con el llamado Grupo Independiente, formado esta semana por once parlamentarios desertores de estas formaciones. Según la ex tory Heidi Allen, «un tercio» de sus colegas en la bancada que lidera Theresa May, están «hartos» con el rumbo que ha tomado la formación política por la «desastrosa» gestión que, a su juicio, está realizando el Gobierno británico respecto al brexit.

Especialmente contundente fue el antiguo fiscal británico Dominic Grieve, que reconoció que presentaría su renuncia al Partido Conservador si finalmente se produjera una salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) sin acuerdo. Grieve no es una pieza menor dentro del organigrama tory. Fue fiscal general en la etapa de Cameron y en las últimas semanas se ha convertido en una amenaza constante en Westminster por sus movimientos en pro de un nuevo referendo sobre la relación del Reino Unido con la Unión Europea.

Grieve tiene un grupo de afines que le secundaría y agravaría la posición de May. Otros tories veteranos y con prestigio, como el ministro de Economía, Philip Hammond, mantienen una posición cauta y evitan disipar las dudas existentes. Hammond, de hecho, se limitó a reiterar que el Ejecutivo hará «todo lo posible» para evitar ese escenario «perjudicial» para el país, aunque muchos esperaban más contundencia.

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