Líderes de España y Portugal reclaman unidad europea y un gasto en defensa que impulse la industria comunitaria

Brais Suárez
Brais Suárez LISBOA / E. LA VOZ

INTERNACIONAL

Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno; Amancio López Seijas, presidente de la Fundación La Toja; Margarita Robles, ministra de Defensa; Luís Planas, ministro de Agricultura; y el embajador Juan Fernández Trigo.
Mariano Rajoy, expresidente del Gobierno; Amancio López Seijas, presidente de la Fundación La Toja; Margarita Robles, ministra de Defensa; Luís Planas, ministro de Agricultura; y el embajador Juan Fernández Trigo. Brais Suárez

La ministra Robles prevé cumplir «muy anticipadamente al 2029» el compromiso de gastar el 2 % del PIB en seguridad

02 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Las últimas ediciones del Foro La Toja en Portugal son una cronología muy ilustrativa del vuelco que ha sufrido el orden internacional. Aun centrado, como siempre, en la «inquebrantable» unidad ibérica y la cohesión de las democracias liberales, este martes, todas las intervenciones giraron en torno a la necesidad europea de ganar autonomía mediante más flexibilidad, más innovación e inversión en defensa.

«La situación es la misma que hace un año: la gente sigue muriendo de forma terrible en Ucrania», dijo la ministra de Defensa española, Margarita Robles, que reconoció que «debemos hacer frente a nuestra propia seguridad» y tener muy en cuenta que «la unidad de los países europeos es nuestra fortaleza». Robles recordó que gastar el 2 % del PIB en defensa es un compromiso adquirido a la vez que el de enviar tropas a misiones de paz y modernizar el Ejército, y «España ha cumplido en dos de ellas». Eso no excluye la tercera, pero la ministra se negó a concretar plazos: «Desde hace siete años, el Gobierno tiene un programa muy serio y riguroso en materia de seguridad y paz. Anticipadamente, muy anticipadamente al 2029, cumpliremos nuestros compromisos», zanjó, explicando que el Ejecutivo se está reuniendo con distintos sectores porque «lo más importante es planificar nuestras propias industrias».

La opinión de Robles fue la tónica general de todo el foro, empezando por su homólogo portugués, Nuno Melo, que comentó cómo las inversiones de su cartera han impulsado «astilleros que hace nada estaban en la ruina». Melo fue el único en intentar separar «el aliado histórico que es EE. UU. de su actual Administración». Pero, previamente, el ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, ya había sido conciso en ese sentido: «La gran verdad es que nuestro histórico aliado nos dice de una manera brutal que ya no lo es», apuntó. «Hemos estado viviendo de la gorra de nuestro amigo americano y EE.UU. tiene derecho» a dejar de proteger a la UE. Sin embargo, Borrell también advirtió de las terribles consecuencias que tendrá otra de las decisiones clave de Donald Trump, que es cortar la ayuda de cooperación canalizada a través de USAID: «Nos preocupan los aranceles, pero desde el punto de vista de equilibrios mundiales y cuestiones humanitarias, [acabar con la USAID] no solo será una catástrofe humanitaria, medida en muertos, sino que provocará enormes giros geopolíticos y desafiará nuestra seguridad», insistió en varias ocasiones el español. Pidió que Europa no cayera en el mismo error, como ya ocurre en el Reino Unido.

«Claro, el Reino Unido lo hace para gastar en defensa», le replicó, sarcástico, el exministro de Exteriores portugués, Augusto Santos Silva, una de las pocas voces discordantes: «La diplomacia no es solo repetir los discursos de los ministros de Defensa», reclamó. «Eso tiene consecuencias fatales, como la incapacidad de estrechar relaciones con Latinoamérica» y otros actores. «EE.UU. tiene 31 bases militares en Europa para defender sus intereses, y no los nuestros», criticó. Además, el portugués recordó que el aislacionismo de Washington está dejando plena libertad a su principal rival, China, para ganar influencia, algo que solo Europa puede contener.

Si Santos Silva fue el único discrepante, Mariano Rajoy fue el optimista: «Europa sigue siendo una tierra de paz y democracia, lo que todo el mundo aspira a ser», recordó, aun reconociendo que «tiene que hacerse mayor» y dejar de subarrendar su seguridad.

Paralelamente, el debate estuvo atravesado por la sombra de los aranceles estadounidenses, lo que sirvió para que varios ponentes defendieran la urgencia de ampliar miras y cerrar el acuerdo entre la UE y Mercosur. «Es una cuestión de Estado para España y Portugal. Está bien hablar de soberanía estratégica y de defensa, pero debemos también hablar del pilar alimentario», demandó el ministro español de Agricultura y Pesca, Luís Planas. «En este momento, el destino se une a la oportunidad», concluyó.