Ana Isabel Sánchez, nefróloga: «Probablemente los trasplantes a partir de células madre aparecerán en el futuro»

ENFERMEDADES

La especialista estrenará el sillón 33 de la Real Academia de Medicina, que por primera vez incluirá la especialidad
31 mar 2025 . Actualizado a las 11:36 h.La primera vez que se biopsió un riñón en España fue a mediados de los años cincuenta del siglo pasado. En 1958, aquellas primeras experiencias que habían empezado en la Fundación Jiménez Díaz, fueron recopiladas y contadas en la Revista Clínica Española. El primer artículo fue firmado por dos catedráticos de Urología y de Patología y Clínica Médica, porque por entonces la nefrología era una necesidad que empezaba a intuirse, pero no una realidad. Sesenta y siete años después, esta especialidad dedicada al riñón ha logrado sentarse por primera vez en la Real Academia Española de Medicina. Reposará su conocimiento sobre el sillón número 33 y estará representada por una mujer, Ana Isabel Sánchez Fructuoso, jefa del servicio de Nefrología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y profesora titular de Medicina en la Universidad Complutense. Tras una vida especializándose en el trasplante de riñón, acerca ahora su conocimiento a la gran academia.
—¿Cómo es posible que no haya existido hasta el año 2025 un sillón para la nefrología?
—Porque es una especialidad bastante nueva, de las más jóvenes. Probablemente sea esa la razón. Pero sí, ha costado.
—Bueno, bastante nueva... La gente que nació por esos años ya está jubilada.
—(Ríe) Sí, es verdad. Ha sido una gran alegría. Me ha hecho una gran ilusión y supone el premio a un trabajo realizado durante muchos años.
—¿Qué implica que ahora el riñón tenga este espacio?
—Creo que es el momento de acercar la nefrología a la academia, de hablar de la importancia que tiene la insuficiencia renal crónica en España y en el resto del mundo ya que, probablemente, en los próximos años vaya a convertirse en una de las primeras causas de mortalidad. También ayudando a hacer una revisión al diccionario de la Academia. Por supuesto, servir de ayuda a los estudiantes y a la población general.
—El riñón, antes de la nefrología, ha estado bajo la jurisdicción de otras áreas. ¿Hoy comparten trabajo con la urología, por ejemplo?
—Realmente no. Solamente hay un área que llevamos cardiólogos, nefrólogos e internistas, que es la de la hipertensión. Pero, a excepción de los tumores renales que forman parte del día a día de los urólogos o ciertos aspectos relacionado con la litiasis, todo lo demás lo llevamos los nefrólogos. Las enfermedades renales parenquimatosas las llevamos nosotros, también todo el tratamiento sustitutivo de la función renal: tanto diálisis como trasplante.
—Antes de la especialidad, ¿quién se ocupaba de los riñones?
—Fundamentalmente, internistas. Cuando empezaron a realizarse las técnicas de depuración extrarrenal, la hemodiálisis y la diálisis peritoneal, fue cuando se fue separando un poco más de la Medicina Interna. A raíz del desarrollo de estas técnicas de sustitución de la función renal, fuimos especializándonos cada vez más. Dentro de la nefrología hay muchas subespecialidades, no se puede estar al día en todo. Así, una serie de compañeros se dedican a las técnicas de diálisis, otros a trasplantes de riñón y otros más a la nefrología clínica, donde están más presentes las enfermedades renales parenquimatosas.
—Sin embargo, y pese a que hablamos de cómo surgió la especialidad, la práctica clínica vuelve ahora a tratar de implicar a otras áreas; a consultas interdisciplinares aprovechando las convergencias en el llamado eje cardio-renal.
—Hemos montado una consulta disciplinar con cardiología por el tratamiento de, precisamente, el síndrome cardio-renal. A veces, por enfermedades cardiológicas, el riñón puede no funcionar adecuadamente; otras veces, una enfermedad del riñón conlleva mucha patología cardiovascular. Cada vez estamos más unidos. Hemos creado otras consultas multidisciplinares como la onconefrología,ya que cada vez se consigue más supervivencia en el tratamiento del cáncerdonde estamos consiguiendo cada vez una mayor supervivencia, porque cada vez disponemos de más opciones terapéuticas. Pero muchas veces estos tratamientos son nefrotóxicos y requieren consejo de nuestra especialidad. Tenemos mucha subespecialización, pero también muchas unidades de práctica clínica integrada. Creo que es ahí donde está la riqueza. Ahora también hemos creado un comité con los pacientes con tumores hematológicos, que tienen, muchas veces, repercusión renal.
—Desde que empezó a pasar consulta hasta hoy, ¿qué cosas que forman parte del día a día le hubiese costado creerlas cuando comenzaba?
—Yo me he dedicado fundamentalmente al trasplante de riñón. Hemos mejorado mucho, sobre todo gracias a los progresos en el tratamiento inmunosupresor. Cada día somos capaces de hacer trasplantes desde donantes más complejos a receptores más complejos. Hemos mejorado también mucho al tratamiento de infecciones, y el bum del VIH ayudó mucho en este sentido. Hemos sido capaces de hacer trasplantes que antes no se hacían, como los de grupos sanguíneos incompatibles. También diagnóstico de biomarcadores que identifiquen problemas que puedan tener estos enfermos. Ahí se ha evolucionado mucho. La diálisis se ha mejorado en cuanto a técnicas, por supuesto, pero todavía no hemos conseguido tener un riñón artificial real. Cada año vamos haciéndolo mejor, con más tolerancia a la diálisis, con membranas más biocompatibles; y en cuanto a la nefrología clínica, han aparecido fármacos muy prometedores en el tratamiento de algunas enfermedades.
—El santo grial del trasplante, sigue siendo, por un lado, alargar la vida de ese órgano; y por otro, encontrar alternativas a la inmunosupresión. ¿Son horizontes reales?
—El problema de la inmunosupresión es que si te quedas corto, aparece el rechazo; y si te pasas, vienen las infecciones y los tumores. Siempre buscamos un equilibrio. No es lo mismo la inmunosupresión en todos los enfermos. Tampoco es igual según el momento. Es más agresiva tras el trasplante y, según va pasando el tiempo, vamos disminuyéndola. Ahora se están buscando parámetros que nos ayuden a individualizar el tratamiento. Por ejemplo, la manera que tenemos actualmente de identificar un rechazo es haciendo una biopsia en el riñón. Se están buscando biomarcadores que nos ayuden a predecir un rechazo sin necesidad de someter al paciente a una biopsia, que evidentemente tiene riesgos. Se está trabajando mucho también en tolerancia, porque hay algunos enfermos que desarrollan tolerancia al órgano. Y también se está explorando el camino del xenotrasplante, de cerdos a humanos por ejemplo, lo que pasa es que hasta ahora los resultados no han sido todo lo buenos que se esperaban. Probablemente, en un futuro, aparecerán los trasplantes a partir de células madre. Aunque creo que será algo que yo no veré.
—Como decía, se prevé un importante aumento de la enfermedad renal. Los riñones sanos y las donaciones se van a convertir en un bien muy preciado.
—Es que el riñón, normalmente, es muy silente. Un paciente puede empezar con una enfermedad renal crónica sin que se presenten síntomas. Y cuando llega a la consulta de nefrología, puede que ya esté muy avanzada la enfermedad, por lo que es difícil ralentizar su progresión. Se está tratando de concienciar a la asistencia primaria de la importancia de realizar una analítica de orina a las personas de riesgo. Los pacientes hipertensos deberían tener, al menos, un revisión anual que incluyera una analítica de orina. También sujetos diabéticos, con antecedentes familiares de enfermedad renal o aquellos que estén tomando fármacos que puedan ser nefrotóxicos. Todo eso con el fin de hacer un diagnóstico precoz. Porque en muchos casos se puede tratar. Estamos intentando esto con la medicina primaria, al menos una analítica con orina de primera hora de la mañana, que no cuesta nada, en cualquier revisión de una persona con cierto riesgo.
—¿Por qué va a aumentar la enfermedad renal crónica?
—En primer lugar, porque la población está cada vez más envejecida. A medida que ganamos años, vamos perdiendo función renal. También porque otras enfermedades como la diabetes o la hipertensión, por los hábitos de vida que llevamos, están aumentando de forma importante. Además, en oncología hay nuevos fármacos que pueden dañar el riñón, o tratamientos retrovirales. Son factores que provocan que la enfermedad renal crónica vaya avanzando.