Los hábitos que contribuyen a tener párkinson: «Un animal no come y camina a la vez, mientras que nosotros sí»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Imagen cerebral de una persona con párkinson
Imagen cerebral de una persona con párkinson GE HEALTHCARE | EUROPAPRESS

Los expertos aseguran que el estilo de vida actual, que nos lleva a hacer diferentes cosas en simultáneo y que está marcado por la mala alimentación y el sedentarismo, favorece el desarrollo de la enfermedad de Parkinson

11 abr 2025 . Actualizado a las 14:12 h.

El 11 de abril es el Día Mundial del Párkinson, una patología neurodegenerativa que padecen cerca de 300.000 personas en España. Aunque está asociada a la edad, este factor no es en sí lo que causa la enfermedad. Son, más bien, un conjunto de elementos genéticos y ambientales los que, a lo largo del tiempo, pueden desencadenar su desarrollo. Por eso, cuando se habla de prevención, se hace cada vez más énfasis en los hábitos que podemos tener para contribuir a protegernos frente al párkinson.

En este sentido, el profesor José A. Obeso, académico de número de Neurología de la Real Academia Nacional de Medicina de España (Ranme), ha señalado que «hoy en día llevamos un estilo de vida pro parkinsoniano por la mala costumbre que tenemos de realizar varias tareas simultáneamente». A esto se suman factores como el estrés y el sedentarismo, puesto que todos ellos han sido vinculados a esta patología. Analizamos el impacto de la vida moderna en el riesgo de sufrir esta enfermedad y todo lo que podemos hacer para ayudar a prevenirla.

Factores de riesgo

Los elementos que contribuyen a que una persona desarrolle párkinson se pueden dividir en tres grupos. «Por una parte, estarían los factores genéticos; luego estarían los factores ambientales y luego el envejecimiento», explica el doctor Diego Santos García, coordinador de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), presidente de la Fundación Degen y ponente de las VI Jornadas de párkinson, evento que se celebra el 25 de abril en A Coruña.

La genética está detrás del 15 % de los casos, pero tiene más peso en los pacientes que debutan con la enfermedad a edades tempranas. Estas personas frecuentemente poseen una mutación genética que incrementa el riesgo.

En cuanto a los factores ambientales, Santos observa que la exposición a tóxicos y a pesticidas son dos de los más importantes. «Hay mucha literatura al respecto. La mayor contaminación del aire, así como la exposición a algunos fármacos, pueden incrementar el riesgo. Y luego, al revés, hay factores que se han vinculado en estudios epidemiológicos a una relación inversa con el párkinson, como el consumo de café o de antioxidantes. Sin embargo, es muy difícil en cada caso individualizado poder saber por qué el paciente tiene la enfermedad», detalla el neurólogo. 

Envejecimiento y párkinson

El párkinson se suele manifestar en las últimas décadas de la vida y esto es especialmente relevante en un contexto de creciente envejecimiento poblacional. Así lo explica Santos. «Las últimas estimaciones hablan de que la enfermedad se va a disparar de aquí al 2050 en relación con el estilo de vida de las personas», observa.

Esta relación de la enfermedad con el envejecimiento tiene una base biológica y evolutiva. «Aunque para nosotros a día de hoy es poco, la esperanza de vida biológica que calculan los antropólogos que tenía nuestra especie a lo largo de su evolución era de unos 60 años, como máximo. Resulta que vivimos más de lo que estamos programados para vivir y creemos que esto tiene consecuencias para nuestras neuronas dopaminérgicas, que ya de por sí están sobreexigidas en la vida moderna», detalla Obeso.

Sin embargo, otros grupos de edad tampoco están exentos de sufrir esta enfermedad. «Conforme aumenta la edad, la incidencia de la patología también se incrementa, pero no es un proceso provocado por la edad. Hay pacientes con enfermedad de Parkinson a partir de los 20 años y entre un 25 y un 30 % de los pacientes lo tienen antes de los 60», explica el profesor Obeso.

El doctor Diego Santos García, neurólogo (izquierda) y el académico José A. Obeso, de la Ranme (derecha).
El doctor Diego Santos García, neurólogo (izquierda) y el académico José A. Obeso, de la Ranme (derecha).

Neuronas sobreexigidas

Para entender la relación de nuestros hábitos y nuestro estilo de vida actual con el desarrollo del párkinson debemos remontarnos al origen de este proceso neurodegenerativo. «Comienza por afectar a unas neuronas muy concretas y específicas, que son las que generan dopamina. Estas son las que primero se atrofian y mueren, y son neuronas que se encargan de la realización de tareas o conductas en modo automático o habitual», explica Obeso.

Este sistema elaborado de neuronas que está presente en el cerebro de los mamíferos y, en particular, de los humanos, permite que seamos capaces de llevar a cabo diversas acciones y tareas en simultáneo, sin necesidad de tener un alto nivel de consciencia acerca de ellas. «Un ejemplo paradigmático es viajar en coche. Uno va conduciendo y no piensa en los cambios, el freno, la radio o una conversación al mismo tiempo, pero todas esas son tareas que uno puede estar haciendo al unísono», detalla el experto.

Este sistema neuronal, con las complejidades de la vida moderna, está sometido de manera constante a un nivel de exigencia elevado para el que no ha sido desarrollado. «Los humanos somos los animales que más simultaneidad en nuestra conducta tenemos. Un animal, por ejemplo, va a cazar, se llena el estómago al máximo y después vuelve donde estaba su manada y les lleva la comida. Pero no va comiendo y caminando, mientras que nosotros sí. Y cuando estamos comiendo y caminando, estamos usando tres o cuatro dominios diferentes del cerebro en paralelo, y lo hacemos sin pensar», ilustra Obeso.

En suma, nuestro cerebro «trabaja más con las mismas herramientas que tienen los cerebros de los monos o los roedores», sintetiza el académico de la Ranme. Esta ha sido una enorme ventaja para los humanos a nivel evolutivo. Sin embargo, «la evolución del encéfalo y la corteza cerebral del humano ha puesto una gran presión en las neuronas dopaminérgicas, que son muy vulnerables». Esta mayor exigencia que sufren nuestras neuronas podría estar detrás del hecho de que nosotros seamos los únicos animales que tienen enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer.

Prevenir el párkinson

Si pensamos en nuestra vida como una obra de teatro en tres actos, es fácil comprender que lo que hacemos durante los primeros dos es determinante para ese desenlace final del tercero. En otras palabras, nuestros hábitos durante la juventud y a lo largo de la vida adulta pueden ayudarnos a evitar la neurodegeneración en la etapa de la vejez. «Lo que hay que hacer es vivir mejor. Tener controlados los factores de riesgo cardiovascular, la hipertensión, la glucosa, los lípidos, el ácido úrico, el colesterol, el sobrepeso y el sedentarismo. Y todo ello está a nuestro alcance», apunta Obeso.

«Todo estilo de vida en el que haya más contacto con la producción de los alimentos es beneficioso. Pero en este sentido, vamos cada vez peor. Consumimos mucha comida procesada, hay gente joven que abusa de pedir comida por delivery y lo hace varias veces a la semana», observa el doctor Santos.

Por otro lado, combatir el sedentarismo también es clave para mantener sano nuestro cerebro. «En los pacientes de párkinson ralentiza la progresión y en las personas sanas, el ejercicio vigoroso durante la mayor parte de la vida reduce el riesgo de desarrollar la enfermedad», apunta el neurólogo del Chuac.

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A estos elementos básicos se suman dos factores que se relacionan con ellos de manera directa e indirecta, el sueño y el estrés. «Las alteraciones del sueño son muy frecuentes en los pacientes con párkinson y habitualmente tienen un descanso muy fragmentado. Se tienen que levantar muchas veces por la noche para ir al baño, a veces tienen dolor en la cama porque les cuesta moverse, o tienen un sueño más superficial, con pesadillas y agitación», señala Santos. Esto perjudica todavía más a un cerebro que ya se encuentra deteriorado.

Pero el telón de fondo de nuestros hábitos es el ritmo de vida que llevamos y que, como sostiene el profesor Obeso, es uno de los principales obstáculos si se trata de envejecer cognitivamente sanos. «De manera creciente, vivimos sobreexigidos de actividad y contamos demasiado con nuestro sistema automático para que se ocupe de todo, mientras nosotros atendemos a otras tareas. En este sentido, creo que el mundo digital es una fuente clara de aumento del riesgo para la enfermedad de Parkinson», advierte el experto.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.