La Xunta tiene desde el 2008 un plan para restaurar la muralla por tramos

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

El estudio plantea veinte unidades de actuación para hacer asumibles los costes

11 feb 2016 . Actualizado a las 21:55 h.

El programa del PP fue la fuente documental a la que se remitió el socialista Vicente Docasar para reclamar en el Parlamento de Galicia la reconstrucción por fases de la muralla medieval de Monforte. No resultó, sin embargo, un argumento suficientemente convincente. La propuesta naufragó el pasado viernes en la comisión de Cultura por el rechazo de los populares. La portavoz de ese grupo, Julia Rodríguez, no reniega del compromiso electoral, pero echa en falta algunos «pasos previos» a la recuperación de la antigua fortaleza. Entre ellos, la realización de estudios en profundidad sobre su valor y estado de conservación.

Se pueden plantear otro tipo de objeciones a la recuperación de la muralla de San Vicente, pero no la ausencia de datos exhaustivos sobre su importancia y la situación en que se encuentra. La Xunta de Galicia dispone desde hace años de un plan director elaborado bajo la supervisión del arquitecto José María Alonso Montero, al que se refirió Docasar en el debate de su iniciativa parlamentaria. El trabajo se entregó en febrero del 2008 a la Consellería de Cultura, que había solicitado su elaboración a través de la Dirección Xeral de Patrimonio.

El proyecto de consolidación y recuperación de la muralla encargado por la Xunta incorpora un estudio histórico realizado por el monfortino Jorge Vila Alonso, monitor de la escuela taller de Monforte en la etapa en la que se restauró el adarve entre la puerta de la Alcazaba y la Cárcel Vieja. El trabajo recoge datos poco conocidos sobre los avatares del monumento. Atribuye, por ejemplo, al séptimo conde de Lemos la cesión a los vecinos de las fincas intramuros en las que aún hoy se cultivan huertas y viñedos.

Primeros robos de piedra

Aquel gesto altruista se convertiría a la postre en un problema añadido para la conservación de la muralla, que hubo de ser reconstruida a raíz de los daños que sufrió en torno a 1468 por la revuelta Irmandiña. La introducción de cultivos dentro de la fortaleza en la época de Pedro Fernández de Castro habría propiciado que se descalzasen varios tramos para allanar los terrenos. También fue en aquella etapa histórica, por lo que parece, cuando surgieron «los primeros robos de piedra para hacer cercas y edificaciones».

La degradación de la muralla se iría acentuando en siglos posteriores, al tiempo que perdía sentido su original carácter defensivo. Según señala el plan director, hasta la década de los ochenta del pasado siglo se llevaron a cabo actuaciones aisladas en función «de necesidades o incidencias que había que resolver urgentemente». El estudio dirigido por Alonso Montero plantea, por el contrario, unificar «todas las actuaciones en una misma dirección». Para que sean «asumibles económicamente por las administraciones», delimita veinte zonas diferentes de intervención que se podrían acometer en fases sucesivas.