Más turistas y la misma caja, la paradoja del comercio monfortino

El CCU cree que hace falta un estudio para adecuar la oferta a los visitantes


MONFORTE / la voz

El turismo cotiza al alza en la Ribeira Sacra. Monforte, su población de referencia, saca tajada del creciente interés por conocer un territorio hasta hace poco desconocido y ahora candidato a la declaración de patrimonio de la humanidad. Los hoteles locales llegarán al cien por cien de ocupación en el apogeo de las vacaciones de Semana Santa. Si el tiempo ayuda, todos los pronósticos apuntan a que las calles del casco histórico estarán abarrotadas el fin de semana por la celebración de la Feira Medieval. ¿Otro agosto para el comercio? No tanto como se podría concluir a primera vista. Salvo en la hostelería, la avalancha de visitantes tiene todavía un peso bastante relativo en los balances de muchos negocios locales.

Por lo que parece, no solo sucede en Semana Santa. Tampoco la afluencia de visitantes deja tanto dinero en el comercio como cabría esperar durante los meses de verano. «El volumen de gasto no es ni mucho menos proporcional a la cantidad de gente que viene a Monforte», dice Ángel Folgueira, gerente del Centro Comercial Urbano (CCU). Esta es al menos, según precisa, la impresión que le transmiten la mayoría de los asociados. «Hay que valorarlo con cierta cautela, porque no disponemos de datos fiables», matiza.

Lo que considera incuestionable es que, desde su incorporación al CCU hace tres años, el turismo ha experimentado un salto cualitativo en Monforte. Muchos visitantes acuden a la sede de la asociación, situada en el torreón de la cárcel vieja, pensando que allí está la oficina de información turística. Y no es gente con raíces en Monforte que regresa a pasar unos días de descanso. «Hay muchos extranjeros que nos visitan, cada vez son más. En estos momentos, tenemos treinta socios apuntados a un curso de inglés», explica Folgueira.

«Es obvio que se vende más cuando hay más gente en Monforte, pero ese incremento no se traduce de significativamente en la economía del comercio», señala. El turismo parece haber venido para quedarse y desde el CCU insisten en que los negocios «tienen que estar preparados». «De poco sirve que haya gente o que los precios sean competitivos si el escaparate no resulta atractivo», opina el gerente de la asociación de comerciantes.

La frase más repetida

Folgueira cree que sería fundamental poder contratar un estudio en profundidad sobre esta cuestión para no disponer solo de percepciones subjetivas. Pero a falta de informes, hay que escuchar al comerciante. Y una de las frases más repetidas en los negocios es que «no hay dinero». «Es evidente que esa es una de las claves, la gente gasta menos que antes», corrobora el empresario monfortino Gonzalo López.

Está al frente de una fábrica centenaria de calzado que cuenta con una tienda asociada al CCU. En este establecimiento comercial se plantean ampliar el horario de apertura durante los fines de semana para «ir viendo cómo van las ventas». La vieja regla de aprendizaje por ensayo y error es, a juicio de los propietarios, la forma de dar con la tecla que permita sacar mayor partido del turismo.

Cuatro de seis clientes de fuera, la otra cara de la moneda en la calle Cardenal

En una tienda de moda situada en la zona peatonal del Cardenal, cuatro de los seis clientes que habían realizado compras a última hora de la mañana de ayer no eran de Monforte. «Siempre hablan contigo y te dicen dónde se hospedan y lo que les trae a la Ribeira Sacra», señalan en el local, uno de los que se decidieron a abrir los sábados por la tarde. En el último año, el turismo se ha dejado sentir especialmente en sus ingresos. «No es una barbaridad, pero sí se nota. Puede que influya también la ubicación», explican.

No muy lejos, en la plaza de abastos, el ambiente es más bien discreto. El colmado de Elke y Maruxa tiene una amplia oferta de quesos de la comarca, que en principio podrían tentar a los visitantes amantes de la gastronomía. Pero la Semana Santa, de momento, más que ser un acicate relentiza las ventas. «Está algo flojo porque mucha gente de aquí está fuera, y al final es la que gasta. Me lo decían antes de abrir y ahora veo que es así», dice la encargada. El turista siempre curiosea, pero de cada diez «compra uno».

Una oportunidad perdida

Gonzalo López, de Calzados Losal, comparte desde otro tipo de negocio ese diagnóstico. «El visitante gasta sobre todo en hostelería y a veces en algún recuerdo para llevarse, pero en ropa y calzado deja dinero solo si surge una necesidad», opina. Más allá del turismo, el empresario monfortino cree que el Ayuntamiento desperdició una ocasión de dinamizar el comercio con el frustrado proyecto de traer de nuevo la feria al centro.

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