TRIBUNA | O |
19 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.ESTOY con los vecinos del barrio de A Estación que piden que la futura Terminal intermodal del ferrocarril, siga ubicada donde está. Yo, que he vivido mi juventud en Paradai, entre humos de viejas locomotoras, silbidos de trenes sin prisa y campanas de aviso, pienso también que el lugar de la Terminal no puede ser otro que la vieja estación, la de siempre, la que todos los lucenses y lugueses llevamos dentro. Subir aquellas escaleras era como subir al paraíso. Para los del agro, los que veníamos a Lugo a conocer mundo, la Estación era el pórtico de la gloria. Me lo confesaba mi amigo Leopoldo Calvo-Sotelo, que revivía la estación de Lugo como una resurrección, para ir después por carretera a Ribadeo. Todos las ciudades tiene un punto sagrado y la estación de Lugo nos acerca a la Historia. Aquí llegaron y salieron reyes y celebridades, emigrantes y turistas, curiosos y negociantes. En este edificio, en sus vías y traviesas, está la historia de Lugo, la conciencia de un pueblo, el sueño de generaciones que soñaron partir o retornar, llegar o quedarse. Es recordar La Quiroguesa, vieja estampa de casa de comidas y fonda, o el hotel París para viajeros acomodados. Es la parada de los coches de línea de la empresa Trigo que tomábamos los de Pol y comarca de Burón. Es dolor, esperanza, nostalgia y ayer. Sin la Estación, este barrio será un suburbio.