Jaime Capellá participó en el concurso de mates de la Supercopa Endesa
31 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Gracias a una pizca de casualidad y a dos piernas como muelles, Jaime Capellá (Sarria, 1989) se ha convertido en un asiduo de la Supercopa Endesa. Hace alrededor de un mes, se enfundó una capa imaginaria por segunda temporada consecutiva para, durante el descanso de la final entre el Baskonia y el Barcelona, competir con otros tres saltarines en el concurso de mates celebrado en Bilbao. El exjugador no pudo hundir la bola en el aro, pero volvió a vivir una experiencia inolvidable en Miribilla.
La historia de Jaime Capellá (1,85 metros de altura) en la Supercopa de la ACB arrancó por casualidad. El jugador formado en el CB Sarria, estudiante universitario en Madrid, relata que «el año pasado, en la época de exámenes, fueron convocados dos concursos en Magariños. Yo acudí para participar en el de triples. Pero, una vez allí, vi que había cuatro gatos para el de mates. Así que cambié de idea. Realicé uno y conseguí que me seleccionasen para ir a Vitoria».
Abucheado en Vitoria
El sueño se hizo realidad en el Buesa Arena, la guarida del Baskonia. En el descanso de la final de la Supercopa 2010, un representante de cada una de las ciudades clasificadas para la cita (Vitoria, Madrid, Barcelona y Valencia) saltó a la pista para hacer un mate.
«Yo llevaba la camiseta de Madrid y, entonces, todo el mundo me empezó a pitar. Me acerqué al speaker y le comenté que yo era de Lugo. Lo anunció por megafonía, pero ya no hubo nada que hacerle. A los demás les aplaudían y a mí me tocó el abucheo», recuerda con una sonrisa Capellá.
En un ambiente tan hostil, el sarriano no consiguió su objetivo de hundir el balón en la red. Pero el destino quiso devolverle la oportunidad.
Hace poco menos de un mes, en Bilbao, Capellá volvió a ser seleccionado para tomar parte en el concurso de mates. Una vez más, se convirtió en el representante de Madrid. Y tampoco consiguió meterla para abajo. «La verdad es que llego bastante sobrado al aro cuando salto. Cuando estaba calentando, todo me salía perfecto. Pero después, me vi allí, en medio de miles de personas, con el speaker hablando, con los jugadores y la tele al lado... Me empezaron a sudar las manos y pasé muchos nervios», señala.
Pese a que no se proclamó ganador del concurso, Capellá guarda un gran recuerdo de sus dos irrupciones en la Supercopa: «La experiencia es increíble, tienes la oportunidad de hablar con los jugadores. En el jurado estaba Salva Guardia, ...». Lo peor, «que no dejan tiempo para calentar», explica. Eso sí, no dudará en repetir si el año que viene, por tercera vez, la organización le invita.