La asignatura pendiente de hacer del bus urbano un transporte competitivo

Los problemas del sistema de control en tiempo real han lastrado el servicio


lugo / la voz

El bus urbano lo tiene complicado para ser competitivo en Lugo. La obsolescencia de las líneas y la irregularidad en sus frecuencias lo lastran frente al coche. El servicio, operado por la empresa lucense Monbus, está pendiente de una reordenación que aumentaría significativamente su eficacia, integrando además sistemas modernos como el funcionamiento de los paneles informativos (que siguen desconectados) o la aplicación para móviles.

La actualización lleva muchos meses atascada y el Concello explicó en diferentes ocasiones que es por problemas técnicos con el sistema de ayuda a la explotación que ofrece información a tiempo real sobre la flota de autobuses (SAE). Precisamente el pasado mes de mayo, la alcaldesa Lara Méndez aprobaba vía decreto el pago del bus urbano y lo hacía con reparos de legalidad, «poniendo de manifiesto la no operatividad del SAE desde el inicio de la explotación del servicio (22-06-2017) por causas imputables al Concello por lo menos en la referencia al inicio de la prestación».

El plan de movilidad diseñado para Lugo, y encargado por el Concello a la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona hace ya una década, delataba las deficiencias del servicio. Apuntaba que la actual configuración de los autobuses en la ciudad amurallada respondía a una lógica radial, «teniendo la Ronda de la Muralla como itinerario obligado en todas las líneas». La consecuencia: un solapamiento «importante» de las líneas en la Ronda, Ramón Ferreiro o Avenida de Madrid. Diagnosticaban, desde esta agencia de movilidad referencia, que los tiempos de trayecto no eran competitivos y por eso la población se veía abocada a utilizar el coche. El informe proponía replantear el transporte público, rediseñando la red de buses en tres ejes de alta frecuencia que discurrirían de norte a sur, con ejes transversales de menor frecuencia. Para la zona rural, proponían un sistema a demanda como la mejor opción.

El número de usuarios se ha ido desplomando desde finales de los noventa y eso a pesar de que la población de Lugo ha crecido en más de diez mil habitantes respecto a 1999, también a pesar de que el servicio se ha ido encareciendo. Ha habido medidas puntuales que han amortiguado esta caída, como la puesta en marcha en el 2011 de la línea al HULA.

El transporte urbano ha sido uno de los puntos calientes de la campaña. Si Rubén Arroxo (BNG) intentaba demostrar que un simple grupo de Whatsapp era capaz de resolver el problema de geolocalización para controlar el transporte público, Olga Louzao (Ciudadanos) demostraba la ineficiencia del bus en Lugo recorriendo el trayecto desde Garabolos al centro en diferentes medios de transporte. El autobús tardó en el experimento de los naranjas 36 minutos, frente a los siete de la bicicleta.

Más bicicleta

Fomentar la bici es otra de las cuestiones que se quieren reforzar esta campaña. El PSOE lleva en su programa aumentar los kilómetros de carril bici para conectar zonas estratégicas. En los últimos cuatro años, Lara Méndez ha reducido la velocidad en vías principales de la ciudad, como la Ronda o Ramón Ferreiro para permitir la convivencia del transporte a pedales. También se instalaron 60 aparcamientos para bicicletas en diferentes puntos del casco histórico, aunque los diferentes colectivos echan de menos más y también algunos cubiertos, para poder utilizarlos también los días de lluvia.

Hay puntos concretos de congestión que continúan sin solucionarse

Hay puntos concretos en los que el tráfico será una cuestión importante. PSOE y BNG abordan en sus programas la peatonalización de zonas concretas de la Ronda da Muralla, como la Mosquera. El equipo de Lara Méndez ya redujo la velocidad en torno al monumento hasta los 30 kilómetros por hora con la idea de descongestionar el tráfico y permitir que conviviera con otros transportes, como la bicicleta. Los nacionalistas quieren además eliminar los semáforos y sustituirlos por rotondas.

Otro punto conflictivo de la ciudad es la Avenida de A Coruña. El plan de movilidad ya contemplaba este problema hace diez años y diagnosticaba reordenar el tráfico en sentido único. Ha sido una demanda social desde entonces y vuelve en las sucesivas campañas electorales. Ciudadanos planteó abordar este proyecto en la última carrera por las urnas, proponiendo aceras más anchas en la avenida, humanizándolas con mobiliario y arboledas y dejando un carril para la circulación de vehículos.

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