De vieja escuela de pueblo a templo del famoso cocido de A Fonsagrada

Un negocio de Santo André de Logares resiste en manos de la misma familia que lo fundó hace décadas


a fonsagrada / la voz

Los jóvenes de las zonas rurales en edad escolar viajan a diario para ir a colegios o a institutos de villas o de ciudades. Los que viven en esos sitios, generalmente hijos o nietos de la emigración que dejó el campo, viajan, aunque con menos frecuencia, a zonas rurales para darse el homenaje de una comida en la que el sabor tradicional sea más que una frase. En la parroquia fonsagradina de Santo André de Logares uno puede meterse entre pecho y espalda un contundente cocido en el mismo edificio en el que los más pequeños, hace bastantes décadas, se familiarizaban con las primeras letras.

Alicia Pérez Ferreirós está al frente de Casa Guillermo, establecimiento que heredó de sus padres y cuyo inicio se remonta a principios del siglo pasado. En la casa nació su madre, mientras que su padre era natural de la cercana parroquia de Carballido. El edificio también es conocido como el colegio, pues albergó la escuela de la parroquia antes de pasar a ser negocio. Surgió como taberna y estanco, dos perfiles que aún se observan hoy.

Tomó las riendas hace casi 20 años, al morir su padre. Ya echaba una mano, pero dejó el trabajo que tenía y dio continuidad al establecimiento. Antes, recuerda, no se daban comidas todos los días de manera regular y planificada, aunque al que llegaba con apetito no le faltaban unos huevos, unas lonchas de jamón o unos chorizos. También, hace años, fueron clientes fijos los que trabajaron en la electrificación de esa zona del municipio.

Como no podría ser de otro modo en A Fonsagrada, lugar famoso por su cocido, Casa Guillermo, al pie de la carretera que conecta este municipio con A Pontenova, ofrece el plato invernal por excelencia a los clientes con la particularidad de que la proximidad es marca de la casa. Basta con explicar, como dice Alicia Pérez Ferreirós, que las patatas son de cosecha propia para entender el concepto. Los clientes no pasan por alto esos detalles en el sabor: «Non ten nada que ver. Non é nada industrial», declara.

¿Que un negocio sobreviva a unos 20 kilómetros de A Fonsagrada es un ejemplo de que el medio rural puede resistir con alguna garantía? «Pode que repunte algo», afirma la dueña del negocio. La tranquilidad y el paisaje son alicientes, como ella reconoce, si bien la sensación de haber comido bien tampoco es desdeñable para quienes llegan al lugar: «Procuro atendelos ben», dice con buen humor.

El auge de compra de casas no ha llegado a este punto del oriente gallego, aunque se ha dado algún caso. Ella no duda de que se puede tener un negocio como el suyo, aunque advierte: «Vivir? Vívese, pero como complemento», explica.

Materia prima que sale de la cría propia

El que en Casa Guillermo come algunas carnes no debe pensar en la trazabilidad o en la proximidad; simplemente, toma alimentos elaborados tras una cría que efectuaron quienes están al frente del negocio. Lo que parece más complicada es la continuidad del establecimiento, pues Alicia Pérez Ferreirós tiene dos hijos y cada uno ha tomado su propio rumbo. De todos modos, también deja una puerta abierta y dice que las circunstancias influirán.

 Una casa de piedra restaurada y una vía mejorada

La casa se restauró hace años. La piedra y la pizarra no son elementos ajenos al lugar donde se construyó, de igual manera que su estructura permite reconocer sin asombro que albergó una escuela. Por otro lado, el que recorre la carretera que pasa por Santo André de Logares tiene hoy unas facilidades que parecían lejanas hace años, pues la vía estaba muy deteriorada. La parroquia está cerca de A Pontenova y también de Santa Eulalia de Oscos (Asturias). 

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