Lo que está por venir

MERCADOS

La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz
La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz Alberto Ortega | Europa Press

11 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La historia dirá cuál fue el primer mes de la recuperación económica postpandemia. En España, y a mi juicio, fue abril; aunque creo que el grueso de la opinión pública usará la retirada de la mascarilla como día de referencia. Lo cierto es que este mes, julio, es una excelente atalaya para divisar lo que está por venir.

En lo económico tendremos dos grandes ejes: la inflación y la creación de empleo. La subida de precios es una realidad, aunque no existe ninguna voz rigurosa que se atreva a decir lo que va a durar. Los bancos centrales la observan como coyuntural, y en consecuencia, no se plantean cambios relevantes de su política monetaria. En este sentido, los mercados al completo no despegan su vista de la Reserva Federal. Una vez más, la recuperación llegó antes a EE.UU. que a Europa y, por tanto, existe un cierto consenso de que lo que ocurre allí acabará sucediendo aquí. Lo cual, a grandes rasgos, es cierto, aunque nunca hemos de olvidar que Estados Unidos es, demográficamente, un país más joven que Europa y, en consecuencia, sus patrones de consumo son diferentes. En todo caso, lo que ya es una realidad es que han empezado las subidas del servicio de la deuda pública europea. Es decir, a los gobiernos cada día les resulta más caro financiarse, y ya se puede afirmar que más pronto que tarde veremos cómo desaparecen los tipos de interés negativos. Obviamente, este será un problema para los ministros de Hacienda, pero también tendrán alguna alegría. Un crecimiento histórico de la producción nacional, acompañado de tasas inflacionistas moderadas, reducirá drásticamente el peso de la deuda sobre el PIB. Es como si usted mañana es más rico porque le suben el sueldo doblemente, por ser más productivo y por acompañarlo al nuevo nivel de precios. Algo así, salvando la licencia pedagógica del ejemplo, le ocurrirá a nuestro país. Adicionalmente, veremos mejoras evidentes en el mercado de trabajo y, algo más, observaremos bolsas de desempleo y nichos de pleno empleo. De hecho, uno de los grandes retos de la ministra de Trabajo será crear puentes que trasladen a un desempleado de una orilla a otra. Algo difícil de conseguir cuando eres amigo de la regulación excesiva. Las rigideces de la burocracia casan mal con los nuevos vientos económicos. Mis abuelos vivieron una revolución industrial, mis padres otra, y los de mi edad ya llevamos dos, la tercera y la cuarta; y estaría dispuesto a afirmar que también veremos la quinta. En un mundo tan rápido, un programa académico no puede tardar dos años en aprobarse.

Lo cierto es que el optimismo empezará a sacudir nuestra sociedad y, con ese viento de cola, el gobierno iniciará sus grandes reformas: la laboral y la de pensiones. Visto lo anterior, en pensiones es de carácter menor, y a lo mejor es lo correcto; hoy un avance, y mañana otro. Este país no está preparado para debates de alta profundidad. Demasiado juego táctico. Me preocupa más Yolanda Díaz. Indica la ministra ferrolana que desea que al término de la crisis haya más igualdad que al inicio. Máxima a la que todos nos sumamos, y puede que, en economías subdesarrolladas, con elevados niveles de desigualdad y pleno empleo, haya que acudir a las políticas redistributivas, como plantea la ministra Díaz. Quitarle a unos para darle a otros. Pero en España, y sobre todo en estos momentos, la mayor política social es darle trabajo a quien no lo tiene. Lo que nos lleva a otro debate: cómo generar más crecimiento económico. Y de eso es de lo que deberíamos hablar a partir de ahora, porque ese es el río que alimentará todas las fuentes.