Matriculada con el número 3.033 y con la C de Coruña, esta motocicleta de la marca FN (abreviatura de Fabrique Nationale), construida en Bélgica en 1928, llegó a Galicia un año después y estuvo más de 50 años recorriendo incansable la costa noroeste coruñesa, primero como moto del cura de Buño y después como vehículo de correos. Hoy, con 90 años recién cumplidos por fin descansa cerca de carballo, ya restaurada, bajo la atenta mirada de su conservador, Ramón, un apasionado de las motos antiguas.
11 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Esta moto podría haber pasado desapercibida si no no llega a ser porque todavía es recordada, en pleno siglo XXI, por su característico sonido que hacía cuando en los años 50 y 60 era la encargada de transportar el correo a Bergantiños, una pequeña comarca en el noroeste gallego. «El ruido era inconfundible, sabíamos cuándo llegaba el correo a nuestro pueblo por el estruendo de su motor», así recordaba Ramón, su actual propietario, cuando en el año 2010 se lo escuchó decir a un aficionado de motos en una de las concentraciones de motos clásicas a las que suele asistir. En aquel momento decidió averiguar el paradero de esta singular motocicleta. Hecho que ocurrió meses después en Buño, una pequeña localidad cerca de Malpica (A Coruña). Bajo cientos de kilos de leña dormitaba, casi fosilizada, una estructura de hierros y piezas oxidadas. Comenzaba así el rescate de una de las primeras motos matriculadas en Galicia.
FABRICADA EN BÉLGICA
Todo comenzó en 1929 cuando un médico gallego afincado en Santiago lograba traerla desde África. Era bastante habitual que muchas de estas motos se entregasen a la colonia belga de África para fines militares gracias a su contrastada fiabilidad en terrenos tan duros, para más tarde venderse. Tras su estancia en Compostela, fue adquirida por el cura de Buño a principios de los años 30. El sacerdote se dedicó, durante muchos años, a visitar a sus feligreses en esta montura tan singular. Durante la guerra civil pudo incluso salvarse de las multitudinarias confiscaciones y requisas militares gracias a que la iglesia solía estar exenta.
Tras la guerra, según aclara su actual dueño, un accidente en un puente cercano a Coristanco, una localidad a 22 kilómetros de Malpica, puso fin a la vida de este cura, quedando la moto con importantes daños. Esta FN pasa entonces por varias manos hasta que llega a principios de los años 40 a Indalecio, un joven aficionado a las motos, que más tarde sería el encargado, con su mujer, de la oficina de correos de la zona de Buño. Entre los años 40 y 60 la moto sufrió múltiples arreglos, reparaciones y actualizaciones que fueron cambiando su fisonomía. Recibió suspensiones, horquillas, y partes mecánicas de otras monturas donantes que sustituían a las piezas originales, dado la imposibilidad de comprarlas a la fábrica belga.
Según recuerda el hijo de Indalecio, «mi padre pasaba muchas horas encima de la moto, viajaba desde Buño a Malpica y también A Coruña». En aquella época las carreteras, en su mayoría, eran de tierra y se encontraban en un estado deplorable, lo que suponía una exigente prueba de fiabilidad para cualquier motocicleta, y el dueño estaba obligado a saber de mecánica.
LA BIELA BELGA
A principios de 1961 la moto sufrió un grave problema, la rotura de una biela la dejó inválida. Una pieza imposible de conseguir en España, pero no así para Indalecio, según narra su hijo: «Mi padre tuvo la ocurrencia de enviar una carta a la Casa Real belga, donde explicaba su problema técnico y una solicitud formal de la pieza en cuestión». Recordemos que Fabiola de Bélgica, de origen español, acababa de casarse con el rey Balduino unos meses antes. Meses después, añade, «la Guardia Civil de Carballo se presentó en nuestra casa con un pequeño paquete para mi padre. El recambio había llegado desde Bélgica». Lo que empezó siendo una broma casera del «si cola, cola» con el país centroeuropeo resultó ser un método de lo más efectivo.
Durante los años siguientes esta incombustible motocicleta ejercía de vehículo multitarea. Incluso prestaba servicio en la famosa cerámica de Buño como vehículo de carga y de personas, como, según le han contado a su actual dueño, «una tabla entre el asiento del conductor y la pequeña vaca trasera hacía de banco improvisado para tres viajeros». Finalmente, a principios de los 70 se le busca el retiro en un pequeño almacén de la familia donde permanecerá hasta el 2010, en el que sale de su escondite forzoso.
RESTAURACIÓN METICULOSA
Dos años necesitó Ramón, su actual propietario, para devolverle la vida. Varios meses solo para documentarse sobre qué partes habían sido sustituidas a lo largo de su existencia. Un proceso que siguió con el desmontaje, catalogación y restauración de cada una de las piezas que componían este rompecabezas de hierro. Y por supuesto, muchas horas invertidas en la búsqueda exhaustiva de piezas originales en webs del sector, y visitas a varios mercadillos europeos de recambios de clásicas. «Todavía me falta el escape original» aclara con rabia Ramón, una pieza muy difícil de conseguir y que sigue buscando. Provisionalmente lleva uno de acero. Solamente el faro delantero, que en sus inicios la motocicleta no llevaba, es la única licencia que por seguridad ha instalado, «desmontable, eso sí, por si se deja como salió de fábrica en 1928».