
Los gurús de la comunicación de la DGT han ideado una campaña para este verano. La han presentado el ministro Grande-Marlaska y Pere Navarro, responsable de Tráfico. El mensaje es claro: «No estropees este verano que tanto merecemos». Desde la DGT dicen estar muy preocupados por el aumento de la siniestralidad en las carreteras este año, especialmente en los últimos meses. Se nota que hemos salido de la pandemia con ganas de movernos. El propio ministro decía que «en este mes de junio han fallecido ya 110 personas, 64 más que en el mismo mes de 2020, 40 más que en junio de 2019. Son señales de alarma muy preocupantes, que debemos atajar cuanto antes».
Y para hacer que este verano sea más seguro la Dirección General de Tráfico ha dispuesto todos los medios a su alcance, 780 radares fijos (16 más que el año pasado), 545 radares móviles. 12 helicópteros, 15 furgonetas camufladas y 216 cámaras de control de móvil y cinturón de seguridad. A todo esto hay que añadir la gran novedad este año, 28 drones con capacidad de denuncia. Por supuesto, la operatividad de todos estos medios está basada en su capacidad de denunciar conductas infractoras y expedir multas.
Nada nuevo bajo el sol. Pero lo que más me molesta de esta preocupación de la DGT por nuestra seguridad este verano es el lema de su campaña: «No estropees este verano que tanto merecemos». Me molesta porque pone la responsabilidad única y exclusivamente en el conductor. Algo que, a mi manera de ver, no es del todo justo. Y no es que no tenga yo claro que al volante el sujeto activo es el conductor. Pero la DGT hace acopio, reiteradamente, de un gran cinismo a la hora de imponer solo a los conductores la responsabilidad de los accidentes.
Siempre es culpa del conductor, cuando hay miles de baches en toda la red de viales estatales, autonómicos, provinciales o locales. También es culpa del conductor cuando en esas vías no existen arcenes seguros, invadidos muchas veces de maleza. Del mismo modo es culpa del conductor que las señales o brillen por su ausencia, o se acumulen una tras otra en el mínimo espacio y a veces de forma contradictoria. Es culpa de los motoristas, por ejemplo, que cuando se caigan al suelo impacten contra guardarraíles como guillotinas. También es culpa de los conductores que van por las carreteras nacionales en vez de utilizar las autopistas más caras de España cuando viajan por Galicia. Y ya, cargando la mano, se acusa a los españoles de usar demasiado el coche para sus desplazamientos estivales cuando tenemos tres aeropuertos desde los que podemos volar de A Coruña, Vigo o Santiago a Madrid, al doble de precio que se hace un Madrid-Londres o un Roma-Madrid.
En fin, que los únicos culpables son los que van al volante y Marlaska y Navarro se marcan un Pilatos y se lavan las manos, como han hecho históricamente todos los responsables de Tráfico en las últimas décadas. Hubiera resultado muy empático mencionar, junto al despliegue de elementos sancionadores, las obras de rehabilitación, mejora o sustitución que no han efectuado en las carreteras desde hace años. Pero no. Por eso se me ocurre decirles que también son ellos los responsables de que se nos estropee este verano que tanto nos merecemos.