Un toro con pestañas

MOTOR ON

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Fue el primer superdeportivo de calle, estrenó la costumbre de bautizar los Lamborghini con nombres de astados y disparó las ventas de la marca. El Miura acaba de cumplir 60 años

18 may 2026 . Actualizado a las 21:28 h.

Un hombre conduce un deportivo rojo por una carretera de los Alpes. Durante más de tres minutos vemos cómo serpentea por la montaña negociando curvas al borde del abismo. Sin cinturón, fumando un pitillo, soltando el volante para ponerse unas gafas de sol, pero concentrado en pilotar. La música no impide escuchar el sonido del motor revolucionado y la vista de cámara desde el salpicadero convierte a los espectadores en partícipes de esta maravillosa experiencia, hasta que el coche se adentra en un túnel y… No vamos a hacer spoiler. Es el inicio de The Italian Job (1969), la famosa película del robo en Turín a bordo de tres Mini, protagonizada por Michael Caine y con Benny Hill, entre otros, en el reparto. Ese bólido que acompaña a los créditos iniciales del filme es un Lamborghini Miura P400, considerado el primer superdeportivo y el modelo que consolidó la marca de Sant’Agata Bolognese como una de las grandes fábricas de sueños sobre ruedas.

El Miura, que acaba de cumplir seis décadas de historia (fue presentado en el salón del automóvil de Ginebra en marzo de 1966), nació precisamente para afianzar el proyecto puesto en marcha por Ferruccio Lamborghini solo tres años antes y que aspiraba a competir con Ferrari. Su primer vehículo, el 350 GT, había tenido suficiente éxito como para asegurar la supervivencia de la compañía, pero ahora se trataba de ir más allá: de asombrar y dejar huella. Y lo consiguió con un concepto inusual para un coche de calle en aquella época: motor en posición central transversal y tracción trasera, algo reservado a prototipos de competición. Junto a un chasis ultraligero (1.292 kilos, que en la segunda versión adelgazaría hasta los 1.040) y doce cilindros en V (3,9 litros) rindiendo 350 caballos de potencia, alcanzaba los 280 kilómetros por hora de velocidad punta.

El encargado de vestir esta poderosa mecánica fue Marcello Gandini, un joven diseñador de 25 años que trabajaba en Bertone. La carrocería del Miura impresiona por su bajísima altura (1,05 metros) y por la belleza de sus líneas, que incluyen unos faros ovalados retráctiles rodeados de pestañas de metal. El interior, con un volante de tres radios, la clásica palanca de cambio con rejilla y unos asientos de cuero que dejaban al conductor a apenas unos centímetros del asfalto, confirmaba su carácter rácing.

El impacto del coche fue inmediato. Famosos como Peter Sellers, Frank Sinatra, Miles Davis, Elton John e incluso el Sha de Persia tuvieron uno o varios Miura, que conocería dos evoluciones: P400S (370 caballos) y P400SV (385 CV), este último ya sin pestañas. La previsión original era que se vendieran 50 coches en tres años, pero al final la cifra se disparó a 763 unidades en sus siete años de producción. Fue el coche de serie más rápido del mundo en aquel momento, llegando a alcanzar la barrera de los 300 kilómetros por hora, hasta que en 1974 apareció su sucesor, el Lamborghini Countach, también diseñado por Gandini. Pero esa es otra historia.