Hace apenas un par de semanas saltó a la palestra la futura viabilidad de Seat como marca integrada dentro del grupo Volkswagen. Ya se sabía que el grupo alemán pasa por malos momentos y está obligado a hacer una reestructuración, incluso con el cierre de alguna factoría europea. Y en esa reestructuración se empezó a rumorear la posibilidad de la desaparición de la marca Seat en el 2030.
La noticia cayó como un bombazo y obligó a la marca a dar explicaciones. Lo hizo el propio Oliver Blume, CEO del grupo Volkswagen, señalando que «Seat tiene un papel importante que desempeñar en el futuro del grupo Volkswagen. La compañía ha demostrado su capacidad de transformación, con una sólida base industrial en Martorell y el crecimiento imparable de Cupra. Estoy muy orgulloso de lo que el equipo de Seat y Cupra ha conseguido en los últimos años y esto me da mucha confianza de cara al futuro. Estamos comprometidos a seguir construyendo sobre esta base y a crear las condiciones para que Seat S.A. y Cupra continúen creciendo y contribuyendo al éxito del grupo».
También el CEO de Seat y Cupra en España, Marcus Haupt, salió al paso con estas palabras: «Seat S.A. se está preparando para estos distintos escenarios desde una posición de fortaleza: con una base industrial transformada, un papel cada vez más importante dentro del grupo Volkswagen, un mayor potencial de crecimiento para Cupra en Europa y a nivel internacional, y la flexibilidad necesaria para adaptar nuestra estrategia de marca a medida que evoluciona el mercado».
Ni que decir tiene que el futuro de Seat como marca no afecta a la factoría del Martorell, una de las más productivas y eficientes del grupo en Europa, donde se fabrican modelos de Seat, Cupra y ahora también de Volkswagen.
Para los españoles que nacimos prácticamente con Seat y que recordamos todos sus hitos y la influencia de la marca en la sociedad de los últimos setenta años, la noticia nos entristece, porque creo que en el cambiante panorama de la automoción mundial, que va dando bandazos cada seis meses, Seat tiene valores que no tienen otras marcas. Ha cultivado un estilo desenfadado en su gama, un aire mediterráneo, con modelos de éxito con décadas entre los más vendidos, como el Ibiza y el León (qué bonitos los nombres de los Seat frente a la amalgama de las siglas chinas actuales).
Seat tiene una personalidad de la que adolecen otras marcas europeas, y estoy convencido de que junto a Cupra, que ya se está convirtiendo en un fenómeno a nivel mundial, puede pervivir perfectamente más allá del horizonte del 2030. Y sobre todo, no sería justo que Seat tuviese que pagar el pato de los errores cometidos por otros.