Hacia la (no) investidura

BELGA dpa

Semana de infarto, con final feliz, según tengan el corazón a la izquierda (así está en el cuerpo humano) o la derecha. Uno de los dos bloques en los que está partida España brindará. ¿Cómo son esos dos bloques? El de derechas es uniforme, como tiene que ser. Una vez que Rivera se ha alineado claramente con el PP y Vox, no hay en la derecha el lío que está montado por la zurda. Además en la derecha los votos llegan. En Murcia al final hay acuerdo y lo habrá en la comunidad de Madrid, como lo hubo en el Ayuntamiento. No hay pegamento más fuerte que el dinero. Es buenísima la frase de aquel estratega que dejó claro que el votante que se escora hacia la derecha, por donde se tiene preferencia de paso, es muy intercambiable: «En la derecha hay muchos que votan a Vox por la mañana, después de comer al PP y por la noche a Ciudadanos».

El universo que parte del centro hacia el PSOE, Podemos y las confluencias es mucho más diverso. Es más difícil que alguien del PSOE se levante del PSOE y sea por la tarde de Podemos, y al revés. Unos y otros se odian (mucho) desde la cordialidad de su enrollado progresismo. Así estamos a un día de que empiece el pleno de la (no) investidura. Con el corazón en el puño de la rosa y todas sus espinas. Sánchez juega con la ventaja de ser el más votado y con el golpe en la mesa de que, con su firma, nos puede llevar a otras elecciones. Otras elecciones no las quiere nadie. Sobre todo, los votantes mutantes, hartos ya de que los políticos hayan cobrado ya suculentas nóminas durante estos meses sin hacer nada. La izquierda es un cristo, incluso con el calculado paso atrás de Iglesias. Seguirá la tensión como en una película de Hitchcock hasta el último segundo del rodaje. Pablemos renuncia a ser ministro, pero quiere sus ministros. El PSOE le contesta que bien por el paso atrás de su personalismo, y añade que el gobierno lo elige el presidente, «sin vetos ni imposiciones». Tiene gracia. Los primeros que vetaron fueron los socialistas: a Iglesias. Además por este lado siniestro de la Cámara los votos no suman, sin los independentistas, sin Bildu, sin confluencias, sin cántabros y, sobre todo, sin el PNV. Me chiva una compañera en la redacción con inteligencia que si Podemos pide un tercio de ministerios que se espere Sánchez: que el PNV lo que demandará directamente será un tercio de los presupuestos para tener sus votos. Siempre han sido los más listos. A hacer caja.

Viviremos una semana histórica que, por desgracia, se resumirá como otra semana histérica de este país sin pies ni cabeza.

?Si Podemos pide un tercio de ministerios que se espere Sánchez: el PNV demandará directamente un tercio de los presupuestos para tener sus votos

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