Como un pontífice de la pantalla, Andreu Buenafuente tomó tierra después de seis meses en el plató de Late Motiv con media entrada de público y lo primero que hizo fue besar su suelo negro piano previamente desinfectado. Después, el presentador que mejor ha sabido adaptar a España la esencia del late night americano puso en marcha su sexta temporada en Movistar recuperando la tradición del monólogo de cara a la grada sustraída por los meses de retiro forzoso. No dejó de trabajar durante el confinamiento, un tiempo en el que, con prisas y medios limitados, tuvo que reinventar el entretenimiento televisivo desde casa y la forma de hacer humor en tiempos de tragedia. El reto era peliagudo, pero Buenafuente salió bien parado del desafío equilibrando el humor con la conciencia del drama y la complicidad con un auditorio que necesitaba buenas razones para poder esbozar media sonrisa al día.

No solo por ese esfuerzo, pero también gracias él, Buenafuente recibe el Premio Nacional de Televisión del 2020, el año en el que todo cambió. Lo que resulta paradójico del cómico y de su programa es que desde que se apartó de la televisión comercial y ya no está preso de la dictadura de las audiencias todo el contenido y los colaboradores que lo rodean han salido ganando. Ahora que su público de pago es minoritario verlo merece la pena más que nunca.

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