¿Incertidumbre? Obligados a cohesionar la ciudad


La emergencia sanitaria, junto con la crisis económica y social aparejada a ella, y la propia evolución de la pandemia ha abierto un escenario de absoluta incertidumbre, cuya tensión se vive con mayor intensidad en las ciudades. El riesgo es que este período de crisis se prolongue y pueda generar situaciones de anomia o desorganización social en la ciudad.

En momentos adversos como el actual hay dos cuestiones claves para las ciudades. Primero, dotarse de una estrategia urbana, pero no de cualquier estrategia. Esta debe ser asumida y ampliamente compartida por los principales actores de la ciudad (instituciones, empresas, entidades), incorporar sus proyectos, contar con su compromiso de acción y disposición a cooperar entre ellos para desarrollar, en el marco de la estrategia, proyectos de manera complementaria o coproducida.

Segundo, definir en la elaboración de esta estrategia compartida la situación a la que se desea llegar; es decir, el modelo de ciudad deseable (y posible), a partir del cual definir objetivos y criterios de actuación para realizar dichos objetivos. Este modelo debe actuar como faro que oriente el rumbo de la acción resiliente ante las posibles desviaciones derivadas de un período de cambios.

Este tipo de estrategia se convierte en un instrumento clave para el desarrollo de la gobernanza urbana: una nueva manera de gobernar la ciudad que parte de la premisa que el gobierno local solo no puede afrontar los desafíos derivados de un entorno de creciente complejidad y trabaja con los principales actores y sectores de la ciudad para que estos desafíos se puedan asumir de manera conjunta para el desarrollo de proyectos en red que articulen recursos.

Todo parece indicar que las agendas urbanas locales que reemplazarán a las actuales estrategias DUSI de cara al nuevo período de financiación europeo 2021-2027 pueden suponer una buena oportunidad para impulsar, desde los gobiernos de las ciudades gallegas, la elaboración de estrategias compartidas con una clara prioridad: cohesionar sus ciudades, generando relaciones de confianza entre sus actores y fortaleciendo su capacidad de acción compartida para hacer frente a las turbulencias del momento y posibilitar el logro de una situación más favorable en el futuro, contando con el compromiso y colaboración del conjunto de la ciudad.

La estrategia, y el liderazgo político que se ejerza para impulsarla, reforzará estos factores de resiliencia de la ciudadanía y les dotará de una perspectiva de acción transformadora.

Por Juan Arredondo Sociólogo especialista en ciudades

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