El topónimo «Kiev»

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

MIGUEL A. LOPES | Efe

19 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La guerra de Ucrania ha puesto de manifiesto la existencia de diferentes criterios sobre el nombre de la capital de Ucrania que debe emplearse en idiomas de alfabeto latino. En español se escribe Kiev desde la primera mitad del siglo XIX. Es transcripción del ruso, pues la ciudad casi siempre dependió de Rusia desde el siglo XVII hasta la independencia de Ucrania, en 1991. Después de esta llegaron la descomunización y la desrusificación. El proceso de ucranización se intensificó tras la invasión de Crimea y la guerra del Dombás. Unos por propia iniciativa y otros animados por el Gobierno ucraniano, muchos organismos y medios de comunicación en inglés pasaron de Kiev a Kyiv, la transcripción del nombre ucraniano de la ciudad.

Un diario español que escribía Kíev también ha cambiado a Kyiv. Considera que las circunstancias actuales lo empujan a ponerse del lado del pueblo ucraniano. Quizá alguien se pregunte entonces si se pone del lado de Putin por emplear Kiev. En absoluto. En español se usa mayoritariamente Kiev porque es la forma que se viene utilizando desde hace doscientos años y que permite que cualquier hispanohablante que la lea o la escuche sepa de qué ciudad se trata.

La Academia considera que cuando un topónimo tiene arraigo tradicional en español, aunque provenga de un idioma puente —en este caso el ruso— y no de la lengua del territorio donde se sitúa el lugar nombrado, conviene mantenerlo para dar estabilidad al léxico toponímico. Así, por ejemplo, conservamos Bombay pese a que las autoridades locales oficializaron la forma hindi Bambai y la maratí Mumbai. O Rangún, aunque en Birmania se haya optado por la versión local Yangon. Sí se cambia el exónimo español cuando se trata de una denominación nueva y no del mero paso de la anterior a otro idioma. Así, hoy empleamos San Petersburgo y no Leningrado, o Burkina Faso y no Alto Volta, pues esos fueron verdaderos cambios de nombre.

El otro inconveniente de pasar a Kyiv —hay quien propone como alternativas Kíyiv, Kíiv y Kiyiu, que no chocan con la ortografía española— es que muchos hispanohablantes no sabrán cómo pronunciar ese nombre, igual que no articulan bien Lviv (¿ilivíu?), ciudad que menos mal que tiene un nombre en español, Leópolis.

El empleo de topónimos tradicionales en nuestro idioma no cuestiona en absoluto los derechos del pueblo ucraniano. Los españoles están de su lado.