«Déjà vu»

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Paolo Aguilar / Mohammed Badra | EFE

24 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El fenómeno del déjà vu es una sensación de haber visto o vivido algo que está ocurriendo en la actualidad. En estos días de acero que está viviendo el mundo y que apuntan al establecimiento de un nuevo orden mundial, no se puede dejar de sentir un déjà vu.

 En septiembre de 1938, Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia, se reunieron en Múnich para acordar la cesión a Hitler de la región checoslovaca de los Sudetes, excluyendo de las conversaciones a Checoslovaquia. El único que se mostró en desacuerdo fue Churchill, que consideró el Pacto de Múnich como una «derrota total y absoluta», oponiéndose abiertamente a la política de apaciguamiento con Alemania.

El Pacto de Múnich fue un intento de pacificar al agresivo Hitler, permitiéndole anexionarse una parte de Checoslovaquia para evitar la guerra. Sufrimos lo que pasó. La propuesta de Trump de ceder a Rusia el territorio ucraniano sin contar con Ucrania para parar una guerra iniciada por Putin, es un déjà vu del pacto de Múnich. Cambian los personajes, pero el fondo del planteamiento es el mismo, lo único que varía es que hoy no tenemos un Churchill capaz de levantar la voz. Me temo que estamos condenados a repetir la historia.

 En el mundo actual varía el hecho de que Europa ya no pinta nada en esta historia. La Unión Europea es una entelequia que solo ha servido para crear una estructura burocrática mastodóntica y con una operatividad nula en las cuestiones importantes. Deberíamos haber aprendido la lección del 38 y haber previsto lo que ahora es inevitable. Un mundo donde el poder ha basculado hacia lo intereses políticos y económicos de Eurasia y donde EE.UU. quiere meter la cuchara.

Europa supone el 7 % de la población mundial, somos un continente pequeño, envejecido y acomodado que ha perdido toda influencia. Mientras las potencias emergentes y emergidas se dedican a desarrollar nuevas tecnologías y armarse hasta los dientes, Europa se ha dedicado a legislar tapones de plástico, reunirse a todas horas sin llegar a ningún acuerdo relevante para nuestra supervivencia y dar cancha a una filosofía woke que solo ha aportado confusión entre sus habitantes, provocando el auge de todo tipo de ultraderechas que enarbolan su destrucción. Europa es un niño mimado y engreído que, clausurada en sí misma, dejó su seguridad en manos de EE.UU., su energía en manos de Rusia y China y su convivencia a una diversidad multicultural desregulada. No lo vimos venir, mientras tomamos el té y organizamos batucadas para apoyar ensoñaciones de continente intocable, pacífico, rico y civilizado, el resto del mundo se prepara para desahuciarnos y expoliar nuestro bienestar. La paz es el oro de los vencedores y la ruina de los vencidos.