El cuento de la quita, otro insulto más

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

RONALD WITTEK

26 feb 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Con la cantidad de tiempo que lleva Pedro Sánchez regalando cachitos de España a Cataluña, los independentistas siguen recibiendo dádivas como si no hubiera un mañana.

Anteayer se anunció lo que se veía venir hace tiempo, que para el presidente del Gobierno de España los ciudadanos de nuestro país tienen diferentes categorías. Por mucho que se camufle la quita propuesta para los catalanes con una quita generalizada a las autonomías, hay que ser muy ingenuo para no apreciar que lo único que se pretende con esta acción es saciar la voracidad (insaciable, por otra parte) de Junqueras y Puigdemont. Ambos se están poniendo literalmente las botas a costa de un líder tan sumamente débil que no sabe cuándo debería plantarse, bien por respeto al resto del Estado, bien por una mera cuestión de dignidad, cuando no de equidad y de justicia.

Sánchez presume de haber pacificado Cataluña, ¡solo faltaría, al precio que lo está pagando! Un día les da miles de mossos, otro los trenes de cercanías o les promete un cupo a la catalana.

En fin, una cabriola más de alguien que está faltando al respeto a la inmensa mayoría de los españoles, que ven cómo cuestiones de capital importancia para todos ellos se dilucidan en conversaciones bilaterales con quienes reniegan del Estado, al que, como se dice coloquialmente, le están sacando hasta los higadillos.

La mutualización de la deuda no hace más que confirmar que Pedro Sánchez está dispuesto a ceder lo que sea a los soberanistas con tal de seguir un día más en la oficina de Moncloa. Su vida al frente del Estado se ha convertido en un trágala sin fin en el que los catalanes miran por encima del hombro al resto de españoles y en el que, por si fuera poco, no faltan insultos a todo lo que representa España por parte de los izquierdistas de Esquerra o de los derechistas de Junts. Para ellos, nunca está de más una faltada a todo lo que tenga que ver con este país al que Sánchez está poniendo a prueba.

La maniobra del Gobierno para apaciguar a los nacionalistas es profundamente injusta. Beneficia, sobre todo, a quien durante años y años se dedicó a gastar el dinero público en sus temas independentistas, como por ejemplo las célebres embajadas. Por mucho que se intente colar la quita colectiva, lo cierto es que la deuda no va a desaparecer, sino que se hará cargo de ella el Estado, es decir, todos nosotros, beneficiándose claramente el que más dinero debía a las arcas de la Hacienda española.

Uno, tal vez impregnado de cierta ingenuidad, siempre pensó que en política podría alcanzarse cualquier acuerdo por extraño que pudiera parecer, siempre y cuando su intención fuera la de beneficiar a una mayoría. Pero pactar con antagonistas para beneficiar únicamente a los propios adversarios a costa de los demás es algo que Sánchez trata de disfrazar de virtud.

En definitiva, una forma de hacer política intolerable, pero que nos estamos tragando como campeones y, lo que es peor, nos estamos acostumbrando a tragar al ritmo de cada insulto que nos dedican y bajo los tambores del cuento del bien común.